Puntos clave
- Récord histórico: Cobre marcó nuevo máximo en COMEX impulsado por convergencia de acaparamiento especulativo y escasez real de ácido sulfúrico
- Distorsión de mercado: Diferencial COMEX-LME superó $1,000/TMm (vs. históricos $50-100), indicador de estrés estructural no orgánico
- Lógica arancelaria: Amenaza de aranceles estadounidenses aceleró movimiento de metal físico a puertos de costa este y Golfo, inflando inventarios registrados
- Oferta comprometida: Escasez de ácido sulfúrico contrae capacidad de procesamiento de cobre, factor de riesgo infravalorado hace 6 meses
| Mineral | cobre |
| Precio | récord histórico en COMEX |
| Variación | sin dato específico |
| Contexto LATAM | diferencial COMEX-LME supera $1,000/TMm |
El cobre marcó un nuevo récord histórico en COMEX y la causa no es una sola: es la convergencia de dos presiones que rara vez coinciden con esta intensidad. El acaparamiento especulativo impulsado por aranceles ha vaciado los almacenes de futuros en Nueva York mientras la oferta física real se contrae por una escasez de ácido sulfúrico que pocos analistas tenían en su modelo de riesgo hace seis meses. El resultado es un metal que sube por ambos extremos de la cadena al mismo tiempo.
El acaparamiento que llegó primero: la lógica arancelaria detrás del rally
La amenaza —y luego la aplicación parcial— de aranceles estadounidenses sobre importaciones de cobre creó un incentivo inmediato para mover metal físico hacia territorio americano antes de que los sobrecargos entraran en vigor. Traders, fundidoras y hasta productores directos aceleraron embarques hacia puertos de la costa este y del Golfo. Los inventarios en los almacenes registrados de COMEX se inflaron a niveles que no se veían en años, pero esa acumulación no resolvió el problema de fondo: generó una distorsión de precio que separa cada vez más el mercado americano del LME londinense.
El diferencial COMEX-LME, que históricamente ronda los 50 a 100 dólares por tonelada métrica, llegó a superar los 1,000 dólares en momentos del ciclo reciente. Esa brecha es señal de un mercado bajo estrés estructural, no de demanda orgánica. Cuando el precio sube por acaparamiento y no por consumo real, el riesgo de corrección brusca existe, pero también existe el riesgo de que la escasez se vuelva real antes de que el acaparamiento se disuelva. Hoy, ambos procesos ocurren simultáneamente.
El ácido sulfúrico: el cuello de botella que nadie calculó
Aquí está el elemento que transforma este rally de especulativo a estructural. Una fracción significativa de la producción mundial de cobre —particularmente la extracción por lixiviación en pilas, predominante en Chile y en menor medida en Perú y México— depende de ácido sulfúrico como insumo crítico del proceso hidrometalúrgico. Sin ácido, no hay lixiviación. Sin lixiviación, no hay producción de cátodos en las operaciones de óxidos.
El cierre del Estrecho de Ormuz durante cinco meses interrumpió las rutas de suministro de ácido sulfúrico que fluyen desde refinerías de petróleo del Golfo Pérsico hacia puertos del Pacífico sudamericano. Paralelamente, el gobierno chino implementó restricciones de exportación sobre el subproducto, que representa otra fuente global relevante del insumo. China es el mayor productor mundial de ácido sulfúrico como derivado de sus fundidoras de zinc, plomo y cobre, y cuando Beijing restringe la salida, el mercado asiático y latinoamericano lo siente en semanas.
La simultaneidad de ambos cierres —Ormuz y la restricción china— concentró el impacto sobre las mismas regiones productoras en el mismo trimestre. Chile, que produce el 27% del cobre mundial y cuya minería de óxidos en el norte del país depende en buena medida de suministros externos de ácido, fue el primer afectado en términos de volumen. Las cifras de producción de Codelco del primer semestre ya reflejan presión operativa, aunque la empresa estatal ha sido cautelosa en atribuirlo directamente a este factor.
Chile en el epicentro: Codelco y la matemática del ácido
Codelco opera algunas de las minas de lixiviación más grandes del planeta. Radomiro Tomic, Ministro Hales y las operaciones de Chuquicamata tienen componentes significativos de producción por lixiviación que consumen ácido sulfúrico en cantidades industriales. Cuando el insumo escasea o su precio se dispara —y en el mercado spot de ácido del Pacífico los precios se han más que duplicado desde finales de 2024—, el costo operativo por libra de cobre sube y, en algunos casos, las operaciones se reducen o se detienen temporalmente.
Para Antofagasta Minerals, BHP en Escondida y Freeport-McMoRan en sus operaciones peruanas, el cálculo es similar. Las mineras integradas que también operan fundidoras pueden generar ácido internamente como subproducto del proceso pirometalúrgico, lo que las aísla parcialmente del shock externo. Pero las operaciones de óxidos puras, dependientes del mercado spot de ácido, están expuestas de lleno.
USGS reportó que la producción global de cobre de mina en el primer trimestre de 2025 quedó por debajo de las estimaciones de consenso en aproximadamente 180,000 toneladas métricas. Una parte de esa brecha se explica por este factor de insumos, aunque también contribuyeron disrupciones en Indonesia y paros en Perú. La confluencia no es casualidad: es el tipo de choque múltiple de oferta que los modelos de precio no anticipan bien.
El Estrecho de Ormuz: cinco meses que cambiaron la ecuación logística
El cierre del Estrecho durante cinco meses —el más prolongado de su historia reciente— no solo afectó el petróleo. Las rutas de carga general, incluyendo ácido sulfúrico, fertilizantes con azufre y productos químicos industriales, quedaron bloqueadas o desviadas a rutas más largas y costosas. Las primas de flete y seguro se dispararon. Los contratos de suministro de largo plazo firmados por mineras chilenas y peruanas con proveedores del Golfo quedaron suspendidos de facto.
La noticia de que un acuerdo para reabrir el Estrecho podría estar a días de concretarse abre la posibilidad de normalizar gradualmente el suministro. Pero “gradual” es la palabra operativa. Los inventarios de ácido en los puertos del norte de Chile no se reconstituyen de un día para otro. Las plantas de lixiviación que redujeron operaciones necesitan semanas para volver a ritmo pleno. Y los contratos spot que se firmaron a precio de crisis tardan en renegociarse.
El mercado ya priceó parcialmente la reapertura, pero lo que no ha terminado de procesar es cuánto tiempo toma la normalización real de la cadena de insumos versus la narrativa de que “se resolvió el problema”.
Lo que el precio no dice todavía
El récord en COMEX mezcla dos señales que apuntan en la misma dirección pero por razones distintas. La primera es financiera: el acaparamiento arancelario seguirá mientras exista incertidumbre regulatoria en Estados Unidos, y esa incertidumbre no desaparece con un acuerdo en el Estrecho. La segunda es física: la contracción de oferta por escasez de ácido tardará meses en corregirse incluso si todos los canales de suministro se normalizan mañana.
Para los productores latinoamericanos, el precio alto es una buena noticia en la línea de ingresos pero una señal de alerta en la de costos. Venden cobre más caro, pero también compran ácido más caro —cuando lo consiguen. El margen operativo de las operaciones de óxidos no necesariamente mejora con el precio spot si el costo del insumo clave se mueve en la misma dirección.
Perú, tercer productor mundial de cobre con aproximadamente el 10% de la producción global, enfrenta además su propia presión de conflictos sociales en Las Bambas y otras operaciones del sur. La combinación de disrupciones de oferta endógenas y exógenas crea un techo de producción que el mercado tardará en absorber.
El cobre cotiza hoy con una prima de riesgo real, no solo especulativa. Mientras el ácido sulfúrico no fluya con normalidad y el diferencial COMEX-LME no se comprima, el metal más político de la transición energética seguirá enviando la misma señal: la escasez no es un evento, es una condición.

