Puntos clave
- Dato clave: Actividad industrial de México creció 0.8% en junio, impulsada por minería y construcción tras meses de incertidumbre arancelaria
- Impacto México: La minería representa 2.77% del PIB nacional y 8.7% del PIB industrial; precios de oro y plata en máximos históricos potenciaron el valor de producción
- Perspectiva LATAM: México produce aproximadamente 1 de cada 4 unidades de plata a nivel global, posicionándolo como actor crítico en mercados de metales preciosos
- Implicación: El crecimiento refleja dependencia de factores externos (precios internacionales) más que expansión de capacidad instalada o near-shoring efectivo
La actividad industrial de México creció 0.8% en junio, y la minería volvió a aparecer donde siempre: cargando un peso que el titular oficial raramente le reconoce. Junto con la construcción, el sector minero fue el motor que sacó al índice del estancamiento en que venía oscilando desde el primer trimestre. No es un dato menor en un año donde la narrativa oficial ha preferido hablar de manufactura e infraestructura antes que de minas.
- El número y lo que esconde
- Sonora y Zacatecas: los estados que movieron el indicador
- El ángulo que la cifra no captura: tipo de cambio y competitividad exportadora
- ¿Qué tan sólido es el repunte?
- Construcción como síntoma: qué dice de la inversión minera
- Lo que viene: segundo semestre con variables abiertas
El número y lo que esconde
Un avance de 0.8% en producción industrial no mueve mercados por sí solo. Lo que sí mueve la lectura es entender qué lo compone. La minería en México no es un sector periférico del aparato industrial: según CAMIMEX, representa 2.77% del PIB nacional y 8.7% del PIB industrial. Cuando ese componente empuja hacia arriba, el dato agregado refleja algo real.
Junio llegó después de meses de señales contradictorias. La manufactura —que históricamente arrastra el índice— siguió bajo presión por la incertidumbre arancelaria con Estados Unidos. El nearshoring prometido tardó en convertirse en planta instalada. La construcción, impulsada por gasto público en infraestructura, aportó su parte. Pero la minería sumó desde otro ángulo: el precio. El oro superó los 3,300 dólares por onza en el segundo trimestre, y la plata se mantuvo por encima de los 32 dólares. Con esos precios, la ecuación de valor de producción cambia antes de que cambie un solo turno en la mina.
México produce una de cada cuatro onzas de plata del mundo. Con el metal blanco en esos niveles, Zacatecas y Sonora generaron más valor con el mismo volumen. Eso se refleja en el índice industrial.
Sonora y Zacatecas: los estados que movieron el indicador
No toda la geografía minera mexicana contribuyó por igual. Sonora —que concentra cerca del 45% de la producción nacional— tiene en el cobre su variable dominante. El metal rojo cerró junio en torno a 4.50 dólares por libra en el LME, sostenido por demanda de electrificación y tensiones en la cadena de suministro global. Buenavista del Cobre, de Grupo México, opera con costos de caja entre los más bajos del hemisferio. Con ese precio, cada tonelada producida engrosa el índice de valor a un ritmo que pocas operaciones en el mundo pueden igualar.
Zacatecas aportó desde la plata. Peñasquito —la mayor mina de oro de México, operada por Newmont— combinó producción de oro con subproductos de plata, zinc y plomo que en este entorno de precios valen más que hace doce meses. Juanicipio, el proyecto conjunto de Fresnillo y MAG Silver que opera con la ley de plata más alta del mundo, siguió sumando. El Informe Anual 2025 de CAMIMEX registró un valor de producción de US$17,500 millones para 2024, un alza de 15.9% frente a 2023. Junio de 2025 parece continuar esa trayectoria.
La diferencia entre este ciclo y los anteriores es que la inversión ya está desplegada. Los US$5,060 millones de inversión registrados en 2024 no se evaporan en un trimestre. Se convierten en equipos, en metros de desarrollo, en capacidad instalada que produce independientemente de los ciclos políticos.
El ángulo que la cifra no captura: tipo de cambio y competitividad exportadora
Aquí entra la variable que los titulares de producción industrial suelen ignorar. Los exportadores mineros mexicanos cobran en dólares y pagan en pesos. Cuando el tipo de cambio se deprecia —como ocurrió en varios momentos del primer semestre de 2025— el margen operativo en pesos se ensancha sin que cambie una sola tonelada de producción. Eso no aparece en el índice de volumen industrial, pero sí en la rentabilidad de las empresas y, eventualmente, en sus decisiones de inversión.
CAMIMEX reporta que las exportaciones mineras alcanzaron US$17,800 millones en 2024, posicionando al sector como el sexto generador de divisas del país. Estados Unidos absorbe la mayor parte de esa corriente exportadora: importa aproximadamente 28% de su plata desde México, una dependencia que el Plan de Minerales Críticos México-EUA, firmado el 4 de febrero de 2026, busca convertir en integración formal de cadenas de valor. Para los productores mexicanos, eso significa visibilidad de demanda en el mercado más importante del mundo.
El tipo de cambio también afecta el costo relativo de México frente a competidores latinoamericanos. Perú produce 10% del cobre mundial y es el tercer productor de plata. Chile marca el precio global con 27% de la producción de cobre. Cuando el peso mexicano se debilita, los costos laborales y operativos en dólares bajan y México gana terreno en competitividad. Es un beneficio pasivo, pero real.
¿Qué tan sólido es el repunte?
La pregunta legítima es si el 0.8% de junio es tendencia o rebote técnico. Hay argumentos para ambas lecturas.
A favor de la tendencia: los precios del oro y la plata mantienen soportes estructurales. Los bancos centrales de China e India siguen comprando oro a un ritmo que no se veía desde 2022. La electrificación global —vehículos eléctricos, redes, energía solar— sostiene la demanda de cobre y plata industrial. Mexico subió del lugar 74 al 49 en el Fraser Institute Survey of Mining Companies 2024, señal de que la percepción de riesgo regulatorio mejoró. El backlog de permisos en Zacatecas se redujo de 25 a 5 expedientes atrasados. Esos cambios tienen consecuencias operativas.
A favor del rebote técnico: la incertidumbre arancelaria con Estados Unidos no desapareció. Las importaciones netas de metales de EUA en 2025 superaron los US$185,000 millones —más del doble que en 2024—, pero ese stockpiling anticipatorio distorsiona los flujos reales y puede revertirse abruptamente. Si Washington ajusta su política comercial, la demanda inmediata de metales mexicanos podría enfriarse antes de que el sector lo anticipe.
También persisten cuellos de botella estructurales. El agua en Sonora sigue siendo la restricción más subestimada de la minería mexicana. Si Grupo México no consolida su estrategia hídrica en Buenavista del Cobre, el potencial de expansión de la operación más grande del país chocará contra un límite físico que ningún precio del cobre puede resolver.
Construcción como síntoma: qué dice de la inversión minera
Que la construcción haya co-liderado el repunte de junio no es accidental. En minería, la construcción es la fase previa a la producción. Cuando el índice de construcción sube con participación minera, está registrando proyectos que entrarán en operación en 12 a 36 meses.
San Nicolás, el proyecto conjunto de Agnico Eagle y Teck Resources en Zacatecas, implica una inversión de US$1,100 millones. Terronera, de Endeavour Silver en Jalisco, avanza hacia producción. Camino Rojo, de Orla Mining, opera con autorizaciones ambientales que le dan visibilidad de 20 años. Cada uno de estos proyectos genera actividad de construcción ahora y producción después. El índice de junio captura la primera parte de esa ecuación.
El empleo también responde a esta dinámica. Los 400,000 empleos directos del sector —y los 2.5 millones indirectos que CAMIMEX documenta— se sostienen mejor en ciclos de expansión de infraestructura que en ciclos de solo alza de precios. La construcción activa implica contratación, y eso tiene efectos multiplicadores en comunidades donde la minería es el empleador central.
Lo que viene: segundo semestre con variables abiertas
El segundo semestre llega con tres variables que definirán si el impulso de junio se consolida o se diluye. Primera: el comportamiento del oro. Si se mantiene por encima de 3,100 dólares, el valor de producción mexicano seguirá elevado independientemente del volumen. Segunda: la negociación comercial México-EUA. Cualquier acuerdo que formalice la preferencia por minerales críticos mexicanos sobre fuentes asiáticas cambia la ecuación de largo plazo para Sonora y Zacatecas. Tercera: la velocidad de otorgamiento de permisos. El gobierno de Sheinbaum mostró más pragmatismo que su antecesor, pero la burocracia ambiental sigue siendo el cuello de botella más citado por los inversionistas en Toronto y en Phoenix.
La derrama económica del sector alcanzó MX$260,000 millones en 2024, y el aporte fiscal —MX$45,300 millones en impuestos y derechos— le da al gobierno razones para mantener la puerta abierta. El 0.8% de junio no es un titular que sacuda a nadie. Pero para un director de operaciones en Hermosillo o un analista que sigue a Fresnillo en Londres, confirma que la maquinaria sigue girando. Y que México, con toda su complejidad regulatoria y sus pendientes hídricos y de seguridad, sigue siendo uno de los pocos países del mundo donde la producción minera crece, invierte y exporta al mismo tiempo.
La pregunta para el cierre del año es si ese momento coincide con las decisiones de inversión del siguiente ciclo. Si los precios aguantan y los permisos fluyen, 2026 podría ser el año en que México deje de subir discretamente en los rankings y empiece a aparecer en los planes estratégicos de las grandes mineras como prioridad, no como complemento.

