Extraer carbón de las entrañas de la tierra, auténtico oro negro durante más de siglo y medio para varios municipios de la comarca de Guardo, había dejado lamentablemente de ser una actividad cotidiana para varias generaciones de una curtida estirpe de mineros. Las sucesivas reconversiones del sector desde los años 90 culminaron con el cierre temporal en marzo de 2013, aunque casi se antojaba como definitivo, del único pozo plano de interior de la Montaña Palentina.

Todo era oscuro como el mineral que tanto hizo que el dinero corriera por numerosos locales de ocio de la comarca hasta que el sueño de tres guardenses trajo en agosto de 2015 un atisbo de esperanza. En esa fecha, la sociedad mercantil Carbones Alto Carrión adquirió los bienes de la antigua mina San Isidro y María, inmersa en un proceso concursal, y fue el Juzgado de lo Mercantil Número 3 de Gijón (Asturias) quien le adjudicó la explotación tras una oferta de 110.000 euros.

José Luis Fernández, José María Rojo y Fely Martínez -dos de ellos con una amplia experiencia laboral en minería y la tercera propietaria en su día de negocios hosteleros- aportaron como capital los ahorros de buena parte de su vida laboral al nuevo proyecto empresarial. Los tres accionistas muestran con orgullo indisimulado el lavado de cara que ocho operarios efectúan en una explotación que, fruto del abandono de más dos años, sufrió el expolio de los amigos de lo ajeno.

Hace unos días llegó la primera buena noticia y en menos de un mes será una realidad la extracción de carbón en la capa ya cortada y en otras posteriores, para las que se cuenta con un proyecto de laboreo. La Comisión Territorial de Medio Ambiente y Urbanismo de la Junta ha aprobado de forma definitiva el informe de impacto ambiental del proyecto de rehabilitación e investigación geológico-geotécnica para la puesta en actividad de Mina Fely, situada en Velilla del Río Carrión.

«La Dirección General de Minas de León necesitaba este último informe y ya lo tiene, por lo que es inminente que se tramite la licencia de explotación», explica satisfecho a pie de bocamina José Luis Fernández, socio-trabajador. Ataviado con mono, casco y linterna muestra viva la ilusión de quien se estrena en los tajos aunque no los haya abandonado en 35 años. «Nunca me quise jubilar en esta mina aunque pude hacerlo. Tengo 56 años y mi vida y mis anhelos profesionales están aquí dentro aunque en casa tenga mis más y mis menos. El proyecto es una apuesta de futuro y de él quiero que forme parte y tome el relevo un hijo de 30 años que ha empezado a trabajar conmigo. Aunque es complicado, ojalá tengamos algún incentivo económico de las administraciones por crear empleo en una zona que ha sufrido una fuerte reconversión», sostiene con vehemencia.

Inversión triplicada

Fernández recuerda que la inversión se ha triplicado antes de empezar a sacar carbón de las galerías, sobrepasando en mucho los 300.000 euros y aún se invertirá más. «La ilusión sigue vida y el primero que entra en la bocamina y se pone el buzo soy yo. Cuando esto arranca lo bueno es que los mineros sabemos lo que hay que hacer, aunque alguien coordine las labores. La seguridad en la galería principal de la bocamina, posteada con cuadros de hierro, es máxima y cuando se pudre la madera vieja se sustituye», arguye quien ha visto de todo en el interior de los pozos.

En un plazo de seis meses se irán incorporando trabajadores hasta duplicar la cifra actual de ocho y en menos un año está previsto que se acerquen a la treintena. Buena parte de los operarios ya contratados trabajaron antes en el yacimiento carbonífero y lo conocen a fondo. De momento se ha acondicionado la plataforma exterior, los edificios anexos con vestuarios y taller, junto a la criba y la tolva para cargar el carbón en camiones. «Se ha adquirido un compresor de aire para ventilar la galería y hacer funcionar los martillos que pican carbón, además de poner nueva la instalación eléctrica tras el robo del transformador y el cableado de cobre. Fueron muchas las cosas de valor que los ladrones encontraron a su paso y hemos empezado de cero», se lamenta Fernández.

Aporte femenino

Los dos socios de Fely Martínez han querido que el pozo lleve su nombre como símbolo del retorno de la minería de interior a la comarca. Mientras ella posa radiante delante de la bocamina tras regentar varios negocios de hostelería, insiste en que Guardo necesitaba un revulsivo. «De José María soy amigo desde hace más de 50 años y él y José Luis son dos de las personas que más saben de minas. He puesto en el proyecto todas mis esperanzas en una zona un tanto olvidaba, donde existe una gran necesidad de empleo y creación de empresas, por el cierre progresivo de muchas otras y la fuerte despoblación que ello conlleva. Hay todo tipo de opiniones pero tengo ilusión ya que me gustan los riesgos y este uno de ellos. Llegan muchos currículums a la empresa y el paro sigue siendo aquí un problema grave», explica.

La hostelera y ahora accionista minera entiende que crear puestos de trabajo es «como que toque la lotería» y, por ello -junto al inicio de la actividad en el único pozo interior por el que apuesta como empresaria- se congratula de que la riqueza económica ya anticipara el inicio de un buen año para la comarca de Guardo con una lluvia de millones de euros, más de 12, que repartió el propietario del mesón El Portalón, Luis Ruiz, en el Sorteo del Niño. «Estoy muy contenta por ellos al ser gente muy trabajadora. Eran abonados con varios clientes al número agraciado desde hace 30 años y es una alegría para gente que de verdad necesitaba la suerte. Que esté muy repartida entre 450 personas que compraron un décimo es una magnífica noticia», enfatiza Fely Martínez.

La veteranía es un grado

El socio con mayor experiencia de la explotación minera, José María Rojo, es el prototipo de trabajador curtido en mil batallas y más de 60 de sus 74 años han estado vinculados al sector del carbón en distintos puestos. Natural de Cillamayor, en la cuenca de Barruelo de Santullán, dio sus primeros pasos en este municipio del norte palentino y en el de Vallejo de Orbó, para terminar su periplo hace escasos meses en Guardo. «He estado como encargado general de varias minas y puse en marcha el pozo de El Abuelo de Uminsa en Velilla, que funcionó hasta septiembre de 2012. Mina Fely es mi primera experiencia como empresario en una explotación de montaña donde, tal y como está concebida, habría reservas de carbón para infinidad de años», dice.

Rojo confía plenamente en la viabilidad del proyecto y en poder reiniciar la actividad extractiva una vez iniciados los contactos con la Central Térmica de Velilla, propiedad de Iberdrola, con la que, afirma, existe un preacuerdo para quemar antracita, un mineral de calidad, duro, compacto, de alto poder calorífico y con poco azufre extraído en Mina Fely, tal y como precisa la planta de ciclo combinado donde se transformará en electricidad. «El futuro del sector no es bueno por la competencia del carbón importado y la actual incertidumbre», reconoce, pero cree que al tratarse de una pequeña explotación «se puede mantener bien con entre 25-35 mineros»

Carbones Alto Carrión será desde su puesta en marcha la única empresa en extraer mineral de manera tradicional. El resto de pozos cerrados tanto en Palencia como en León precisarían de una fuerte inversión para reabrirlos. «No creo que haya nadie en el sector dispuesto a aportar el dinero que sería preciso», expone el veterano trabajador. Otro factor que juega en contra es la falta de profesionales cualificados. «En la zona hay muy pocos, la mayoría están prejubilados y hay que ir formando gente joven», precisa. Solo Unión Minera del Norte (Uminsa), del empresario leonés Victorino Alonso, mantiene aún dos explotaciones a cielo abierto en Muñeca, en el término de Guardo, y en Valurcia-Villanueva, en el de Castrejón, tras cerrar su único pozo de interior.

Ilusiones renovadas

Paco García es uno de los escasos trabajadores veteranos de la minería palentina que quedan aún en activo y vuelve a la explotación en la que ya estuvo hace casi tres años con ilusiones renovadas. «Somos los últimos de una amplia generación y la mina se echa de menos después de haber visto esta cuenca con una gran actividad. Entristece que se hayan cerrado muchas explotaciones y que apenas quede alguna en León y Asturias», comenta.

«Los años buenos e incluso los altos salarios ya pasaron pero para mí, que estaba sin trabajo y perspectivas de poder encontrarlo, ha sido maravilloso el retorno», arguye el minero, al tiempo que comenta que ya no quedan grandes yacimientos. «Se pica el carbón de forma manual y poco a poco hay que ir hacia adelante con minas pequeñas. Al menos hoy hay más medios y seguridad en los pozos y no se entra a picar carbón con la boina como lo hacía mi abuelo», sonríe Paco. No obstante, concluye con un mensaje claro de optimismo: «Los tres socios de Mina Fely tienen mucha ilusión y nosotros les apoyamos, pero para ello confiamos en que las políticas del carbón ayuden y no dejen caer más al sector, lo que puede animar a que se abra alguna explotación más».

El Norte Casilla

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