Puntos clave
- Pérdida laboral: 10,000 empleos directos perdidos en 2025 (2.5% del total minero formal)
- Producción récord: minería mexicana alcanzó US$17,500 millones en 2024 (+15.9%), con oro 30.6%, cobre 27.2% y plata 17.6%
- Paradoja estructural: aumento de producción y exportaciones sin expansión de empleo, solo optimización operativa
- Causas raíz: incertidumbre regulatoria, tensión arancelaria y ralentización en permisos desincentivan expansión
| Mineral | oro, cobre, plata |
| Variación exportación | +15.9% en valor de producción |
| Destino principal | exportación internacional |
Diez mil empleos directos. Eso perdió la minería mexicana en 2025, según cifras de CAMIMEX. Para un sector que emplea a más de 400,000 trabajadores formales y sostiene de manera indirecta a 2.5 millones de familias, la caída no es catastrófica en términos relativos — representa poco más del 2.5% de la fuerza laboral directa. Pero el dato importa por lo que señala, no solo por lo que mide: 2025 fue el año en que la industria pagó la factura acumulada de incertidumbre regulatoria, tensión arancelaria y ralentización en la emisión de permisos.
Un sector que creció en valor pero contrajo en empleo
La paradoja del ciclo 2024-2025 es que la minería mexicana registró su mejor valor de producción en años — US$17,500 millones en 2024, un incremento de 15.9% frente al año anterior — mientras la planta laboral se contraía. El oro representó 30.6% de ese valor, el cobre 27.2% y la plata 17.6%. Los precios internacionales hicieron el trabajo que los permisos no hicieron. Las empresas produjeron más, exportaron más y pagaron más impuestos, pero contrataron menos.
Esto no es una anomalía del ciclo. Es una tendencia estructural que la industria lleva años advirtiendo: cuando el entorno regulatorio se vuelve impredecible, las empresas optimizan sus operaciones existentes en lugar de expandirlas. La expansión genera empleo. La optimización, a veces, lo elimina.
Los estados que más resienten este ajuste son los que tienen mayor concentración minera. Sonora, que aporta cerca del 45% de la producción nacional y alberga operaciones de Grupo México como Buenavista del Cobre y La Caridad, así como Las Chispas de Coeur Mining, enfrenta una economía regional altamente expuesta a cualquier contracción del sector. Zacatecas, donde se concentra más del 33% de la plata nacional — con Peñasquito de Newmont, Saucito y Juanicipio de Fresnillo/MAG Silver —, comparte esa vulnerabilidad. En estas geografías, el empleo minero no se reemplaza fácilmente con otra industria.
El costo invisible del rezago en permisos
Parte de la pérdida de empleos tiene una causa directa: proyectos que no arrancaron porque los permisos no llegaron. El gobierno de Claudia Sheinbaum ha dado señales más pragmáticas hacia el sector que su antecesor — el Plan de Minerales Críticos con Estados Unidos firmado el 4 de febrero de 2026 es el ejemplo más visible —, pero la inercia burocrática del sexenio anterior dejó una pila de solicitudes sin resolver que frenó decisiones de inversión durante 2024 y 2025.
En Zacatecas, el rezago de permisos bajó de 25 expedientes atorados a 5 en los últimos meses — un avance real que CAMIMEX reconoció. Pero para quien tomó la decisión de inversión en 2023 o 2024, ese desatoramiento llegó tarde. Los ciclos de construcción y arranque de una mina no esperan el calendario político.
Peñoles y Fresnillo PLC, las empresas más dependientes del entorno regulatorio zacatecano por la concentración de sus activos, han mantenido sus operaciones principales, pero las fases de expansión que generan empleo temporal masivo — construcción, desarrollo de nuevas áreas, instalación de infraestructura — se postergaron. Lo mismo ocurrió con la JV San Nicolás de Agnico Eagle y Teck en Zacatecas, un proyecto de US$1,100 millones cuya ruta de permisos todavía no está cerrada.
El efecto arancelario: menos claro, más real
El otro factor que distorsionó el empleo minero en 2025 fue la política arancelaria de la administración Trump. Las importaciones netas de metales por parte de Estados Unidos superaron los US$185,000 millones en 2025 — más del doble que en 2024 —, pero ese número no refleja una mayor demanda real. Refleja anticipación. Stockpiling. Empresas estadounidenses comprando cobre, plata y zinc antes de que los aranceles encarecieran sus insumos.
Para México, eso tuvo un efecto de doble filo. En el corto plazo, las exportaciones mineras hacia Estados Unidos se aceleraron, y el tipo de cambio favorable amplificó los márgenes en pesos. Pero la distorsión en el patrón de compra de los clientes estadounidenses creó incertidumbre sobre la demanda futura. Cuando el comprador más grande del mundo compra por adelantado, la demanda del año siguiente cae. Las empresas que gestionan riesgo saben que ese ciclo de ajuste pega en la planta laboral.
Estados Unidos importa aproximadamente el 28% de su plata desde México — una dependencia estratégica que el Plan de Minerales Críticos buscó institucionalizar. Pero la lógica arancelaria de la administración Trump no discrimina entre minerales estratégicos y commodities genéricos con la misma consistencia que una política de largo plazo requeriría. La incertidumbre resultante frenó decisiones de expansión en las operaciones con mayor exposición al mercado estadounidense.
Lo que el empleo dice sobre la inversión que no vino
La inversión minera en México alcanzó US$5,060 millones en 2024 — una cifra robusta que se concentró en mantenimiento y operación, no en crecimiento neto de capacidad. El problema con una industria de capital intensivo como la minería es que la inversión en exploración y desarrollo tiene un rezago de tres a siete años antes de convertirse en empleo productivo. Si esa inversión no entró en 2022 o 2023, los empleos de 2025 y 2026 no existen.
El Fraser Institute situó a México en el lugar 49 global en su ranking de atractivo para inversión minera en 2024 — un avance significativo desde el lugar 74, y el lugar 6 en América Latina. La dirección es correcta. Pero el ranking mide percepción futura, no empleo presente. La percepción mejoró; los empleos cayeron. Esa brecha es el trabajo que le queda pendiente al sector público y privado.
CAMIMEX, bajo la presidencia de Pedro Rivero, ha sido consistente en el diagnóstico: el sector puede generar decenas de miles de empleos adicionales si los flujos de inversión en exploración se normalizan y los tiempos de permisos se acortan a estándares comparables con Canadá o Chile. El potencial geológico no está en disputa — México tiene reservas de litio de 243 millones de toneladas, las más grandes del mundo, además de posiciones de liderazgo en plata, fluorita y otros minerales críticos. La restricción es administrativa y política, no geológica.
Guerrero: el caso que concentra el problema
El estado de Guerrero ilustra con precisión la complejidad del empleo minero en México. Torex Gold opera El Limón Guajes con uno de los costos de operación más bajos a nivel global — una operación eficiente que exporta valor, paga impuestos y emplea personal local. Pero Guerrero tiene uno de los índices de violencia más altos del país, y la inseguridad afecta directamente la capacidad de atraer inversión adicional, retener personal técnico especializado y expandir la exploración en áreas aledañas con potencial real.
Para el estado, la minería no es solo un sector económico — es prácticamente el único ancla de inversión privada formal de escala. Perder empleos mineros en Guerrero no se compensa con alternativas del sector formal. Se compensa, en muchos casos, con economías informales o ilícitas. Esa es la dimensión social que los números de CAMIMEX no desglosan pero que cualquier análisis honesto del empleo minero en México tiene que reconocer.
El margen de recuperación existe, pero tiene condiciones
La pérdida de 10,000 empleos en 2025 no condena al sector. El ciclo de precios sigue siendo favorable — el oro, la plata y el cobre mantienen niveles que hacen rentable operar y expandir en México. El gobierno Sheinbaum ha mostrado voluntad de reducir fricciones. El Plan de Minerales Críticos con Estados Unidos abre una ventana de integración en cadenas de suministro que podría atraer inversión nueva con horizonte de largo plazo.
Pero la recuperación del empleo requiere que dos cosas ocurran simultáneamente: que los permisos pendientes se resuelvan a tiempo real — no en el ritmo burocrático histórico — y que la inversión en exploración regrese a niveles de ciclo expansivo. Sin exploración de hoy, no hay mina de mañana. Sin mina de mañana, no hay empleo de pasado mañana.
Los 10,000 empleos perdidos son recuperables. La pregunta es si la institucionalidad mexicana puede moverse al ritmo que el ciclo de precios todavía permite — o si cuando los permisos lleguen, los precios ya habrán cambiado de dirección.

