Puntos clave
- Valor total: US$17,500 millones en 2024, crecimiento de 21.2% respecto a 2023
- Composición: Oro explica 30.6%, cobre 27.2%, plata 17.6% del valor total
- Contexto global: Oro impulsado por compras de bancos centrales; cobre mantiene precios elevados por demanda de infraestructura
- Impacto México: Mayor ciclo productivo en años, desmintiendo narrativas de incertidumbre sobre inversión minera
| Mineral | oro, cobre, plata |
| Variación exportación | +US$3,000 millones (2024 vs 2023) |
| Destino principal | Exportación internacional (compras de bancos centrales para… |
La minería mexicana cerró su mejor ciclo productivo en años con un crecimiento de 21.2% en el valor de su producción, según datos del informe anual de CAMIMEX. La cifra no es solo un récord estadístico — es la señal más clara de que el sector encontró en la convergencia de precios altos y volumen exportador una combinación que el país no había visto desde antes de la pandemia. El dato obliga a reformular varias narrativas sobre la “incertidumbre” que supuestamente frenaba la inversión minera en México.
- Un número que cambia la escala del debate
- Sonora y Zacatecas: los dos motores que no fallan
- Inversión de US$5,060 millones: qué dice y qué esconde
- El tipo de cambio: la variable que no aparece en los titulares
- Las exportaciones como indicador estructural
- Los 400,000 empleos directos y lo que el PIB no captura
Un número que cambia la escala del debate
El valor de producción minera alcanzó US$17,500 millones en 2024, frente a US$14,500 millones del año anterior. Ese diferencial — más de US$3,000 millones adicionales en un solo ejercicio — equivale a lo que algunas economías latinoamericanas generan en exportaciones totales durante meses. Para CAMIMEX, el crecimiento de 21.2% confirma una tendencia que se venía formando desde mediados de 2023, cuando los precios del oro y la plata comenzaron su escalada sostenida.
El oro explicó el 30.6% del valor total, seguido por el cobre con 27.2% y la plata con 17.6%. Tres metales que tuvieron rallies sostenidos durante 2024 y que México produce a escala industrial. No es coincidencia — es estructura productiva funcionando a favor. El oro rompió niveles históricos impulsado por compras de bancos centrales; la plata siguió como rezagada pero consistente; el cobre mantuvo precios elevados por la demanda de infraestructura eléctrica global.
Lo relevante no es solo que los precios subieron. Es que México tenía la capacidad instalada para aprovecharlos. Sonora, Zacatecas y Chihuahua — que concentran más del 90% de la producción nacional — operaron a ritmos que el sector no recordaba desde antes de los conflictos de 2020-2021.
Sonora y Zacatecas: los dos motores que no fallan
Sonora absorbió aproximadamente el 45% de la producción nacional. Buenavista del Cobre, de Grupo México, operó sin las interrupciones que habían marcado el ciclo anterior, y la mina Las Chispas — adquirida por Coeur Mining en una operación de US$1,700 millones en 2024 — confirmó que los proyectos de alta ley siguen atrayendo capital institucional internacional.
Zacatecas consolidó su posición como el estado más relevante para la plata, con alrededor del 33% de la producción nacional del metal. Peñasquito, de Newmont, y Juanicipio — la joint venture entre Fresnillo y MAG Silver — operaron con números que justifican la inversión de años anteriores. Juanicipio, en particular, registra una de las leyes de plata más altas del mundo, lo que lo convierte en un activo que cualquier productor global desearía en su portafolio.
La apertura de los primeros permisos mineros bajo el gobierno de Sheinbaum — con el backlog reducido de 25 a 5 expedientes en Zacatecas — también contribuyó a un ambiente operativo más predecible. No es que el gobierno haya dado carta blanca al sector; es que el pragmatismo reemplazó al bloqueo administrativo que había caracterizado los últimos años de la administración anterior.
Inversión de US$5,060 millones: qué dice y qué esconde
CAMIMEX reportó una inversión de US$5,060 millones para 2024. La cifra es sólida — pero hay que leerla con cuidado. Una parte significativa de esa inversión corresponde a capital comprometido en años anteriores que finalmente se ejecutó. Los ciclos de inversión minera tienen esa característica: la decisión y el desembolso no ocurren en el mismo ejercicio fiscal.
La inversión extranjera directa en el sector siguió liderada por Canadá, el mayor inversor histórico en minería mexicana, y por operadores estadounidenses que mantienen exposición a activos mexicanos bajo el paraguas del USMCA. El Plan de Minerales Críticos México-EUA, firmado el 4 de febrero de 2026, formalizó una tendencia que ya operaba en la práctica: la integración de las cadenas de suministro mineras entre ambos países.
Para los inversionistas institucionales en Toronto y Nueva York, el dato de US$5,060 millones de inversión señala que México compite — aunque no gana fácil — contra jurisdicciones que ofrecen marcos regulatorios más expeditos. El Fraser Institute ubicó al país en el lugar 49 global en 2024, subiendo desde el lugar 74 del año anterior. Es un avance. También es una señal de cuánto terreno resta por recuperar frente a Perú, Chile o incluso Ecuador en términos de certeza jurídica percibida.
El tipo de cambio: la variable que no aparece en los titulares
Detrás del récord de producción hay una variable que los comunicados oficiales suelen omitir: el tipo de cambio. Los productores mineros en México cobran en dólares pero pagan una fracción importante de sus costos operativos en pesos — mano de obra, energía, logística interna. Cuando el peso se debilita frente al dólar, los márgenes operativos se expanden automáticamente, incluso sin mover un solo gramo adicional de mineral.
Durante 2024, el tipo de cambio jugó a favor del sector. Las empresas con estructuras de costo en pesos y flujos de ingreso en dólares capturaron un diferencial cambiario que amplificó el efecto de los precios altos. Para los estados productores — cuyas economías locales dependen del empleo minero — eso se tradujo en mayor derrama salarial y mayor recaudación local.
CAMIMEX estima que la minería generó MX$260,000 millones en derrama económica durante 2024, con MX$45,300 millones en impuestos y derechos. Esos números alimentan la discusión sobre la contribución fiscal del sector — y sobre si el régimen de derechos mineros vigente captura de forma justa el valor extraordinario generado en ciclos de precios altos.
Las exportaciones como indicador estructural
Los US$17,800 millones en exportaciones mineras ubicaron al sector como el sexto generador de divisas del país. Para una economía que depende estructuralmente de las remesas y de las exportaciones manufactureras del norte, la minería ofrece una fuente de dólares que no requiere ensamblaje, ni cadenas logísticas complejas hacia el exterior. Sale del suelo y entra a los mercados internacionales.
El principal destino sigue siendo Estados Unidos, que importa aproximadamente el 28% de su plata desde México — una dependencia que ningún planificador en Washington puede ignorar. Esa relación de dependencia recíproca es precisamente lo que sustenta el Plan de Minerales Críticos firmado entre ambos países: México tiene el material; Estados Unidos tiene la demanda industrial y la capacidad de procesamiento.
China, Japón y Corea del Sur completan el mapa de destinos. La diversificación exportadora protege al sector de shocks unilaterales — aunque la concentración de ciertos metales hacia el mercado asiático introduce exposición a ciclos de demanda industrial que México no controla.
Los 400,000 empleos directos y lo que el PIB no captura
El sector emplea directamente a más de 400,000 personas y genera 2.5 millones de empleos indirectos. Esa masa laboral — distribuida en comunidades rurales donde pocas industrias llegan — hace que cualquier discusión sobre la minería sea también una discusión sobre desarrollo regional.
La contribución al PIB nacional fue de 2.77%, con un peso aún mayor en el PIB industrial — 8.7%. CAMIMEX y el CIDE documentaron que la minería provee insumos a 123 sectores de la economía mexicana. Esa transversalidad hace que los ciclos mineros positivos tengan efectos multiplicadores que los modelos de impacto sectorial tradicionales suelen subestimar.
Con 97 minas a cielo abierto y 152 subterráneas en operación, México no es un productor marginal que reacciona pasivamente a los precios internacionales. Es un jugador con capacidad instalada real, con empresas de clase mundial operando en su territorio, y con una posición geológica que ninguna política puede borrar de un periodo presidencial al siguiente.
El crecimiento de 21.2% en el valor de producción no es el punto de llegada. Es la base desde la cual el sector negocia — con el gobierno, con los inversionistas, con las comunidades — las condiciones del siguiente ciclo. Si la administración Sheinbaum mantiene el ritmo pragmático que comenzó con los permisos en Zacatecas y el acuerdo de minerales críticos con Washington, esa base puede convertirse en una plataforma de crecimiento sostenido. Si vuelve la parálisis administrativa, los números de 2024 serán el pico de una curva que pudo haber sido mucho más larga.

