El resurgimiento que vive la minería en España, debido a la demanda mundial de materias primas, alcanza de lleno a Mazarrón, el segundo distrito más importante de la Región, tras la sierra de Cartagena-La Unión. Al proyecto de exploración que ya tiene en marcha la corporación canadiense Anconia, se suma ahora la investigación liderada por una consultora española con vistas a reflotar las explotaciones, inactivas desde hace medio siglo. Dos ofertas presentadas por la mercantil Geotrex Gestión Minera para hacerse con 26 concesiones caducadas han sido admitidas en un concurso convocado por la Dirección General de Minas, por lo que ahora se abre una nueva fase para que la empresa obtenga los oportunos permisos. Este trámite, que «va para largo», según el geólogo Raúl Hidalgo, uno de los socios de la citada firma, debe servir para llegar a la conclusión de que la extracción de mineral es un proyecto viable desde el punto de vista técnico, socioeconómico y ambiental.

Las investigaciones para determinar los recursos que todavía quedan en el subsuelo afectan a dos zonas históricas, laboreadas desde la antigüedad: el Coto Fortuna (a siete kilómetros del pueblo, en Leiva) y el cerro de Los Perules (pegado al casco urbano). Ambos permisos abarcan una superficie de 37 cuadrículas mineras, y la inversión prevista para los trabajos suma casi seis millones de euros. El proyecto incluye una serie de sondeos para confirmar la riqueza de las bolsas de mineral, además de la realización de estudios sobre el impacto que tendría la explotación en el entorno, la rentabilidad de la inversión y la conservación del patrimonio minero, al tratarse de dos cotos protegidos por Cultura como sitio histórico, entre otra documentación.

Aunque se trata de un «proyecto muy interesante», el técnico Raúl Hidalgo no quiere levantar falsas expectativas, ya que todavía queda mucho trabajo por delante antes de tomar una decisión sobre la posible reapertura de las minas. El geólogo de Geotrex considera que «hay potencial para un proyecto que se prolongue durante diez años». Hidalgo se refiere a estudios realizados en la década de los 90 que apuntaban a la existencia de 10 millones de toneladas de mineral, principalmente zinc, plomo y plata, solo en Los Perules.

A cielo abierto

En principio, la explotación se realizaría a cielo abierto. «Conocemos que hasta los 100 metros de profundidad quedaría un enjambre de pequeños filones, de un dedo de grosor, que no fueron explotados porque con las técnicas que se empleaban solo se extraían las vetas más grandes. Ahora lo que queremos confirmar es si a más profundidad, por debajo de 400 metros, sigue esa mineralización», declara este experto a ‘La Verdad’. Aunque todavía es pronto para hablar de una posible inversión, Hidalgo apunta que, además de la corta, habría que levantar una planta de tratamiento. En esas instalaciones se separaría el mineral de la roca volcánica en la que está incrustado.

De cumplirse los planes y obtener las autorizaciones, el siguiente paso sería conseguir la financiación necesaria para poner en marcha la explotación. El dinero para este tipo de proyectos empresariales suele recabarse en dos mercados especializados en estas materias primas: las bolsas de Canadá y Australia.

Precisamente una multinacional canadiense, Anconia Resources, con sede en Toronto, es la que se hizo en 2014 con otro permiso de exploración, denominado Jarositas, que abarca una extensión de 504 cuadrículas mineras (una superficie de 150 kilómetros cuadrados), que se encuentran en un 98% dentro del término municipal de Mazarrón. Esa corporación destaca la importancia de este yacimiento para posicionarse en el negocio de los metales básicos. Según la documentación que maneja, en el Coto Fortuna quedarían unas reservas de 7,2 millones de toneladas de zinc. Anconia ha recibido una prórroga de un año, hasta enero de 2016, para seguir con sus estudios sobre el terreno.

La minería ha sido una fuente de riqueza en Mazarrón desde la antigüedad. Los fenicios ya se acercaron a esta zona del sureste para comerciar con los metales, como demuestran los barcos hundidos en la playa de La Isla, cargados de lingotes de plomo. El municipio vivió dos momentos de efervescencia: uno con el alumbre (siglo XVI) y otro a finales del XIX con la plata y el plomo. En la década de los años 90, la empresa irlandesa Navan intentó reflotar el sector, pero se topó con el rechazo vecinal. Ahora la situación económica es distinta, debido a que el principal motor, la agricultura, ha perdido fuerza.

La Verdad

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