Si se toma el nivel de US$ 1.501 (el lunes), es porque volvió en términos constantes a los 850 dólares registrados el 20 de enero de 1981. La plata –US$ 50 en aquel momento- todavía ha alcanzado su propio punto de inflexión.
Por otra parte, persiste la volatilidad. En la jornada del jueves, entre Hongkong y Chicago, los precios oscilaron de US$ 1.515 a 1.528. “Esto no es una burbuja –sostienen analistas londinenses y parisinos-, sino la culminación de un proceso que ha tomado tres años”.
Por el contrario, varios expertos dedicados a metales preciosos y críticos (plata, platino, paladio, cobre, etc.) no descartan vaivenes más pronunciados. No obstante, nadie toma en serio la proyección de un italiano, Antonio Foglia, que imagina un pico de US$ 5.000 en mediano plazo. Semejante ese valor haría polvo el dólar y el euro. Pero puede haber oscilaciones entre US$ 900 y 1.700.
De un modo u otro, este auge del oro y casi todos los anteriores, desde 1973 responden no a factores técnicos, sino psicológicos. Por ejemplo, evaluar costos de extracción depende de los precios de hidrocarburos y otras variables. Son factores ajenos a la mera especulación o a quienes ven en el metal un refugio duro contra la inestabilidad económica. La gente compra para sentirse segura, rasgo que se acentúa en las monedas áureas.
Ahora bien ¿cómo sigue la película? Si la clave es la imparable deuda pública de Estados Unidos y varios países de la Eurozona, el panorama es inquietante. Máxime con parte de la Unión Europea a la sombra de extremismos xenófobos (Hungría acaba de sumarse a Finlandia y Francia). Justamente París ha dado el tono: lanzó las primeras monedas de oro -mil euros- y plata (cien).

