- Dato clave: Inversión global en carbón alcanza 180,000 millones USD en 2025, máximo desde 2012, impulsada por riesgo geopolítico en Ormuz
- Implicación sectorial: Conflicto en Estrecho de Ormuz (20% del suministro petrolero mundial) obliga a importadores asiáticos a recurrir a carbón como solución de corto plazo
- Perspectiva energética: Plantas de carbón existentes y cadenas logísticas establecidas ofrecen respuesta más rápida que alternativas renovables ante amenaza de interrupción
- Implicación regulatoria: Narrativa de transición energética enfrenta presión de realidades geopolíticas que priorizan seguridad de suministro sobre descarbonización
El carbón térmico acaba de romper un techo que llevaba 14 años intacto. La inversión global en el mineral alcanzará los 180,000 millones de dólares en 2025 — el nivel más alto desde 2012 — impulsada por un factor que pocos modelos de transición energética contemplaban con esta velocidad: el conflicto en el Estrecho de Ormuz está reescribiendo los flujos de energía que Asia había dado por seguros.
- El choque de Ormuz: cuando la geografía derrumba la narrativa verde
- Asia compra y construye: el mercado que no se rinde
- Los productores que capitalizan: Indonesia, Australia y la ventaja del Pacífico
- El carbón metalúrgico: un mercado separado que también sube
- La paradoja para los inversores en energías limpias
- Qué significa para América Latina: Colombia al frente
El choque de Ormuz: cuando la geografía derrumba la narrativa verde
Ormuz no es solo un punto en el mapa. Por ese estrecho de 54 kilómetros de ancho transita aproximadamente el 20% del suministro petrolero mundial y una fracción significativa del gas natural licuado que abastece a Japón, Corea del Sur y Taiwán. Cuando la tensión geopolítica en la región escala hasta niveles que ponen en duda la continuidad de esos flujos, los países importadores no esperan: diversifican. Y en energía, diversificar en el corto plazo significa carbón.
La decisión no es ideológica. Es aritmética. Las plantas de carbón ya están construidas. Los puertos de recepción, operativos. La cadena logística, establecida. Frente a una amenaza de interrupción de suministro, el carbón es la respuesta más rápida que tiene un ministro de energía en Tokio, Seúl o Manila cuando necesita garantizar que las luces no se apagan.
El resultado: la inversión en carbón sube 4% respecto a 2024, y el precio del mineral cotiza en máximos de una y media décadas en los mercados de referencia asiáticos. No es un rebote especulativo de corto plazo. Es la señal de un mercado que está recalculando el peso del carbón en la matriz energética regional por un período que podría extenderse varios años.
Asia compra y construye: el mercado que no se rinde
La narrativa occidental sobre el carbón habla de declive. Los datos asiáticos hablan de otra cosa. India superó a China como el mayor importador de carbón térmico del mundo en 2023 y mantiene ese ritmo de absorción en 2025, con una demanda eléctrica que crece al 6-7% anual y una capacidad renovable que, aunque se expande, no alcanza a cubrir ese diferencial. Indonesia, el mayor exportador global de carbón térmico, opera a plena capacidad. Australia y Sudáfrica han recuperado volúmenes de exportación que parecían destinados a reducirse de manera permanente.
Vietnam, Bangladesh y Filipinas, países que en los últimos años firmaron compromisos de descarbonización en foros internacionales, están aprobando nuevas plantas de carbón o extendiendo la vida útil de las existentes. No porque hayan cambiado de posición política. Sino porque la seguridad energética, cuando se convierte en urgencia, pesa más que los compromisos de agenda climática.
El factor Ormuz agrava una tendencia que ya existía. El conflicto no creó la demanda de carbón en Asia — la amplificó y la aceleró. Los 180,000 millones de dólares de inversión proyectados para 2025 incluyen tanto expansión de minas existentes como nuevos proyectos de infraestructura portuaria y ferroviaria en los principales países productores. Es capital que tardará años en amortizarse, lo que implica que el carbón está en la ecuación energética asiática por al menos una década más, independientemente de lo que ocurra con los precios del gas a partir de 2026.
Los productores que capitalizan: Indonesia, Australia y la ventaja del Pacífico
La geografía favorece a dos países sobre todos los demás. Indonesia tiene la ventaja del costo y la cercanía: sus puertos en Kalimantan y Sumatra despachan carbón a los mercados del sudeste asiático en tiempos de tránsito que ningún competidor del Atlántico puede igualar. Con el precio en máximos de 14 años, los márgenes operativos de Adaro Energy, Bukit Asam y Bayan Resources están en territorio récord. El gobierno indonesio, que durante años intentó equilibrar los compromisos climáticos con los ingresos fiscales del carbón, enfrenta hoy menos presión política para acelerar la transición.
Australia opera en una posición distinta pero igualmente favorable. Su carbón metalúrgico — el que se usa para producir acero, no para generar electricidad — tiene un mercado propio que el conflicto geopolítico afecta de manera más indirecta, pero su carbón térmico de alta calidad desde el puerto de Newcastle sigue siendo el benchmark de referencia para el Pacífico. Los productores de Queensland y Nueva Gales del Sur ven en este rally una ventana que, según sus propios análisis de largo plazo, no esperaban con esta amplitud.
Sudáfrica completa el triángulo. Sus exportaciones desde Richards Bay Mineral Terminal abastecen principalmente a India y al sur de Asia, y el volumen de despachos en los primeros meses de 2025 supera en un 12% los registros del mismo período del año anterior.
El carbón metalúrgico: un mercado separado que también sube
Conviene distinguir. El impacto de Ormuz golpea principalmente al carbón térmico — el energético. Pero el carbón metalúrgico, que alimenta los altos hornos de las acerías, también registra presión alcista por razones propias: la demanda de acero en India se mantiene sólida, la infraestructura de transición energética requiere grandes volúmenes de acero para turbinas eólicas, líneas de transmisión y estructuras de montaje solar, y la producción de coque en China enfrenta restricciones ambientales que reducen la oferta doméstica.
El resultado es que ambos segmentos del mercado del carbón apuntan hacia arriba al mismo tiempo, algo que no ocurría desde los superciclos de 2011-2012. Para los inversionistas en productores australianos con cartera mixta — térmico y metalúrgico — el momento es inusualmente favorable.
La paradoja para los inversores en energías limpias
Los mercados financieros procesan esta situación con cierta incomodidad. Los fondos ESG que desinvirtieron de carbón en 2020-2022 observan cómo sus homólogos menos selectivos acumulan retornos extraordinarios en un activo que habían declarado en extinción. Los ETFs de energía diversificada que mantuvieron exposición a productores de carbón asiáticos registran rendimientos que superan ampliamente a los portafolios 100% renovables en lo que va de 2025.
La pregunta que circula en los fondos de Toronto y Londres no es si el carbón debería subir — es si la narrativa de declive acelerado que dominó las tesis de inversión en 2021-2023 fue prematura. Los datos actuales sugieren que sí. No porque el carbón vaya a crecer indefinidamente, sino porque la velocidad del reemplazo dependía de supuestos de estabilidad geopolítica y disponibilidad de gas que el Estrecho de Ormuz acaba de poner en cuestionamiento severo.
Qué significa para América Latina: Colombia al frente
En la región, el impacto más directo llega a Colombia. El país es el cuarto exportador mundial de carbón térmico, con más de 80 millones de toneladas anuales despachadas principalmente desde los puertos del Caribe hacia Europa y el Mediterráneo. El rally de precios llega en un momento político complejo: el gobierno Petro ha impulsado una agenda de transición que incluye la no renovación de contratos en nuevos proyectos carboníferos. Drummond, Cerrejón y Glencore operan en un entorno regulatorio incierto incluso cuando los precios los favorecen.
Perú y Chile exportan carbón en volúmenes marginales. Brasil importa carbón para su industria siderúrgica. Para ninguno de ellos el impacto directo del rally es comparable al colombiano. Pero la señal de precios sí afecta las negociaciones de contratos energéticos en toda la región: el costo del carbón térmico se traslada con rezago a las tarifas eléctricas industriales en países que todavía dependen de generación a base de combustibles sólidos.
El carbón que muchos habían enterrado en sus modelos sigue fijando precios de energía para dos tercios de la humanidad. Ormuz no creó ese hecho — solo lo hizo visible de golpe.

