Puntos clave
- Hito clave: Minsur proyecta inicio de operaciones de Justa Subterránea en 2028, explotando depósitos de sulfuros primarios bajo la actual operación a cielo abierto
- Oportunidad de mercado: Entrada a producción coincidiría con déficit estructural de oferta de cobre global proyectado para finales de la década
- Ventaja operativa: Proyecto no es greenfield sino extensión vertical de infraestructura existente, reduciendo riesgo de ejecución en región con conectividad logística superior (acceso portuario, menor conflictividad comunitaria)
- Perspectiva Perú: Consolida posición de Justa como uno de los yacimientos más relevantes desarrollados en Perú en la última década
| Mineral | cobre |
| Región | Ica, Perú |
Minsur puso fecha al siguiente capítulo de Justa: 2028. El proyecto de minería subterránea en Ica, diseñado para explotar los depósitos de sulfuros que yacen debajo de la operación a cielo abierto que ya produce cobre, representa la apuesta de largo plazo de la compañía peruana sobre uno de los yacimientos más relevantes que el país ha desarrollado en la última década. La fecha no es menor. En un contexto donde el pipeline cuprífero global enfrenta déficits estructurales de oferta para finales de esta década, llegar a producción en 2028 significa estar operativo justo cuando los mercados más lo necesitarán.
- Del tajo a las profundidades: qué es Justa Subterránea y por qué importa
- Minsur: el perfil de una empresa que juega en varios tableros
- El cobre peruano en 2026: entre la producción récord y el déficit de pipeline
- Los riesgos reales que el anuncio no menciona
- Lo que Justa Subterránea dice sobre la estrategia de Minsur
Del tajo a las profundidades: qué es Justa Subterránea y por qué importa
San Gabriel de Minsur ya opera. Justa Abierta ya produce. Ahora la compañía apunta al siguiente nivel vertical: los sulfuros primarios que se encuentran debajo de los óxidos y sulfuros secundarios que alimentan la planta actual. Esta es la lógica de Justa Subterránea — no es un proyecto nuevo desde cero, sino la extensión en profundidad de una infraestructura que ya existe, lo que en teoría reduce riesgo de ejecución y optimiza la curva de aprendizaje operativo.
La ubicación en Ica tiene ventajas logísticas que no se deben subestimar. La región ofrece mejor conectividad que los proyectos ubicados en zonas de altura en los Andes del sur, acceso a infraestructura portuaria a través de la costa y menor exposición a los conflictos comunitarios que han frenado proyectos como Tía María o Las Bambas. Eso no significa riesgo social cero, pero el perfil de Justa es distinto al de las operaciones más conflictivas del corredor sur.
Los depósitos de sulfuros primarios son, en términos geológicos, la parte del yacimiento con mayor densidad de mineralización. Explotar sulfuros requiere una planta distinta — concentradora en lugar del proceso de lixiviación que típicamente se usa con óxidos — y eso implica capex significativo. La decisión de avanzar hacia la subterránea es, en esencia, una apuesta sobre la curva de costos del cobre y sobre la capacidad de Minsur para financiar una segunda fase de desarrollo sin comprometer su posición en estaño, su negocio histórico.
Minsur: el perfil de una empresa que juega en varios tableros
Minsur no es una junior exploradora que necesita validar cada metro de perforación. Es el mayor productor de estaño refinado de América Latina — opera San Rafael en Puno, la mina de estaño de mayor ley del mundo — y tiene participación en Pampa de Pongo, el proyecto de hierro en Arequipa que aún busca financiamiento. Justa fue su entrada al cobre, un movimiento estratégico deliberado para diversificarse del estaño en un momento en que el cobre tiene proyección de demanda estructural gracias a la electrificación global.
Esa diversificación tiene lógica financiera clara. El estaño es volátil y el mercado es pequeño. El cobre, en cambio, tiene un universo de compradores institucionales, flujos de trading en LME y COMEX, y una narrativa de largo plazo que atrae capital con más facilidad. Desarrollar Justa como proyecto cuprífero de escala media-alta le da a Minsur acceso a ese mercado financiero más profundo, y la subterránea extiende la vida del activo más allá de lo que la operación a cielo abierto podría ofrecer.
El timing de 2028 sugiere que la compañía ya tiene, o está avanzando hacia, una decisión de inversión formal. Los proyectos subterráneos con sulfuros primarios requieren típicamente entre tres y cuatro años de construcción e instalación de planta desde la ingeniería de detalle. Si la operación arranca en 2028, la ventana de construcción ya debería estar abierta o a punto de abrirlo. Eso implica ingeniería en etapa avanzada, estudios de factibilidad concluidos y una estructura de financiamiento en definición.
El cobre peruano en 2026: entre la producción récord y el déficit de pipeline
Perú produce aproximadamente 2.7 millones de toneladas de cobre al año, lo que lo posiciona como el segundo productor mundial después de Chile. Quellaveco de Anglo American llegó a plena operación en 2024, añadiendo capacidad incremental al sistema. Cerro Verde de Freeport-McMoRan sigue siendo uno de los pilares del volumen nacional. Pero el pipeline de proyectos nuevos que entrarían a producción entre 2027 y 2032 es escaso — Tía María lleva años atascada en conflictos sociales, Conga nunca se reactivó, y los nuevos descubrimientos están en etapas demasiado tempranas para contar en el balance de oferta de esta década.
Esa escasez hace que cada proyecto en etapa avanzada como Justa Subterránea adquiera un peso específico mayor. No es un número enorme en el contexto del cobre global — ningún proyecto individual lo es, salvo los gigantes como Escondida o Collahuasi — pero suma al inventario de oferta que el mercado necesita. El USGS proyecta que la demanda global de cobre superará los 30 millones de toneladas para 2030, impulsada por vehículos eléctricos, redes eléctricas y equipamiento de centros de datos. La oferta actual no cierra esa brecha sin proyectos nuevos.
La inversión en exploración minera en Perú mostró señales de recuperación en lo que va de 2026. Según datos que Minería en Línea reportó en julio de 2026, el gasto en exploración alcanzó US$64 millones en mayo, con un crecimiento de 30.9% interanual impulsado por compañías como Antamina, Minsur y Poderosa. Que Minsur aparezca en ese grupo no es casual: la empresa está activa en múltiples frentes simultáneamente, lo que refuerza la lectura de que Justa Subterránea no es un proyecto en pausa, sino uno en movimiento.
Los riesgos reales que el anuncio no menciona
Todo proyecto subterráneo con sulfuros primarios tiene tres presiones que un comunicado corporativo tiende a suavizar. Primera: el capex. Construir una mina subterránea y una planta concentradora en paralelo es una operación de capital intensivo que puede escalar dependiendo de la complejidad geotécnica. Sin un número público de inversión proyectada, el mercado no puede validar si la estructura financiera es sólida o si el proyecto depende de condiciones de precio del cobre que hoy existen pero que podrían no existir en 2027 cuando se necesite cerrar el financiamiento.
Segunda presión: el AISC. Los costos de producción subterránea son sistemáticamente más altos que los de tajo abierto. Para que Justa Subterránea sea rentable en el largo plazo, necesita leyes suficientemente altas en los sulfuros primarios y un precio del cobre que soporte un costo de sostenimiento más elevado. Con el cobre en niveles superiores a US$4.50 por libra en 2025-2026, la ecuación funciona. Si los precios corrigen, el margen se comprime y el retorno del proyecto se resiente.
Tercera presión: el riesgo de ejecución. Minsur tiene experiencia operando San Rafael, que es subterránea. Eso es un activo real. Pero escalar esa experiencia a un proyecto de cobre con sulfuros, en una región diferente y con una planta de proceso distinta, no es automático. Los plazos de construcción minera en América Latina rara vez se cumplen sin ajuste. 2028 es el objetivo — la realidad histórica del sector sugiere que tener un plan B para 2029 no es pesimismo, es prudencia.
Lo que Justa Subterránea dice sobre la estrategia de Minsur
La decisión de avanzar hacia la subterránea confirma que Minsur ve en Justa un activo de generación que va más allá del ciclo actual. Una empresa que opera tajo abierto sin plan de extensión es una empresa que liquida el activo en 10 o 15 años. Una empresa que desarrolla la subterránea está construyendo un negocio de 25 a 30 años. Esa diferencia tiene implicaciones directas sobre cómo el mercado financiero valora la compañía y sobre cómo Minsur se posiciona frente a posibles socios estratégicos o escenarios de consolidación.
En el mapa cuprífero de Perú, Justa ha sido subvalorada por los grandes titulares que se llevan Quellaveco, Cerro Verde y Las Bambas. Pero es exactamente el tipo de proyecto que construye el músculo productivo del país a mediano plazo: operador local con trayectoria, activo en una región con menor conflictividad relativa y un yacimiento con vida útil extendida si la subterránea funciona según lo proyectado.
2028 no es mañana. Pero en el ciclo largo de la minería, tampoco está lejos. Si Minsur mantiene el cronograma, Justa Subterránea puede ser la noticia de producción más importante de la empresa peruana en lo que queda de esta década — y un argumento sólido de que el pipeline cuprífero del país tiene más fondo del que el ruido político sugiere.

