Puntos clave
- Caída estructural: Producción minera del sur de Chihuahua se desplomó 36%, señalando deterioro estructural, no cíclico
- Impacto económico: Chihuahua aporta 12% de la producción minera nacional; la contracción implica cientos de millones de dólares fuera del circuito estatal
- Cadenas de exportación: El corredor Hidalgo del Parral-Sierra Tarahumara alimenta directamente exportaciones hacia EE.UU., Japón y Corea del Sur
- Contexto nacional: México alcanzó US$17,500 millones en valor de producción minera 2024 (+15.9% YoY según CAMIMEX), pero la región sur contrarresta esta tendencia
La región sur de Chihuahua registró una caída de hasta 36% en su producción minera, un desplome que no puede leerse como un accidente de ciclo. Es una señal de deterioro estructural en una de las zonas con mayor densidad de operaciones de plata, zinc y plomo del país, y su impacto llega directo a la columna vertebral exportadora de México.
- El sur de Chihuahua: lo que se cae cuando cae una región
- Costos operativos, seguridad y permisos: la trinidad del problema chihuahuense
- El eslabón exportador que se afloja
- El tipo de cambio no alcanza para compensar todo
- Lo que el número dice sobre el modelo de desarrollo minero chihuahuense
- El riesgo de normalizar la contracción
El sur de Chihuahua: lo que se cae cuando cae una región
Chihuahua aporta aproximadamente 12% de la producción minera nacional, concentrada principalmente en plata, zinc y plomo. El corredor que va de Hidalgo del Parral hacia la Sierra Tarahumara alberga operaciones que alimentan directamente las cadenas de exportación hacia Estados Unidos, Japón y Corea del Sur. Una contracción de 36% en esa franja no es ruido estadístico: es una fractura en el flujo productivo de metales base que ya escasean en el mercado global.
Para dimensionar el golpe: si Chihuahua genera alrededor de US$2,100 millones anuales en valor minero y el sur concentra una parte significativa de esa cifra, una caída de más de un tercio implica cientos de millones de dólares que salen del circuito económico estatal. Y eso sin contar el efecto multiplicador en empleo, proveedores locales y recaudación municipal.
El dato llega en un momento particularmente inoportuno. México alcanzó en 2024 un valor de producción minera de US$17,500 millones, con un crecimiento de 15.9% respecto al año anterior, según el Informe Anual de CAMIMEX. Esa tendencia de expansión hace que una caída de esta magnitud en una región productiva relevante sea aún más difícil de explicar ante inversionistas y analistas que leen el país como un destino minero en recuperación.
Costos operativos, seguridad y permisos: la trinidad del problema chihuahuense
La región sur de Chihuahua arrastra tres presiones que se refuerzan entre sí. La primera es la seguridad. A diferencia de Zacatecas, donde el problema ha recibido mayor atención mediática, el sur chihuahuense opera bajo una amenaza constante que encarece las operaciones, eleva los seguros y complica el traslado de insumos y personal. Las empresas que trabajan ahí no lo dicen en conferencias de prensa, pero lo incorporan silenciosamente en sus evaluaciones de riesgo.
La segunda es el costo energético y logístico. Las operaciones en la sierra y el semidesierto chihuahuense enfrentan una infraestructura de transporte que no ha evolucionado al ritmo de la expansión productiva de los últimos años. Cuando los precios del zinc y el plomo bajan —y ambos han tenido trimestres complicados— el margen operativo se comprime hasta hacer inviable mantener ciertos niveles de producción.
La tercera es la burocracia de permisos. Aunque el gobierno de Claudia Sheinbaum ha mostrado señales más pragmáticas que su antecesor —el backlog de permisos en Zacatecas bajó de 25 a 5 en los primeros meses de 2026—, el rezago en Chihuahua sigue siendo real. Operaciones que necesitan ampliar concesiones o renovar permisos ambientales llevan meses en espera, y cada mes de pausa es producción que no ocurre.
El eslabón exportador que se afloja
México exportó minerales y metales por US$17,800 millones en 2024, posicionándose como el sexto generador de divisas del país. El zinc y el plomo, que tienen presencia importante en Chihuahua, alimentan industrias de manufactura en Estados Unidos y Asia. Una caída de producción en la fuente implica que las fundidoras y plantas de transformación que dependen de esos flujos tienen que buscar sustitutos —generalmente más caros o con tiempos de entrega más largos.
Esa sustitución tiene nombre propio en el contexto actual: China, que opera con capacidad excedentaria en zinc refinado, puede capturar esa demanda que México deja vacía. No es un escenario catastrófico en el corto plazo, pero sí una pérdida de posicionamiento comercial que cuesta revertir.
La dependencia que Estados Unidos tiene de los metales mexicanos hace que este tipo de contracciones también lleguen al radar de Washington. EUA importa cerca de 28% de su plata desde México, y los metales base chihuahuenses entran a cadenas de manufactura en Texas y el suroeste. Bajo la lógica del Plan de Minerales Críticos México-EUA firmado en febrero de 2026, cualquier interrupción del flujo productivo mexicano se convierte en una conversación bilateral, no solo en un problema interno.
El tipo de cambio no alcanza para compensar todo
Para los exportadores mineros mexicanos, un peso depreciado frente al dólar es un colchón natural: sus costos están en pesos y sus ingresos en dólares. Ese diferencial ha sido, en muchos ciclos, la diferencia entre operar con márgenes positivos o cerrar. Pero ese colchón tiene límites cuando la caída de producción es estructural y no de precio.
Si una operación produce 36% menos toneladas, el tipo de cambio favorable solo mejora el valor de lo que ya se produce. No recupera el volumen perdido. Y en un sector donde los costos fijos —mantenimiento de equipos, nómina de operaciones críticas, cumplimiento ambiental— no bajan proporcionalmente con la producción, la contracción de volumen golpea directo en el flujo de caja.
Las tasas de Banxico, que han comenzado a bajar en un ciclo de relajamiento monetario, deberían aliviar el costo financiero de las empresas con deuda en pesos. Pero para las operaciones del sur de Chihuahua, el problema no es el costo del dinero: es la capacidad de operar con normalidad en un entorno que los desincentiva.
Lo que el número dice sobre el modelo de desarrollo minero chihuahuense
Chihuahua tiene el perfil de un estado minero maduro. Sus principales yacimientos —Naica, Cozamin, las operaciones de la Sierra— llevan décadas de explotación y enfrentan la curva natural de agotamiento de las leyes más altas. Sin inversión sostenida en exploración y en la transición a yacimientos más profundos o de menor ley, la producción tiende a contraerse.
El problema es que la exploración en el sur de Chihuahua ha sido marginal en los últimos tres años. La combinación de incertidumbre regulatoria del sexenio anterior, problemas de seguridad y precios volátiles del zinc redujo el apetito de las junior miners por apostar en esa región. Sin exploración de hoy, no hay producción de mañana.
La Secretaría de Economía y CAMIMEX tienen aquí una ventana de acción concreta: reactivar el pipeline de exploración en Chihuahua requiere condiciones que van más allá de los precios internacionales. Requiere certeza jurídica en concesiones, presencia del Estado en materia de seguridad y un proceso de permisos que no tome años. Tres variables que hoy no están alineadas en esa región.
El riesgo de normalizar la contracción
Lo más peligroso de una caída de 36% no es la cifra en sí: es la tentación de tratarla como un ciclo pasajero y no como una señal de alarma que exige respuesta de política pública. Si Chihuahua no aparece en la agenda de reactivación minera del gobierno Sheinbaum con la misma urgencia que Zacatecas o Sonora, el deterioro se consolida.
Cada empresa que reduce turnos, congela expansión o transfiere capital a otra jurisdicción es una decisión que tarda años en revertirse. Y en un sector donde México compite directamente con Perú, Argentina y Colombia por atraer capital de riesgo de Toronto y Sydney, el margen para perder posiciones es estrecho.
La producción minera del sur de Chihuahua cayó 36%. Esa cifra merece una respuesta de la misma magnitud, no un comunicado.

