Puntos clave
- Potencial geológico: Perú contiene más del 50% de minerales críticos necesarios para la transición energética global
- Desafío de capital humano: Escasez de mano de obra calificada y baja participación juvenil amenaza la explotación del potencial
- Liderazgo mineral: Segundo productor mundial de cobre con 2.7 millones de toneladas anuales
- Activo inmovilizado: Un yacimiento sin operadores especializados es económicamente inútil a pesar de su riqueza geológica
Perú tiene en su subsuelo más del 50% de los minerales que el mundo necesita para construir paneles solares, baterías y redes eléctricas en las próximas décadas. El problema no está en el yacimiento. Está en quién va a extraerlos.
- La promesa que el mercado ya descontó — pero el país aún no cumple
- Cobre como columna vertebral: lo que ya produce y lo que aún duerme
- La demanda que no espera: presión desde las cadenas de valor globales
- El factor humano: la variable que ningún modelo de recursos incluye
- El valor de la producción: US$33,000 millones y una dependencia que no se diversifica
- Lo que el liderazgo en minerales críticos exige en términos de política industrial
- Una oportunidad con fecha de vencimiento
La promesa que el mercado ya descontó — pero el país aún no cumple
Tamiko Hasegawa, presidenta del Encuentro Internacional de Minería, lo formuló sin rodeos: Perú reúne las condiciones geológicas para proveer al mundo más de la mitad de los minerales críticos que exige la transición energética. Cobre, zinc, plata, indio, teluro — minerales que no solo mueven mercados, sino que determinan qué países construirán las infraestructuras energéticas del siglo XXI. La cifra, más del 50%, no es retórica promocional. Es una valoración técnica que ubica al país andino en una posición estructural que pocos territorios del planeta pueden reclamar.
Lo que Hasegawa también advirtió es que esa posición no es automáticamente una ventaja. La escasez de mano de obra calificada y la baja participación de jóvenes en el sector amenazan con convertir el potencial geológico en un activo inmovilizado. Un yacimiento sin operadores especializados es, desde la perspectiva económica, tan inútil como uno sin mineral.
Cobre como columna vertebral: lo que ya produce y lo que aún duerme
Perú produce actualmente alrededor de 2.7 millones de toneladas de cobre al año, posicionándose como el segundo productor mundial detrás de Chile. Ese volumen representa aproximadamente el 10% de la oferta global, suficiente para mover precios en el LME cada vez que una operación se detiene por conflicto social o sequía hídrica. Quellaveco, de Anglo American, opera a plena capacidad desde 2024 y aportó una cuña relevante a ese total. Cerro Verde, operada por Freeport-McMoRan en Arequipa, mantiene su ritmo como uno de los complejos cupríferos más grandes del mundo.
Pero la cartera de proyectos en espera supera los US$53,000 millones. Tía María, de Southern Copper, lleva años bloqueada por oposición comunitaria. Conga nunca arrancó. Las Bambas, de MMG, reinicia y para con una regularidad que desalienta a cualquier analista de riesgo operativo. Ese portafolio dormido es, precisamente, donde se concentra la mayor parte del potencial que Hasegawa describe — y también donde se acumulan los obstáculos que hacen que ese potencial no se traduzca en producción exportable.
La demanda que no espera: presión desde las cadenas de valor globales
La transición energética no tiene calendario flexible. La Agencia Internacional de Energía estima que para 2040 la demanda de cobre podría duplicarse respecto a los niveles actuales, impulsada por redes de transmisión eléctrica, vehículos eléctricos y sistemas de almacenamiento. El zinc y la plata — donde Perú también es productor de primer nivel, tercero mundial en ambos metales — tienen trayectorias de demanda similares en aplicaciones fotovoltaicas y de electrónica de potencia.
Esa presión de demanda crea una ventana estratégica que se cierra si la oferta no responde a tiempo. Los inversionistas institucionales con mandatos de largo plazo ya están reasignando capital hacia jurisdicciones con reservas confirmadas. Perú aparece en esos modelos — pero con un descuento de riesgo político que erosiona el atractivo que su geología debería garantizar. Ese descuento tiene nombre: seis presidentes en seis años, una institucionalidad regulatoria fragmentada y una historia reciente de proyectos frenados por conflictos que el Estado no supo mediar.
El factor humano: la variable que ningún modelo de recursos incluye
La advertencia sobre capital humano es la que merece más atención editorial — porque es la más fácil de ignorar en una discusión dominada por cotizaciones y volúmenes. Perú no tiene suficientes ingenieros de minas, metalurgistas, especialistas en hidrogeología ni técnicos en operación de equipos de última generación para escalar su producción al nivel que la demanda global requiere. Esa brecha no se resuelve con un decreto ni con una concesión nueva.
La baja participación de jóvenes en el sector agrava la proyección. Las generaciones que deberían estar ingresando a programas técnicos y universitarios vinculados a la minería no lo hacen en los números necesarios. Las razones son múltiples: imagen negativa del sector en comunidades afectadas por conflictos, falta de incentivos salariales competitivos para técnicos de nivel medio y concentración de centros de formación en Lima mientras la actividad extractiva ocurre en Arequipa, Moquegua, Apurímac o Cajamarca. La distancia geográfica entre donde se forma el talento y donde se necesita es, por sí sola, un problema de política pública sin resolver.
El valor de la producción: US$33,000 millones y una dependencia que no se diversifica
El valor de la producción minera peruana alcanzó aproximadamente US$33,000 millones en 2024. La minería representa cerca del 10% del PIB nacional y alrededor del 60% de las exportaciones totales. Esa concentración es, simultáneamente, una fortaleza fiscal y una vulnerabilidad estructural. Cuando el cobre cae en el LME, las cuentas fiscales peruanas sienten el impacto antes que cualquier otro sector. Cuando sube — como ocurrió en los primeros meses de 2025, con cotizaciones que tocaron máximos históricos cercanos a los US$5.00 por libra en COMEX — el canon minero engorda las transferencias a regiones que, paradójicamente, son las mismas donde se originan los conflictos que frenan nuevas inversiones.
Esa paradoja fiscal es uno de los temas que menos debate genera en Lima y más frustra a los equipos de relaciones comunitarias de las operadoras. Las regiones reciben canon, pero no perciben desarrollo. La brecha entre la transferencia fiscal y el bienestar local percibido es el caldo de cultivo de la conflictividad que bloquea proyectos como Tía María.
Lo que el liderazgo en minerales críticos exige en términos de política industrial
Posicionarse como proveedor estratégico de minerales críticos para la transición energética no es solo una cuestión de geología favorable. Requiere, al menos, tres condiciones que Perú todavía no consolida de forma simultánea.
Primera: estabilidad regulatoria de largo plazo. Los proyectos de cobre y zinc tienen horizontes de 20 a 30 años. Un régimen legal que cambia con cada nuevo gobierno — o que interpreta la consulta previa de forma inconsistente — encadena esos proyectos a un riesgo jurídico que ningún modelo de valoración puede absorber limpiamente. Chile y Canadá, con todos sus problemas propios, ofrecen marcos más predecibles. Esa predictibilidad tiene precio en términos de costo de capital.
Segunda: formación técnica territorializada. No sirve de nada tener universidades de ingeniería en Lima si los proyectos están en la sierra sur. La política de capital humano para minerales críticos tiene que llegar a Apurímac, a Moquegua, a Puno. Eso implica coinversión entre Estado, operadoras y gobiernos regionales en centros de formación técnica que hoy simplemente no existen a la escala requerida.
Tercera: gestión de conflictos como política de Estado, no como gestión de crisis. Perú lleva décadas reaccionando a los conflictos mineros en lugar de anticiparlos. Cada bloqueo del corredor minero del sur, cada paralización en Las Bambas, cada negativa comunal a una audiencia pública es una señal de que el modelo de relacionamiento entre industria, comunidades y Estado no funciona. Los países que lideran la provisión de minerales críticos — Australia, Canadá, Chile — no tienen entornos perfectos, pero tienen instituciones que procesan la conflictividad antes de que se convierta en bloqueo productivo.
Una oportunidad con fecha de vencimiento
La demanda de minerales críticos para la transición energética no va a esperar a que Perú resuelva sus problemas institucionales. Si los proyectos en cartera no avanzan en la próxima década, el capital irá a Indonesia, a la República Democrática del Congo, a Chile o a cualquier otra jurisdicción que ofrezca certeza de ejecución aunque tenga menor calidad de mineral. El potencial geológico peruano es extraordinario. Pero el potencial no paga nóminas, no construye carreteras ni forma ingenieros.
Perú tiene el mineral. Le falta el resto.

