Silver Viper Minerals dio un paso clave en su estrategia de crecimiento en México. La empresa firmó el acuerdo definitivo para adquirir el proyecto Coneto, un activo de plata y oro ubicado en Durango. La operación formaliza el anuncio inicial que la compañía lanzó en octubre de 2025. El precio pactado asciende a US$15 millones y Silver Viper lo cubrirá con 25,531,875 acciones comunes, valuadas en C$0.80 por título.
Los vendedores son Fresnillo y Orex Minerals. Fresnillo controla 61.21% del vehículo corporativo que hoy posee Coneto y Orex conserva 38.79%. Silver Viper tomará 100% de ese vehículo cuando cierre la transacción. La operación todavía exige la aprobación de la TSX Venture Exchange y otras condiciones habituales. Además, la ley canadiense impondrá a las acciones emitidas un periodo de retención de cuatro meses.
El diseño financiero merece atención. Silver Viper evita una salida inmediata de caja, algo valioso para una junior que todavía empuja exploración en México. A cambio, diluye a sus accionistas actuales y abre espacio a nuevos socios relevantes dentro de su estructura accionaria. En la hoja de términos divulgada en octubre, Fresnillo quedaba con cerca de 17% del capital y Orex con alrededor de 11% tras el cierre.
Ese punto no resulta menor. Fresnillo no solo vende; también conserva exposición al proyecto mediante acciones. Además, pactó derechos antidilución con Silver Viper. En otras palabras, una parte del valor futuro de Coneto seguirá ligada al desempeño de la compradora. Para el mercado, esa señal suele pesar más que una venta sin continuidad.
Coneto se ubica a unos 100 kilómetros al norte de la ciudad de Durango, dentro de un distrito minero histórico. El paquete cubre 4,995 hectáreas y reúne más de 40 vetas epitermales de cuarzo con mineralización de plata y oro. Algunas vetas superan 20 metros de ancho y rebasan un kilómetro de extensión sobre rumbo, según la empresa. El proyecto también cuenta con acceso por carretera pavimentada, conexión a la red eléctrica y cercanía con servicios.
La tesis geológica explica buena parte de la apuesta. Silver Viper sostiene que el distrito conserva potencial a profundidad, pese a más de 400 años de actividad minera. El comunicado recuerda que trabajos históricos y barrenación previa identificaron zonas de alta ley y continuidad por debajo del nivel freático. Esa combinación reduce parte del riesgo temprano, aunque no elimina la necesidad de nuevas campañas y validación técnica.
La compra también encaja con la ruta corporativa que Silver Viper construyó en los últimos meses. La empresa ya opera La Virginia en Sonora y completó la adquisición de Cimarron en Sinaloa en junio de 2025. Coneto refuerza esa estrategia de reunir activos mexicanos con escala distrital y exposición a metales preciosos. Para una junior canadiense, sumar Durango cambia el mapa y amplía el abanico de descubrimientos posibles.
Los datos internacionales ayudan a entender el atractivo del movimiento. El USGS estimó que México fue el mayor productor mundial de plata y señaló a Durango como el segundo mayor productor nacional de ese metal en 2022, solo detrás de Zacatecas. Ese antecedente no garantiza resultados en Coneto, pero sí confirma que Silver Viper entra a una geografía con tradición minera, infraestructura y mano de obra especializada. En exploración, ese contexto pesa y suele acortar la curva de aprendizaje operativa.
También existe un ángulo industrial que vuelve más valioso cualquier activo de plata con tamaño y continuidad. La IEA prevé que la energía solar seguirá dominando las adiciones de capacidad renovable en los próximos años. El Silver Institute, por su parte, mantiene una visión de demanda sólida desde sectores tecnológicos y reconoce que la fotovoltaica seguirá siendo un motor relevante del consumo, aunque cambie la intensidad de uso por celda. Ese telón de fondo no reemplaza una buena perforación, pero sí mejora el interés estratégico por proyectos de plata bien ubicados.
Desde una perspectiva editorial, el paso de acuerdo vinculante a acuerdo definitivo sí importa. Muchas operaciones de la minería junior anuncian intención, pero tropiezan en la documentación, en la regulación o en el mercado. Aquí, Silver Viper ya cerró la etapa legal más delicada y dejó claros el precio, la forma de pago y las condiciones pendientes. Falta el cierre formal, pero Coneto dejó de ser una posibilidad abierta y pasó a convertirse en una transacción estructurada.
La noticia también deja una lectura favorable para Durango. Si Silver Viper ejecuta el programa de exploración que promete, Coneto puede reactivar contratación técnica, servicios especializados y gasto local en una zona con larga vocación minera. Nadie debería vender ese escenario como un hecho consumado. Aún faltan permisos, capital y resultados en campo. Sin embargo, el activo llega con atributos que muchas juniors tardan años en reunir: distrito probado, infraestructura cercana y vendedores que prefieren conservar exposición al potencial alcista.
Por ahora, la operación debe leerse con dos ideas al mismo tiempo. La primera dice que Silver Viper fortaleció su portafolio con un proyecto que puede cambiar su escala en México. La segunda recuerda que el valor real se definirá en los barrenos, no en el comunicado. Esa tensión marca a casi toda la minería junior. En el caso de Coneto, al menos, ya existe una base contractual más firme para ponerla a prueba.

