Resolute Mining dio luz verde a Doropo y abrió una nueva etapa para la minería aurífera en Costa de Marfil. La decisión final de inversión llegó tras la actualización del estudio de factibilidad y después del permiso minero concedido en febrero. Doropo está en Bounkani, al noreste del país, cerca de la frontera con Burkina Faso. Esa ubicación conecta a la empresa con un distrito aurífero que gana peso dentro de África occidental.
Doropo no ocupa un lugar secundario dentro de Resolute. La empresa quiere superar 500 mil onzas anuales hacia 2028 y necesita un nuevo pilar junto con Syama, en Mali, y Mako, en Senegal. Resolute ya describía a Doropo como un activo de larga vida y alto margen antes del FID. Ahora esa definición deja el terreno bursátil y entra en la fase que realmente importa: la construcción.
Resolute compró Doropo a AngloGold Ashanti en mayo de 2025 y desde entonces reescribió la tesis del activo. El nuevo estudio elevó las reservas a 59.1 millones de toneladas con ley de 1.31 gramos por tonelada. También calculó 2.50 millones de onzas contenidas. La empresa amplió la escala del proyecto y elevó la capacidad de planta de 4.0 a 4.9 millones de toneladas por año.
Las cifras explican la decisión. El estudio actualizado calcula 13 años de vida de mina, 2.196 millones de onzas totales y una media anual de 169 mil onzas. En los primeros cinco años, Doropo podría entregar 204 mil onzas anuales. Ese arranque fuerte suele ser decisivo cuando una minera busca crecer sin diluir rentabilidad.
El diseño técnico tampoco plantea una apuesta exótica. Doropo usará minería a cielo abierto y una ruta de procesamiento convencional, una combinación conocida en África occidental. El estudio sitúa la recuperación metalúrgica promedio en 88% y la relación estéril mineral en 4.9. Eso no elimina riesgos operativos, pero sí reduce la curva de aprendizaje frente a proyectos más complejos.
La economía del proyecto luce convincente. Con un precio base de 3,000 dólares por onza, Resolute estima un VPN post impuestos de 1,457 millones de dólares. También proyecta una TIR de 49%. El repago desde la primera producción rondaría 1.7 años, un plazo que pocas compañías ignoran cuando asignan capital.
Los primeros años concentran gran parte del atractivo financiero. Resolute calcula flujo de caja libre post impuestos de 268 millones de dólares anuales, en promedio, durante los primeros cinco años. Ese período también ofrece AISC de 1,294 dólares por onza y EBITDA anual de 364 millones. En oro, esa ventana inicial suele definir si una mina paga rápido su capital y gana credibilidad.
El mayor tamaño del proyecto explica el aumento del desembolso inicial. El capex subió a 516 millones de dólares frente a la estimación previa de 373 millones. Resolute atribuyó el alza a la ampliación de planta, la inflación de costos y la actualización de partidas. No conviene leer ese salto solo como presión. También refleja una operación más grande, con más onzas y más años de vida.
La aprobación del FID no cayó del cielo. En febrero, Costa de Marfil otorgó a Doropo un permiso minero válido por 14 años, con opción de extensión. El propio gobierno presentó ese decreto como parte de una política para elevar producción y atraer inversión. Para Resolute, la señal regulatoria quedó clara: el Estado quiere que el proyecto avance.
El proyecto tampoco arranca desde cero en campo. Durante el último trimestre de 2025, Resolute adjudicó el contrato FEED a Lycopodium, emitió la licitación EPCM y avanzó en levantamientos comunitarios. Además, la empresa formó el equipo propietario y recibió ofertas para obras tempranas de movimiento de tierra. Esos pasos suelen pasar desapercibidos fuera del sector, pero separan un anuncio de una obra real.
Resolute espera iniciar la construcción en la primera mitad de 2026 y apunta al primer oro en la primera mitad de 2028. La empresa llega, además, con una posición neta de caja de 209.1 millones de dólares al cierre de diciembre. También evalúa distintas opciones de financiamiento para preservar flexibilidad en balance. Esa cautela luce razonable, porque el mercado ya no premia cualquier crecimiento.
También conviene mirar el impacto local con menos ruido y más datos. El gobierno marfileño prevé para Doropo una producción total de 59 toneladas de oro. Además, espera una media anual de 6.43 toneladas, 1,600 empleos directos en construcción y 800 en operación. Ese paquete no resuelve por sí solo la agenda social del noreste, pero sí crea actividad formal, salarios y proveedores.
Para Costa de Marfil, Doropo encaja en una política más amplia. La producción nacional de oro pasó de 23.54 toneladas en 2015 a 51.185 toneladas en 2023. El portal económico oficial proyectó 54 toneladas para 2025. Además, el gobierno quiere reforzar el procesamiento local, la formación técnica y la refinación. Un país que suma servicios e industria alrededor de la mina captura más valor que uno que solo exporta metal.
Esa trayectoria explica por qué varias mineras miran hoy al país como uno de los polos auríferos más interesantes de la región. Doropo suma volumen, pero también diversifica la cartera geográfica de Resolute. Ese detalle pesa, porque la empresa opera en Mali y Senegal, y Mali atraviesa un entorno más tenso para la inversión minera. Costa de Marfil ofrece, por contraste, un contrapeso operativo que reduce concentración.
Otro punto merece atención. Costa de Marfil no solo abre minas. También trabaja con el Banco Mundial y el World Gold Council para formalizar parte de la minería artesanal, mejorar seguridad y fortalecer trazabilidad. Ese contexto eleva la exigencia social sobre cualquier nueva operación industrial. A la vez, mejora el marco para que proyectos grandes generen beneficios visibles y de largo plazo.
Resolute, por su parte, intenta encajar ese crecimiento en una narrativa de minería responsable. En su reporte trimestral, la empresa recordó que adopta los Responsible Gold Mining Principles del World Gold Council. También señaló que una auditoría confirmó su conformidad en 2024. Ese antecedente no sustituye la fiscalización estatal ni el trabajo comunitario. Pero sí deja una referencia concreta para medir desempeño ambiental, social y de gobernanza.
En lo estrictamente industrial, Doropo encaja con la lógica que hoy domina al oro africano: vida larga, costos controlados y retorno rápido. En lo empresarial, convierte a Resolute en una productora con un mapa menos concentrado. En lo nacional, refuerza la ambición de Costa de Marfil de capturar más valor con minería formal y procesamiento local. A mi juicio, esa es la noticia de fondo. Doropo no solo agrega onzas. También consolida a Costa de Marfil como destino minero y devuelve escala a una empresa que necesitaba crecer con disciplina.

