El desempeño se concentró en Colombia, donde Aris Mining opera dos minas subterráneas. Segovia aportó 227,762 onzas en 2025. Marmato sumó 28,741 onzas en el mismo periodo. Ese reparto confirma que Segovia sostiene el flujo principal, mientras Marmato mantiene el ritmo durante su fase de desarrollo y construcción.
El segundo semestre marcó un punto de inflexión operativo. Aris Mining reportó 143,088 onzas en la segunda mitad de 2025, un avance de 26% contra el primer semestre. La empresa vinculó ese salto con la instalación de un segundo molino de bolas en Segovia, que entró en junio de 2025.
En el cuarto trimestre, la compañía produjo 69,852 onzas en total. Segovia registró un volumen ligeramente menor al del tercer trimestre, tras mantenimiento no programado en noviembre. La empresa informó que normalizó las operaciones en diciembre.
El crecimiento operativo llegó acompañado de una posición de liquidez que el mercado suele premiar. Aris Mining reportó un efectivo preliminar superior a 390 millones de dólares al cierre de 2025. La empresa también informó que destinó 60 millones de dólares para adquirir el 49% restante de su proyecto Soto Norte durante el cuarto trimestre.
En su comunicación al mercado, Aris Mining planteó una lectura clara para 2026. La empresa proyectó una producción consolidada de 300,000 a 350,000 onzas de oro. Segovia aportaría entre 265,000 y 300,000 onzas. Marmato contribuiría con 35,000 a 50,000 onzas.
El costo también quedó sobre la mesa, con cifras que permiten calibrar márgenes. Para Segovia, Aris Mining estimó costos en efectivo de 1,150 a 1,250 dólares por onza, en onzas extraídas por el propietario. La empresa proyectó costos totales de sostenimiento de 1,700 a 1,800 dólares por onza, bajo supuestos internos. La propia guía usa un precio del oro de 4,400 dólares por onza y un tipo de cambio de 3,800 pesos colombianos por dólar.
Ese supuesto de precio llama la atención por su magnitud. En la práctica, la señal relevante no es adivinar el precio, sino entender la sensibilidad del costo y del margen. En un entorno donde el oro se mueve con fuerza, el mercado suele tolerar inversiones de crecimiento. Aun así, la industria castiga cualquier desliz en ejecución, sobre todo cuando suben energía, insumos y servicios mineros.
Marmato representa el siguiente escalón de la historia operativa. Aris Mining prevé poner en marcha una nueva planta de carbón en pulpa, conocida como CIP, en el cuarto trimestre de 2026. La empresa planea cerrar 2026 con la planta operando cerca de 3,000 toneladas por día, contra un diseño de 5,000. Luego espera elevar el tratamiento a 4,000 toneladas por día hacia mediados de 2027 y alcanzar 5,000 al cierre de 2027, cuando comisione plenamente la planta de relleno en pasta.
El desarrollo subterráneo también avanza en paralelo. La empresa señaló que el declive hacia la zona de minería a granel en Marmato está completado en 45%. Además, espera concluir en el segundo trimestre de 2026 un crucero subterráneo que conecte con el nuevo declive y mejore el acceso a esa zona.
Soto Norte, por su parte, entra en una fase donde pesan más los permisos que los equipos. Aris Mining indicó que finaliza estudios ambientales y que planea presentarlos en el segundo trimestre de 2026 para iniciar el proceso de licenciamiento. La empresa también destacó que completó un estudio de prefactibilidad en septiembre de 2025, con énfasis en diseño ambiental y social.
En el portafolio regional, la compañía mantiene otro activo clave fuera de Colombia. Aris Mining indicó que posee Toroparu, en Guyana, y que completó una Evaluación Económica Preliminar en octubre de 2025. La empresa además señaló que trabaja una prefactibilidad para acercar el proyecto a decisiones de construcción.
Desde la óptica de negocio, el mensaje central se resume en ejecución y escala. Aris Mining busca transitar de un productor concentrado en una operación dominante, hacia una plataforma de varios activos. La empresa incluso reiteró una aspiración de largo plazo para acercarse a un millón de onzas anuales, sujeta a permisos y desarrollo. Esa ambición atrae capital, pero también eleva el estándar de cumplimiento técnico y social.
Aquí vale detenerse en un punto que suele perderse en el ruido financiero. La minería aurífera en América Latina convive con un reto persistente: la informalidad y el uso de mercurio en la minería artesanal. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente estima que la minería artesanal y de pequeña escala representa una fracción significativa de las liberaciones globales de mercurio, y ubica al sector como un demandante mayor de ese metal tóxico. La Convención de Minamata también coloca a ese segmento como la mayor fuente de emisiones y liberaciones de mercurio.
En Colombia, el tema tiene un contexto propio, con prohibiciones formales y brechas de cumplimiento. Un análisis académico reciente recuerda que la Ley 1658 de 2013 prohibió el uso y comercialización de mercurio en actividades industriales, y que el veto en minería aplica desde julio de 2018. El mismo texto subraya que el problema persiste, pese al marco legal.
¿Por qué importa esto en una nota sobre resultados corporativos? Porque las empresas que logran “industrializar” parte del suministro de mineral, con trazabilidad y procesamiento controlado, suelen reducir incentivos para prácticas más riesgosas. En este caso, Aris Mining reportó márgenes de ventas AISC de 35% a 40% en su segmento de socios mineros contratistas, identificado como CMPs. Esa referencia sugiere un esquema que puede alinear economía, seguridad y control metalúrgico, si la compañía mantiene estándares y supervisión robustos.
Los datos sugieren un enfoque pragmático: el mercado ya compró la historia de crecimiento, pero ahora exigirá consistencia. Aris Mining presume un salto operativo en Segovia, y una ruta clara en Marmato con la CIP. Esa combinación puede sostener el aumento de producción sin depender de una sola palanca. El riesgo más visible se concentra en permisos y licencia social, especialmente en proyectos como Soto Norte.
También pesa el contexto del oro. Cuando el metal gana tracción, los productores con expansión en marcha suelen capturar mejor el ciclo, siempre que controlen costos. Si el oro se mueve en contra, la disciplina operativa se vuelve la diferencia entre crecer con salud o recortar a destiempo. Por eso, las cifras de costos guía en Segovia y el calendario de Marmato funcionan como el termómetro principal de 2026.
En síntesis, Aris Mining cerró 2025 con crecimiento fuerte y con caja relevante. El reto ya no es probar que puede producir más, sino demostrar que puede sostener el ritmo, manejar costos y avanzar permisos sin fracturar relaciones comunitarias. Ese triángulo define el éxito minero en la región, más allá de cualquier titular bursátil.

