La Empresa Nacional de Minería de Chile (ENAMI) ha recibido propuestas firmes de financiamiento para su nuevo proyecto de fundición y refinería de cobre, estimado en 1,700 millones de dólares. A pesar de las advertencias sobre un exceso global de capacidad instalada en fundiciones, la empresa estatal sostiene que las condiciones actuales del mercado no serán permanentes y que la decisión tiene fundamentos estratégicos de largo plazo.
El proyecto consiste en reemplazar la antigua Fundición Hernán Videla Lira, conocida como Paipote, ubicada en la región de Atacama, al norte del país. Con una capacidad de procesamiento estimada en 850,000 toneladas de concentrado de cobre al año, la planta renovada incorporará tecnología de última generación con el objetivo de elevar los estándares ambientales, energéticos y operativos del sistema chileno de fundición.
El gerente general de ENAMI, Iván Mlynarz, informó que la empresa ha recibido 17 expresiones de interés por parte de entidades financieras, de las cuales seis están vinculadas a contratos de compra futura (offtake) del cobre refinado. Las negociaciones avanzan con rapidez y se espera que la próxima semana se anuncien los bancos que liderarán la estructuración financiera. ENAMI calificó las ofertas como “alentadoras” y confirmó que mantiene abiertas las alternativas tanto para financiamiento como para asociaciones comerciales.
En un contexto de precios bajos por procesamiento (TC/RC, por sus siglas en inglés) y tarifas de fundición deprimidas, algunos actores del mercado han cuestionado la oportunidad de nuevas inversiones en este segmento. Sin embargo, desde ENAMI se insiste en que la actual sobrecapacidad está concentrada principalmente en China, donde la expansión de plantas fundidoras ha superado el crecimiento del suministro de concentrado. El desfase entre producción minera en América Latina y procesamiento en Asia, argumentan, ha generado distorsiones que podrían corregirse en el mediano plazo.
Chile y Perú concentran cerca del 40 % de la producción global de cobre en concentrado, pero refinan internamente menos del 10 %. Esa dependencia de plantas asiáticas, en particular chinas, representa un riesgo para la seguridad de suministro de países productores. En ese marco, el fortalecimiento de capacidades de fundición regionales es visto por algunos gobiernos como una medida de soberanía industrial y mejora de la competitividad.
El proyecto de modernización de Paipote se enmarca en ese diagnóstico. En 2023, ENAMI cerró temporalmente la planta original para dar paso al rediseño completo de sus instalaciones. Durante ese proceso, la empresa sostuvo conversaciones con comerciantes globales, consumidores industriales y organismos multilaterales para explorar mecanismos de financiamiento y alianzas estratégicas. Parte de esas gestiones ahora se traduce en propuestas formales de inversión.
El diseño de la nueva fundición considera sistemas de captura y tratamiento de gases, control automatizado de procesos, eficiencia energética y reducción de emisiones, en línea con estándares internacionales. También se contempla la posibilidad de producir subproductos como ácido sulfúrico, oro y plata, lo que podría mejorar la rentabilidad de la operación en distintos escenarios de mercado.
El gobierno chileno ha respaldado el proyecto como parte de su estrategia de reindustrialización y fortalecimiento de la cadena de valor minera. La ministra de Minería, Aurora Williams, ha destacado en varias ocasiones la necesidad de recuperar capacidades nacionales de fundición, tanto por razones económicas como ambientales. El país cuenta actualmente con solo tres grandes plantas operativas, y su participación en el mercado global de refinación ha caído de forma sostenida en las últimas dos décadas.
La decisión de avanzar con esta inversión en un momento de incertidumbre refleja una apuesta por la estabilidad estructural de la demanda de cobre, impulsada por la transición energética, la electrificación del transporte y el desarrollo tecnológico. Aunque la coyuntura es adversa, la perspectiva de largo plazo sigue siendo positiva para el metal rojo, especialmente en proyectos que combinen eficiencia, trazabilidad y cumplimiento ambiental.
El proceso de licitación y cierre financiero podría completarse durante 2025, con miras a iniciar construcción antes de que finalice el año. La operación comercial se proyecta para 2028, si se cumplen los plazos estipulados. Se estima que durante la etapa de construcción se generarán alrededor de 2,500 empleos directos, y una vez en operación, se mantendrían unos 800 puestos de trabajo permanentes.
Este tipo de decisiones industriales no están exentas de riesgo. Sin embargo, representan una forma concreta de responder a los desafíos de deslocalización productiva que enfrenta América Latina en sectores estratégicos. Contar con infraestructura de fundición en origen no solo agrega valor a la producción minera, sino que también fortalece las cadenas de suministro y permite mayores márgenes de maniobra en negociaciones internacionales.
El caso de ENAMI puede servir como referencia para otros países con vocación minera, como México, donde existen debates similares sobre la necesidad de recuperar capacidades industriales asociadas al sector. En el contexto actual, en el que las cadenas globales enfrentan tensiones geopolíticas y presiones por relocalizar procesos productivos, contar con plantas modernas de procesamiento puede marcar una diferencia clave en la competitividad del sector minero.

