El gobierno de Bolivia presentó un proyecto para crear un banco del oro con el objetivo de poner orden en un sector marcado por la informalidad, la falta de trazabilidad y la presión ambiental. La propuesta contempla una entidad mixta, con participación estatal y privada, que asumiría la compra y registro del oro extraído en el país bajo estándares más estrictos.
La iniciativa fue anunciada por el ministro de Economía y Finanzas, José Gabriel Espinoza, quien reconoció que el actual esquema de compra de oro por parte del Banco Central de Bolivia (BCB) ha generado distorsiones económicas, incentivos perversos y un auge descontrolado en la minería aurífera.
El funcionario explicó que, si bien el objetivo original de comprar oro local era fortalecer las reservas internacionales, la falta de mecanismos de verificación del origen del metal derivó en un aumento de la extracción informal y potencialmente ilegal. Esta situación también ha puesto en entredicho el cumplimiento de normas ambientales y laborales por parte de numerosas cooperativas y pequeños productores.
Según datos del propio gobierno, entre enero y agosto de 2025 el BCB compró 28,5 toneladas de oro en el mercado interno, con una proyección de alcanzar hasta 48 toneladas al cierre del año. Sin embargo, buena parte de ese volumen proviene de operaciones que no cuentan con certificación ambiental ni garantías de buenas prácticas laborales.
El proyecto del banco del oro busca reemplazar este esquema por un sistema más riguroso que permita registrar y certificar el origen del metal. Espinoza detalló que la nueva institución mantendría la capacidad de compra, pero incorporaría herramientas de trazabilidad y regulación, además de trabajar de manera coordinada con las cooperativas mineras y otros actores del sector.
Uno de los principales objetivos del banco del oro será evitar que la producción aurífera siga alimentando el contrabando o siendo utilizada como medio de pago en actividades ilícitas. Para ello, el gobierno plantea establecer protocolos de verificación que aseguren que el oro adquirido cumple con la legislación boliviana y con estándares internacionales en materia ambiental, social y de derechos humanos.
La medida se enmarca en un contexto regional donde el auge del oro ha incentivado la expansión de operaciones informales, muchas de ellas en zonas protegidas o con escasa supervisión estatal. El precio internacional del oro, que ha crecido más del 50 % en los últimos años, ha sido un factor clave en el crecimiento de este fenómeno. En Bolivia, al menos 250 cooperativas auríferas operan con permisos precarios o en condiciones de informalidad.
La administración del presidente Rodrigo Paz busca con esta propuesta dar señales claras de compromiso con una minería responsable. Aunque el proyecto aún se encuentra en fase de diseño normativo, el Ministerio de Economía ya sostiene diálogos con el Banco Central, la Autoridad Jurisdiccional Administrativa Minera (AJAM) y representantes del sector cooperativista para definir los lineamientos operativos del nuevo banco.
Uno de los desafíos principales será la implementación de mecanismos de trazabilidad eficaces en zonas donde predomina la informalidad. La ausencia de control efectivo en regiones productoras, como el norte de La Paz o el departamento de Pando, ha sido históricamente una barrera para establecer una cadena de valor minera responsable.
Asimismo, el componente ambiental ha sido subrayado por el Ejecutivo. Espinoza aseguró que el banco del oro incorporará criterios de sostenibilidad, incluyendo el monitoreo del uso de mercurio, la protección de cuerpos de agua y el respeto a territorios indígenas. Bolivia es parte del Convenio de Minamata, y aunque ha avanzado en su implementación, la minería aurífera sigue siendo una de las principales fuentes de contaminación por mercurio en el país.
Desde el punto de vista económico, el gobierno considera que la formalización de la cadena del oro permitirá una mayor recaudación fiscal, una mejor distribución de beneficios y un control más eficiente del flujo de divisas. Espinoza también destacó que la consolidación del banco del oro fortalecería la credibilidad del país frente a socios comerciales y organismos financieros internacionales.
Consultado por medios locales, el presidente de la Federación Nacional de Cooperativas Mineras (Fencomin), Jaime Poma, expresó un respaldo condicionado a la iniciativa. Señaló que los pequeños productores están dispuestos a colaborar en un esquema de trazabilidad, siempre que no se impongan restricciones excesivas ni se afecte la rentabilidad de las operaciones.
La propuesta también ha sido bien recibida por organizaciones civiles que monitorean el impacto ambiental de la minería, aunque han solicitado una mayor transparencia en el diseño e implementación del proyecto. “Es una oportunidad para corregir décadas de descontrol, pero debe ir acompañada de una reforma institucional real”, declaró Marcela Antezana, investigadora del Centro de Documentación e Información Bolivia (CEDIB).
En términos comparativos, otros países de la región ya han iniciado procesos similares. En Colombia, el Ministerio de Minas desarrolla un sistema de trazabilidad digital para metales preciosos; en Perú, se ha promovido la formalización de mineros artesanales con incentivos fiscales y asistencia técnica. Bolivia busca ahora sumarse a esa tendencia, aunque con un modelo propio que prioriza la intervención del Estado a través de una entidad financiera especializada.
El proyecto será enviado al Legislativo en las próximas semanas. Según el cronograma preliminar, el banco del oro podría comenzar operaciones en el segundo semestre de 2026, una vez aprobada su normativa y completada la fase de estructuración técnica y financiera.
En suma, Bolivia avanza hacia una reforma sustantiva de su minería aurífera, reconociendo que el actual modelo ha quedado superado por la magnitud del desafío. Con la creación del banco del oro, el país busca transitar hacia una minería más formal, trazable y responsable, en línea con los compromisos ambientales y sociales que demanda el contexto internacional actual.

