Chile.- CODELCO COMUNICÓ en su último estado de resultados que concretó su salida de la sociedad Copper Partners Investment Company (Cupic), que había constituido en 2005 con la firma china Minmetals. La estatal chilena se había comprometido a la venta de 836 mil toneladas de cobre a Cupic, en un horizonte de 15 años, a precios entre US$ 1,03 y US$ 1,05 la libra (sociedad que a su vez vendería el cobre a Minmetales). A cambio de ello, Minmetals anticipó US$ 550 millones a Codelco, recursos que utilizó para expandir algunos de sus yacimientos.

Esta operación, que en su momento fue ampliamente celebrada, no logró anticipar sin embargo el auge que posteriormente vivieron las materias primas, lo que devino en un negocio altamente perjudicial para los intereses de Codelco, y que ha sido objeto de fuertes cuestionamientos políticos, al punto que incluso motivó la formación de una comisión investigadora de la Cámara de Diputados. El propio presidente del directorio de la empresa acaba de reconocer que “evidentemente terminó siendo un mal negocio”. Algunas estimaciones cifran entre US$ 4 mil y US$ 5 mil millones los ingresos que Codelco dejó de percibir por comprometer la venta de cobre a un valor mucho más bajo del que llegó a estar durante la época de bonanza.

Los inconvenientes relacionados con esta operación también se extendieron al ámbito tributario, puesto que el Servicio de Impuestos Internos cuestionó el tratamiento tributario de dicha operación -para estos efectos la sociedad se constituyó en un “paraíso tributario”- y resolvió reliquidar impuestos, lo que implicó que el año pasado la estatal tuviera que reintegrar US$ 148 millones. De hecho, la empresa informó que la razón para abandonar Cupic fue evitar “contingencias tributarias”.

Codelco señaló que el término de la alianza con Minmetals no implicará el pago de compensaciones, aunque igualmente deberá continuar suministrando una determinada cantidad de Cobre hasta 2021. Parece razonable que se haya terminado una sociedad claramente desventajosa, pero frente al perjuicio que representó esta operación, sorprende que ningún ejecutivo o autoridad haya asumido una responsabilidad frente a lo sucedido. Un actual ministro de Estado, que entonces fue director de la compañía, reconoció que estaba “cazando moscas” cuando fue interrogado sobre si tenía conocimiento de la sociedad que se había constituido en el exterior.

El episodio con Minmetals pone nuevamente de manifiesto los riesgos para el país de esta gestión del Estado como empresario cuprífero, con ejecutivos supuestamente bajo controles estrictos de autoridades de gobierno que en realidad no dedican tiempo a esta supervisión, tal que en la práctica los administradores resuelven por sí mismos, sin responder ni ellos ni a sus mandantes por los errores cometidos. A esto se suman las dificultades que enfrentan las compañías estatales para desplegar una gestión totalmente técnica y ajena a presiones políticas o de los sindicatos de los trabajadores.

Por estos días se han conocido una serie de planes de trabajo que prepara la empresa para aumentar la productividad de los distintos yacimientos de la minera y lograr un ahorro de costos de US$ 2.000 millones. Su presidente ejecutivo fue elocuente, al plantear que la encrucijada es “renovarse o morir”, para justificar estas medidas estructurales. Es saludable que Codelco busque volver a posicionarse dentro de las empresas mineras con menores costos de producción a nivel mundial, pero ningún plan de productividad será suficiente para soslayar los problemas de fondo de la empresa, que tienen que ver con su propiedad íntegramente estatal -alejando la posibilidad de un mayor escrutinio del mercado- y por tanto más expuesta a incurrir en riesgos como los sucedidos con Minmetals.

La Tercera

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