Puntos clave
- Compras récord: Bancos centrales compraron más oro en H1 2025 que en cualquier período equivalente de la última década
- Liderazgo chino: PBOC reportó 12 meses consecutivos de compras netas, elevando reservas a 2,280 toneladas (solo 5.5% de total, vs 65-70% en dólares)
- Tendencia estructural: Compras globales superiores a 1,000 toneladas por tercer año consecutivo; umbral alcanzado solo una vez antes en historia reciente
- Cotización actual: Oro consolida niveles en torno a 3,300 dólares la onza en mercados spot
| Mineral | oro |
| Precio | 3,300 USD/onza |
| Contexto LATAM | Bancos centrales de India, Turquía, Kazajistán y Golfo Pérs… |
Los bancos centrales compraron más oro en la primera mitad de 2025 que en cualquier período equivalente de la última década. China encabeza esa acumulación con una constancia que ya no deja margen para interpretaciones neutrales: Pekín no está diversificando por prudencia financiera rutinaria. Está reposicionando su arquitectura monetaria.
China acumula, y el mercado lo sabe
El Banco Popular de China reportó compras netas de oro durante doce meses consecutivos, elevando sus reservas oficiales a más de 2,280 toneladas. La cifra suena grande, pero el contexto la hace decisiva: representa apenas el 5.5% de las reservas totales del banco central, frente al 65–70% que mantienen en dólares estadounidenses. El margen de recorrido es enorme, y Pekín lo sabe. Cada tonelada adicional de oro que absorbe el PBOC es una declaración de intención, no un ajuste contable.
Las compras chinas no ocurren en el vacío. India sumó más de 70 toneladas en los últimos doce meses. Polonia, Turquía, Kazajistán y varios bancos centrales del Golfo Pérsico mantienen ritmos de compra sostenidos. El World Gold Council registró compras netas globales de bancos centrales superiores a las 1,000 toneladas por tercer año consecutivo — un umbral que antes de 2022 se había alcanzado solo una vez en la historia reciente. El patrón ya no es episódico. Es estructural.
En ese entorno, el oro cotiza en torno a los 3,300 dólares la onza en los mercados spot, consolidando niveles que hace tres años habrían parecido especulativos. No lo son. Son el reflejo de una demanda institucional que no responde a ciclos trimestrales ni a movimientos de la Fed.
Por qué China mueve el precio más que cualquier trader
La influencia del PBOC sobre el mercado aurífero es cualitativamente distinta a la de un fondo de cobertura o un banco de inversión. Un trader puede liquidar posiciones en horas. Un banco central que acumula reservas estratégicas no vende en el siguiente rally. Esa asimetría —compradores estructurales versus participantes tácticos— crea un piso de demanda que el mercado ya ha internalizado en la estructura de precios.
El factor geopolítico amplifica esa lectura. Las sanciones occidentales a Rusia tras la invasión de Ucrania demostraron que los activos denominados en dólares y custodiados en jurisdicciones occidentales pueden congelarse. Varios bancos centrales, especialmente en economías emergentes, sacaron una conclusión directa: el oro físico, guardado en bóvedas propias, no tiene contraparte que lo bloquee. China, que mantiene una relación cada vez más tensa con Washington en temas comerciales y tecnológicos, tiene razones propias para acelerar esa conclusión.
El resultado es un mercado donde la demanda de bancos centrales —que históricamente era anticíclica, comprando en valles y reduciendo posiciones en picos— ahora compra en cualquier nivel. Eso cambia la dinámica de corrección del precio. Los retrocesos técnicos son más cortos y los pisos más altos.
El mercado físico: Shanghái vs. Londres
La bolsa de oro de Shanghái (SGE) ha consolidado su posición como el mercado físico más activo del mundo. China no solo compra oro — lo procesa, lo importa, lo refina y lo redistribuye a través de un sistema financiero propio que reduce su dependencia del London Bullion Market Association. El diferencial entre el precio spot en Shanghái y el precio en el mercado de Londres —conocido como “Shanghai premium”— se mantuvo positivo durante la mayor parte de 2024 y 2025, señal de que la demanda interna china supera consistentemente a la oferta disponible en el mercado local.
Esa prima tiene implicaciones para los refinadores y productores globales. El flujo de metal fino hacia China no es solo un dato de comercio exterior — es un indicador de presión de demanda que el mercado de futuros en COMEX refleja con rezago. Cuando el Shanghai premium sube, los árbitros activan rutas de importación que tensan el mercado físico global. En los últimos meses, ese mecanismo ha funcionado como un acelerador adicional sobre el precio.
Las mineras y el ciclo de inversión
Para las compañías auríferas que operan en producción, la combinación de precios sostenidos por encima de 3,000 dólares y costos de producción que en muchos casos no superan los 1,400–1,600 dólares por onza (AISC) genera márgenes operativos históricamente amplios. Barrick Gold, Newmont y Agnico Eagle reportaron en sus últimos trimestres utilidades que no veían desde el pico post-pandemia de 2020. La diferencia esta vez es que el precio no depende de tasas de interés cero ni de estímulos fiscales extraordinarios — depende de una demanda estructural que tiene años de recorrido.
Ese entorno está reactivando proyectos que permanecían en lista de espera. En África occidental, Sudamérica y el sudeste asiático, varios proyectos con viabilidad a 1,800–2,000 dólares por onza pasaron a fase de desarrollo en 2024 y 2025. El problema es el tiempo: una mina nueva tarda entre ocho y doce años desde exploración hasta producción comercial. Los precios de hoy no se traducen en oferta nueva antes de la segunda mitad de esta década, a más temprano.
Esa brecha temporal —demanda que crece hoy, oferta que responde en diez años— es quizás el argumento más sólido para quienes proyectan que el oro puede mantenerse en rangos elevados más allá del ciclo político o monetario inmediato.
La trampa del dólar y lo que Pekín está construyendo
La acumulación de oro por parte de China hay que leerla en paralelo con otro movimiento: la expansión del uso del yuan en liquidaciones bilaterales con socios comerciales de Asia, África y Oriente Medio. Arabia Saudita comenzó a aceptar yuanes para ventas de petróleo a China. Varios países africanos negocian préstamos y contratos de infraestructura denominados en la moneda china. El oro, en ese esquema, funciona como el ancla de reserva que da credibilidad a un sistema monetario alternativo aún en construcción.
No significa que el dólar vaya a perder su estatus de reserva global en el corto plazo. El mercado de deuda estadounidense sigue siendo el más líquido y profundo del mundo. Pero la dirección del movimiento es clara, y China está acumulando las piezas — reservas de oro, acuerdos bilaterales en yuanes, infraestructura financiera propia — para tener opciones que hoy no tiene.
Para el mercado del oro, esa construcción geopolítica es un soporte de largo plazo que va más allá de cualquier ciclo de tasas de interés o variación del índice del dólar. Mientras Pekín siga construyendo esa arquitectura, seguirá comprando.
Perspectiva de corto y mediano plazo
El consenso entre analistas del mercado físico sitúa el precio del oro en un rango de 3,100–3,500 dólares para el cierre de 2025, con sesgo al alza si la Fed mantiene tasas sin nuevas subidas y si las tensiones comerciales entre Washington y Pekín escalan en el segundo semestre. Ninguno de esos dos factores está resuelto.
La variable de riesgo para el precio no es la oferta minera —que tardará años en responder— sino una posible liquidación coordinada de posiciones por parte de fondos especulativos ante un shock de liquidez global. Pero incluso en ese escenario, la demanda de bancos centrales actuaría como amortiguador. Lo demostró en 2022 y en 2023, cuando el oro resistió la mayor campaña de alza de tasas de la Fed en cuarenta años con pérdidas moderadas y recuperación rápida.
China no está apostando por el oro. Lo está eligiendo metódicamente como el activo que le permite reducir su exposición a decisiones monetarias que no controla. Esa lógica no cambia con el precio. Cambia, quizás, con el mundo que está intentando construir.

