Puntos clave
- Rally de oro: Cotiza cerca de máximo en siete semanas impulsado por combinación de alivio geopolítico y expectativas de pausa en alzas de tasas de la Fed
- Strecho de Ormuz: Perspectivas de acuerdo reducen prima de riesgo del crudo (20% del petróleo mundial transita por ese canal) y presiones inflacionarias globales
- Dilema de la Fed: Señales de entendimiento sobre Ormuz permiten a la autoridad monetaria tener más margen para decisiones sin endurecer agresivamente la política
- Lectura del mercado: Rally responde no a fortaleza económica global sino a cedencia simultánea de dos riesgos: geopolítico y monetario
| Mineral | Oro |
| Precio | Cerca de máximo en siete semanas |
| Variación | Al alza |
| Contexto LATAM | Rally impulsado por alivio geopolítico y expectativas de pa… |
El oro cotiza cerca de su máximo en siete semanas y el mercado envía una señal que vale la pena leer con cuidado: el metal no está subiendo porque el mundo esté bien, sino porque dos riesgos simultáneos están cediendo al mismo tiempo. Las perspectivas de un acuerdo sobre el Estrecho de Ormuz enfriaron las expectativas de un alza de tasas agresiva por parte de la Reserva Federal, y esa combinación —alivio geopolítico más pausa monetaria anticipada— está devolviendo apetito al oro sin que el dólar haya cedido terreno significativo. Eso hace este rally más interesante, no menos.
- Dos presiones que ceden a la vez: por qué el mercado reacciona con fuerza
- El contexto de la Fed: tasas, dólar y la trampa del “pivot” anticipado
- Inventarios, flujos y la compra de bancos centrales que sigue sin detenerse
- Lo que este movimiento implica para los productores y para la región
- Lectura de corto y mediano plazo: qué vigilar en las próximas semanas
Dos presiones que ceden a la vez: por qué el mercado reacciona con fuerza
El Estrecho de Ormuz no es un dato marginal para los mercados de commodities. Por ese canal transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial, y cualquier señal de tensión en la zona tiene un efecto inmediato sobre las expectativas inflacionarias globales. Cuando los precios del crudo suben por riesgo geopolítico, la Fed históricamente enfrenta una disyuntiva incómoda: ¿endurece la política monetaria para controlar la inflación importada, o sostiene el crecimiento? Los operadores de futuros de oro leen ese dilema antes de que la Fed lo resuelva, y apuestan en consecuencia.
Las señales de que podría haber un entendimiento alrededor del Estrecho cambiaron el cálculo. Si el riesgo de escalada militar se reduce, el crudo baja su prima de riesgo, la presión inflacionaria cede y la Fed tiene más margen para no subir tasas. Para el oro, ese escenario es doble ganancia: menos presión sobre el dólar y menor atractivo relativo de los instrumentos de renta fija. El resultado es lo que el mercado está mostrando ahora: un metal que flota cerca de máximos recientes sin necesitar un catalizador de pánico para mantenerse ahí.
Flotar, sin embargo, no es lo mismo que romper. La diferencia entre un máximo de siete semanas y un nuevo récord es técnica, pero también psicológica. El mercado necesita un argumento adicional para empujar el precio hacia territorio desconocido, y por ahora ese argumento no ha llegado.
El contexto de la Fed: tasas, dólar y la trampa del “pivot” anticipado
La relación entre la política monetaria de la Fed y el precio del oro es una de las más analizadas en los mercados de commodities, y también una de las más malinterpretadas. El oro no sube simplemente porque la Fed no sube tasas. Sube cuando el mercado anticipa que el costo real del dinero bajará, que el dólar perderá fuerza relativa, o que los bonos del Tesoro dejarán de ofrecer rendimiento real positivo. Los tres factores están en juego ahora mismo, aunque con distinta intensidad.
Las expectativas del mercado de futuros, medidas a través de los contratos en el CME, muestran una probabilidad descendente de una nueva alza antes de fin de año. Eso no es lo mismo que esperar recortes inminentes, pero sí reduce el argumento principal que los bajistas del oro usaron durante 2022 y 2023: que mantener el metal tiene un costo de oportunidad real frente a un bono que rinde por encima de la inflación. Cuando ese argumento se debilita, el piso del oro sube.
El dólar, por su parte, ha mostrado una correlación más irregular de lo habitual en este ciclo. El índice DXY ha resistido sin fortalecer, lo que significa que el oro está subiendo en dólares sin que el dólar esté cayendo. Eso es técnicamente más sólido que un rally impulsado exclusivamente por debilidad del billete verde.
Inventarios, flujos y la compra de bancos centrales que sigue sin detenerse
Detrás del movimiento de precio hay una estructura de demanda que el mercado de futuros no siempre refleja de inmediato. El Consejo Mundial del Oro reportó que las compras de bancos centrales en 2024 superaron nuevamente las 1,000 toneladas, el tercer año consecutivo en ese rango. China, India, Polonia y Turquía lideran la lista de compradores netos. Ese flujo institucional no es sensible al ruido de corto plazo: compran independientemente del nivel de precio, porque el objetivo no es maximizar el rendimiento trimestral sino reducir la exposición al dólar en sus reservas.
Ese comportamiento estructural establece un piso de demanda que los operadores especulativos ahora superponen con posiciones de corto plazo. El resultado es un mercado donde el piso es más alto que hace dos años, pero los picos son volátiles y difíciles de sostener sin un catalizador de magnitud. La combinación del alivio en el Estrecho de Ormuz y las expectativas de pausa de la Fed fue suficiente para llevar el precio a máximos de siete semanas. Si aparece un dato macro negativo o una declaración hawkish de algún gobernador de la Fed, el metal puede retroceder con igual rapidez.
Los inventarios registrados en COMEX siguen en niveles controlados. No hay señales de estrés en la cadena de custodia ni reportes de escasez física que justifiquen una prima de emergencia. El rally es financiero, no de escasez, y eso importa para calibrar su durabilidad.
Lo que este movimiento implica para los productores y para la región
Para las operaciones auríferas en América Latina, un precio que se sostiene en la banda alta —cerca o por encima de los 3,000 dólares por onza, donde el metal ha gravitado en los últimos meses— transforma la ecuación de márgenes de manera significativa. Las minas con costos all-in sustaining (AISC) por debajo de los 1,400 dólares por onza operan con un margen que hace tres años parecía inalcanzable. Hoy es la norma para los proyectos bien administrados.
Chile y Perú, aunque asociados principalmente al cobre, tienen operaciones auríferas relevantes que se benefician directamente. México, noveno productor mundial con más de 100 toneladas anuales, tiene en Peñasquito —operada por Newmont en Zacatecas— la mina de oro más grande del país y una de las más grandes de América Latina. Cada movimiento de precio en el rango actual mejora el flujo de caja de una operación que también produce plata, zinc y plomo como subproductos. La diversificación de ingresos en ese tipo de minas polimetálicas hace que el alza del oro tenga un efecto multiplicado en la rentabilidad total.
En Colombia y Ecuador, donde los proyectos auríferos están en distintas fases de desarrollo o producción inicial, un precio sostenido por encima de los niveles actuales mejora el atractivo de los estudios de factibilidad y puede acelerar decisiones de inversión que estaban en compás de espera. La relación entre el precio spot y el umbral de rentabilidad de los proyectos en exploración avanzada es directa: a mayor precio, menor es el grado de corte económico y mayor el recurso mineable en papel.
Para los inversionistas institucionales con exposición a renta variable minera en TSX o NYSE, el movimiento actual refuerza posiciones en productores de bajo costo pero no necesariamente justifica entrar en desarrolladores con proyectos de alto CAPEX sin un catalizador adicional. El mercado ya descontó parte de este escenario en los últimos trimestres.
Lectura de corto y mediano plazo: qué vigilar en las próximas semanas
El factor Ormuz es el más inestable de los dos que mueven este rally. Los acuerdos geopolíticos en esa zona tienen historial de avances y retrocesos rápidos, y el mercado lo sabe. Si las negociaciones se complican o si aparece un incidente en la región, la prima de riesgo puede regresar al crudo y el escenario para la Fed cambia de nuevo. El oro en ese caso podría subir por pánico, pero con mucha más volatilidad de la que hay hoy.
El calendario de la Fed es el segundo vector. Las próximas declaraciones del presidente Jerome Powell y los datos de empleo e inflación de las semanas siguientes definirán si el mercado mantiene su apuesta por una pausa prolongada o si vuelve a cotizar la posibilidad de un alza adicional. Un dato de inflación sorpresivamente alto o un mercado laboral más caliente de lo esperado puede presionar el dólar al alza y empujar al oro hacia abajo en cuestión de horas.
El escenario base más probable es que el metal se mantenga en la banda actual con volatilidad moderada hasta que alguno de los dos factores —geopolítica o Fed— entregue una señal más definitiva. Siete semanas de máximo no es un récord. Es una advertencia de que el mercado está pendiente de la próxima señal, y esa señal puede llegar antes de lo que la mayoría anticipa.

