Puntos clave
- Reducción comprobada: 98% menos diésel en pruebas iniciales de Trolley Assist en Collahuasi
- Tecnología: Sistema de cable aéreo electrificado con pantógrafo que alimenta camiones durante ascensos cargados
- Contexto operacional: Mina a 4,700 msnm con camiones de 300 toneladas consumiendo 150-200 L/hora
- Impacto LATAM: Potencial transformador para operaciones a cielo abierto del norte chileno y la región
| Tecnología | Trolley Assist (sistema de línea de cable aéreo electrifica… |
| Aplicación | Transporte de minerales en rampas de subida, camiones de 30… |
| Empresa | Compañía Minera Doña Inés de Collahuasi |
Noventa y ocho por ciento menos diésel. No es una proyección de ingeniería ni una promesa de PowerPoint: es el resultado que Compañía Minera Doña Inés de Collahuasi registra en sus primeras pruebas con el sistema Trolley Assist, una tecnología que electrifica el transporte de minerales en las rampas de subida de la mina y que podría redefinir la ecuación de costos y emisiones en las operaciones a cielo abierto más grandes del norte chileno.
- Qué es Trolley Assist y qué problema resuelve exactamente
- La visita ministerial y lo que revela sobre la agenda de Chile
- Collahuasi: una mina que necesita demostrar capacidad de futuro
- ¿Trolley Assist es nueva o es tecnología probada?
- El límite real del sistema: qué no resuelve Trolley Assist
- La presión del mercado: compradores que ya preguntan por la huella de carbono
Qué es Trolley Assist y qué problema resuelve exactamente
El transporte en camiones de gran tonelaje es, históricamente, el mayor consumidor de diésel en una operación a cielo abierto. En minas como Collahuasi —ubicada a más de 4,700 metros sobre el nivel del mar en la región de Tarapacá— un camión de 300 toneladas puede consumir entre 150 y 200 litros por hora durante las subidas cargado. Multiplicado por decenas de unidades operando las 24 horas, el gasto en combustible y la huella de carbono son estructurales, no marginales.
El sistema Trolley Assist resuelve ese problema en su punto crítico: la rampa. Funciona instalando una línea de cable aéreo electrificado sobre los tramos de mayor pendiente del camino. Los camiones se conectan a esa línea mediante un pantógrafo —el mismo principio que usa un tranvía o un tren— y reciben energía eléctrica directa durante el ascenso. El motor diésel queda en reposo o en mínimo mientras el vehículo sube cargado. En las bajadas y tramos planos, el camión opera con su motorización convencional o puede cargar la batería si cuenta con sistema de recuperación de energía.
El resultado: hasta 98% de reducción en consumo de diésel durante los tramos electrificados. No es un número aplicado a toda la operación —el camión sigue usando combustible fuera de las líneas de catenaria— pero en las rampas principales, que concentran el mayor gasto energético, el impacto es radical.
La visita ministerial y lo que revela sobre la agenda de Chile
El biministro de Economía y Minería, Daniel Mas, visitó las operaciones de Collahuasi para conocer el sistema en funcionamiento. Que un ministro se traslade hasta los 4,700 metros de la puna atacameña no es un gesto protocolar. Es una señal sobre las prioridades del gobierno de Gabriel Boric en materia de transición energética aplicada a la minería, su principal motor de divisas.
Chile tiene un objetivo declarado: lograr que el sector minero opere con 100% de energía renovable antes de 2040. Esa meta choca con una realidad operativa: los camiones de gran tonelaje representan entre el 30% y el 50% de las emisiones directas de una mina a cielo abierto, y la electrificación completa de esa flota enfrenta barreras técnicas y de autonomía que aún no están resueltas. Trolley Assist no es una solución perfecta ni total. Pero es una solución disponible hoy, compatible con equipos existentes y escalable sin reemplazar toda la flota.
Esa combinación —impacto inmediato sin sustitución de activos— es exactamente lo que el gobierno y la industria necesitan para mostrar progreso concreto en descarbonización antes de que los compromisos de 2030 empiecen a medir resultados.
Collahuasi: una mina que necesita demostrar capacidad de futuro
Compañía Minera Doña Inés de Collahuasi es controlada por Anglo American y Glencore, con una participación menor de Japan Collahuasi Resources. Produce aproximadamente 500,000 toneladas de cobre fino al año, lo que la posiciona como la tercera mayor productora de cobre a nivel mundial. Sus reservas son de las más longevas del sistema minero chileno: el yacimiento tiene proyección de vida útil que supera los 50 años.
Pero Collahuasi también lleva años trabajando en reactivar su línea de producción de cátodos, un proceso que requiere inversión en infraestructura de lixiviación y que la empresa ha estado reexaminando en función de la composición de su mineral disponible. La nota de prensa que acompañó la visita ministerial menciona que la compañía fortalece su estructura ejecutiva para abordar oportunidades de crecimiento y la futura reactivación de su producción de cátodos. Dos movimientos en paralelo: innovación tecnológica hacia adentro y reorganización ejecutiva hacia afuera.
Ese doble movimiento no es casual. En un entorno donde el royalty minero progresivo introdujo mayor presión sobre los márgenes operacionales a partir de 2024, las grandes mineras chilenas tienen incentivos concretos para reducir costos variables —y el diésel es uno de los más volátiles y políticamente sensibles.
¿Trolley Assist es nueva o es tecnología probada?
Aquí conviene precisar: el sistema de trole asistido en minería no es una invención de 2024. Fue utilizado en operaciones europeas desde los años 80 y tuvo un período de abandono cuando el diésel era barato y las presiones ambientales eran menores. Su retorno al primer plano es consecuencia directa del encarecimiento del combustible, los compromisos de carbono y la madurez de los sistemas eléctricos en minas de gran escala.
Lo que sí es relativamente nuevo es su aplicación en minas de alta altitud con condiciones extremas como las del norte de Chile. Operar un sistema de catenaria a más de 4,000 metros implica desafíos de tensión eléctrica, temperatura y polvo que no existían en los contextos europeos donde se probó originalmente. Collahuasi está generando datos operativos en esas condiciones. Esos datos tienen valor más allá de la propia mina: son el argumento técnico que otras operaciones en el Atacama necesitarán antes de comprometer capital en infraestructura similar.
Otras mineras ya están observando. BHP tiene en Escondida —la mayor mina de cobre del mundo— una presión equivalente de descarbonización. Codelco, con operaciones en Chuquicamata y Radomiro Tomic, enfrenta los mismos retos logísticos con flotas de camiones que suman miles de unidades acumuladas. Si Collahuasi logra validar el sistema con datos duros de eficiencia y confiabilidad en los próximos 12 a 18 meses, el argumento de adopción regional se vuelve considerablemente más sólido.
El límite real del sistema: qué no resuelve Trolley Assist
La honestidad editorial obliga a señalar lo que este sistema no hace. No electrifica toda la operación. Los camiones siguen consumiendo diésel en los tramos planos, en la carga en el pit y en el vaciado en la chancadora. La infraestructura de catenaria requiere inversión inicial significativa —estimaciones de mercado hablan de entre 1.5 y 3 millones de dólares por kilómetro instalado— y su rentabilidad depende del precio del diésel, el volumen de tráfico y la pendiente específica de cada rampa.
Tampoco es una solución universal para minas medianas o pequeñas. Una operación que mueve 50,000 toneladas al día puede justificar la infraestructura. Una que mueve 5,000, probablemente no. La brecha entre majors y operaciones medianas —siempre presente en la discusión tecnológica minera— aplica con fuerza aquí. Trolley Assist es, por ahora, tecnología de grandes productores.
Y el sistema tampoco elimina la necesidad de avanzar hacia flotas 100% eléctricas o de hidrógeno en el largo plazo. Es un puente. Un puente valioso, con impacto mensurable hoy, pero un puente al fin.
La presión del mercado: compradores que ya preguntan por la huella de carbono
Lo que convierte esta prueba en algo más que un ejercicio técnico es el contexto comercial. Los grandes compradores de cobre en Europa y Asia —especialmente los fabricantes de vehículos eléctricos y los productores de energía renovable— están incorporando criterios de huella de carbono en sus contratos de suministro. El cobre “verde”, producido con menor intensidad de emisiones, empieza a cotizar con prima en negociaciones directas, aunque el mercado de futuros del LME aún no diferencia sistémáticamente por huella.
Collahuasi vende cobre a clientes que compiten en mercados donde esa diferenciación importa cada vez más. Demostrar una reducción del 98% en diésel durante el transporte —aunque sea en los tramos de rampa— es un argumento de venta, no solo un logro ambiental. Los datos operativos de esta prueba van a aparecer en reportes de sostenibilidad, en presentaciones a inversionistas y en conversaciones con compradores antes de que termine 2025.
La pregunta que Collahuasi está respondiendo con esta prueba no es solo técnica. Es estratégica: ¿puede Chile mantener su liderazgo como productor de cobre mientras el mundo exige que ese cobre sea producido de manera más limpia? La respuesta, por ahora, apunta a que sí. Pero dependerá de cuántas operaciones conviertan las pruebas piloto en infraestructura permanente, y de cuánto tiempo tarda el sistema en escalar desde una mina hasta convertirse en estándar sectorial.

