- Venta cerrada: First Majestic Silver vende mina San Martín en Jalisco a Flextronics por 90 millones USD
- Impacto México: Representa 1.7% de la inversión minera total que México recibió en 2024
- Estrategia de comprador: Flextronics, empresa de servicios industriales, diversifica hacia metales preciosos como cobertura cambiaria
- Contexto operativo: First Majestic se enfoca en activos de mayor ley y menor costo; San Martín no se alineaba con esta estrategia
First Majestic Silver desprendió otro activo en México. La minera canadiense cerró la venta definitiva de la mina San Martín, ubicada en Jalisco, a la empresa mexicana Flextronics Supply and Service por 90 millones de dólares en efectivo. La operación no es una sorpresa para quienes han seguido la estrategia de Jay Pearlman y su equipo: First Majestic lleva dos años consolidando su cartera hacia activos de mayor ley y menor costo operativo, y San Martín —una operación de plata y oro con rendimientos por debajo del promedio de la empresa— no encajaba en esa lógica. Lo que sí sorprende es quién compra.
Flextronics entra a la minería: ¿por qué ahora y por qué Jalisco?
Flextronics Supply and Service no es un nombre que circule habitualmente en los reportes de CAMIMEX ni en los paneles del Congreso Minero. La empresa mexicana, con presencia principalmente en servicios industriales y cadenas de suministro, representa un perfil de comprador atípico para una operación minera de esta escala. Noventa millones de dólares no es una apuesta menor: equivale a más del 1.7% de la inversión minera total que México recibió en 2024, según datos de CAMIMEX.
La decisión de Flextronics sugiere dos lecturas posibles. La primera: un cálculo de diversificación de activos reales en un entorno donde los metales preciosos ofrecen cobertura frente a la volatilidad del tipo de cambio y las tasas. La segunda —más relevante desde el ángulo regulatorio— es que la transferencia de una mina activa a capital nacional encaja perfectamente con la narrativa del gobierno de Claudia Sheinbaum sobre soberanía de recursos y reindustrialización. Si el nuevo operador mantiene los empleos y la producción, la Secretaría de Economía difícilmente pondrá obstáculos.
Lo que no queda claro aún es si Flextronics tiene el músculo técnico para operar una mina subterránea de plata y oro en la Sierra de Jalisco. Administrar contratos de suministro industrial es un negocio distinto a gestionar geología, ventilación, manejo de colas y cumplimiento con SEMARNAT. Esa brecha operativa será la primera prueba de fuego para el nuevo propietario.
La lógica financiera detrás de la salida de First Majestic
First Majestic opera actualmente cuatro minas en México: San Dimas, Santa Elena, La Encantada y —hasta este cierre— San Martín. Con la venta, la empresa libera capital que puede redirigir hacia sus activos de mayor productividad o hacia la integración de Jerritt Canyon en Nevada, proyecto que ha consumido recursos financieros y gerenciales desde su adquisición en 2021.
Los 90 millones de dólares en efectivo mejoran directamente la posición de liquidez de la compañía en un momento en que la plata cotiza cerca de máximos históricos —el metal gris superó los 32 dólares por onza en el primer semestre de 2026— pero donde los costos de operación en México han escalado por presión salarial y energética. First Majestic reportó en su último informe trimestral un AISC (all-in sustaining cost) de alrededor de 17 dólares por onza de plata equivalente a nivel consolidado. San Martín, históricamente, operaba por encima de esa línea.
La aritmética es directa: vender un activo que consume más de lo que aporta en márgenes, a un precio que el mercado considera razonable, fortalece el perfil de costo de toda la cartera. First Majestic no está saliendo de México — está reordenando su exposición al país.
Jalisco: el estado que crece en el mapa minero mexicano
La operación pone reflectores sobre Jalisco, un estado que históricamente vivió a la sombra de Sonora y Zacatecas en el mapa minero nacional, pero que en los últimos tres años ha ganado protagonismo. GoGold Resources reportó ingresos récord de 31.1 millones de dólares en el primer trimestre de 2026 desde su proyecto Los Ricos Norte y Sur, también en Jalisco. Endeavour Silver avanza en la construcción de Terronera, con inversión estimada superior a los 200 millones de dólares. El estado aloja un cinturón polimetálico —plata, oro, zinc— que los grandes operadores están apenas comenzando a desarrollar sistemáticamente.
San Martín no es la mina más grande ni la de mayor ley en ese portafolio, pero su cambio de manos marca una señal de mercado: Jalisco está lo suficientemente consolidado como para atraer inversión privada nacional en condiciones de mercado, sin necesidad de subsidios ni permisos extraordinarios. Eso dice algo sobre la madurez del ecosistema minero jalisciense.
El contexto regulatorio local también importa. A diferencia de Zacatecas, donde la violencia relacionada con el crimen organizado ha afectado la operación de algunas minas —y donde el gobierno estatal ha tenido fricciones con operadores internacionales—, Jalisco mantiene un ambiente de inversión relativamente estable. El gobierno de Enrique Alfaro y su sucesor han mantenido canales de diálogo con el sector. Eso reduce la prima de riesgo para un comprador como Flextronics, que no tiene el historial técnico de un operador minero pero sí la capacidad financiera para contratar uno.
El tipo de cambio como variable silenciosa
Hay un elemento macroeconómico que ningún boletín corporativo menciona explícitamente pero que determina la viabilidad de cualquier operación minera en México: el tipo de cambio peso-dólar. En un escenario donde el peso ha mostrado volatilidad ante la incertidumbre arancelaria y las renegociaciones del T-MEC, una mina que vende en dólares pero opera en pesos tiene una cobertura natural que los compradores de activos reales valoran.
Flextronics, como empresa mexicana con costos en pesos, captura ese diferencial de manera directa. Si el dólar se fortalece frente al peso, sus ingresos en dólares por ventas de plata y oro aumentan en términos reales mientras sus costos laborales, energéticos y de mantenimiento permanecen relativamente fijos en moneda local. Esta lógica —la misma que han explotado los grandes exportadores mineros durante décadas— puede ser uno de los motores silenciosos de la transacción.
Banxico mantuvo tasas elevadas durante 2024 para contener la inflación, lo que encareció el crédito para inversión. Pero en 2025 y 2026 la tendencia bajista en tasas ha aliviado el costo financiero de operaciones como ésta. Los 90 millones de dólares que Flextronics desembolsa probablemente incluyen una combinación de capital propio y deuda estructurada a tasas más competitivas que las del ciclo anterior.
Lo que la operación revela sobre el modelo de desinversión canadiense en México
First Majestic no es la única junior o mid-tier canadiense que ha racionalizado activos en México en los últimos 24 meses. El patrón es reconocible: las empresas con múltiples activos en el país identifican uno o dos proyectos que no alcanzarán el umbral de retorno requerido por sus accionistas institucionales en Toronto, y los colocan en el mercado —preferiblemente a compradores con apetito local o interés estratégico sectorial diferente al puramente minero.
Este flujo de desinversiones tiene una consecuencia estructural para México: la minería de mediana escala está pasando gradualmente a manos de capital nacional o de operadores regionales latinoamericanos, mientras los grandes vehículos de capital canadiense concentran sus fichas en los activos de primera línea. Peñasquito (Newmont), Buenavista del Cobre (Grupo México) y Juanicipio (MAG Silver/Fresnillo) no se venden. Los activos marginales, sí.
Para el ecosistema minero mexicano, esa dinámica es doble. Por un lado, abre espacio para que el capital nacional desarrolle capacidades técnicas y gerenciales en minería de mediana escala, algo que el sector ha pedido durante años. Por otro, implica el riesgo de que operaciones que requieren inversión sostenida en exploración y desarrollo queden en manos de propietarios sin el expertise ni el acceso a mercados de capital especializados. La diferencia entre los dos escenarios la determinará, en buena medida, la calidad del equipo técnico que Flextronics contrate en los próximos seis meses.
Noventa millones de dólares compraron una mina. Ahora falta saber si también compraron la capacidad de operarla.

