- Dato clave: Bancos centrales compraron 17 toneladas netas de oro en abril 2025, liderados por Polonia (décima compra en 12 meses) y China (18 meses consecutivos de adiciones)
- Estrategia geopolítica: Polonia y China diversifican reservas lejos del dólar, acumulando oro físico en territorio propio en lugar de bóvedas en Londres y Zúrich
- Tendencia estructural: La descentralización de custodia de oro es un giro estructural, no coyuntural; refleja desconfianza geopolítica y búsqueda de autonomía estratégica
- Contexto global: Suiza pierde su rol histórico como custodio por excelencia del metal precioso soberano ante esta reconfiguración
Los bancos centrales del mundo no solo están comprando oro — están reescribiendo las reglas de dónde lo guardan. Suiza, el custodio histórico por excelencia del metal precioso soberano, está perdiendo terreno frente a una tendencia que combina autonomía estratégica con desconfianza geopolítica. Y los números de abril 2025 lo confirman: después de que los bancos centrales fueron vendedores netos en marzo, volvieron a comprar en abril con una adición de 17 toneladas netas, liderada principalmente por Polonia y China. El giro no es menor. Es estructural.
Polonia y China mandan la señal más clara del año
Poland añadió oro a sus reservas por décima vez en los últimos doce meses. El Banco Nacional de Polonia ha sido uno de los compradores más consistentes de los últimos tres años, con una estrategia explícita de diversificar lejos del dólar y acumular reservas físicas en territorio propio — no en bóvedas londinenses ni en Zurich. China, por su parte, mantiene una secuencia de compras que el Fondo Monetario Internacional ya catalogó como la más extendida de su historia reciente: 18 meses consecutivos de adiciones antes de una pausa táctica, seguida de la reactivación que vemos en abril.
Juntos, Polonia y China representan algo más que dos compradores oportunistas. Representan dos modelos distintos de por qué los bancos centrales están acumulando oro ahora: el europeo del Este, que busca blindarse ante la inestabilidad regional; y el asiático, que reequilibra reservas que históricamente estuvieron demasiado concentradas en deuda del Tesoro estadounidense. Ambas motivaciones apuntan en la misma dirección: menos dependencia del sistema financiero occidental.
El dato de 17 toneladas netas en abril puede parecer modesto frente a los récords de 2022 y 2023 — cuando los bancos centrales compraron más de 1,000 toneladas anuales por primera vez en la historia moderna. Pero el contexto cambia la lectura: viene después de un marzo negativo, en un entorno donde el precio del oro ya superó los 3,100 dólares por onza. Comprar a estos precios no es una operación de oportunidad. Es una declaración de política.
Suiza: el custodio que ya no convence a todos
Durante décadas, la neutralidad suiza fue una garantía implícita: tu oro está aquí, fuera del alcance de sanciones, guerras y conflictos políticos. Esa neutralidad se fracturó — al menos en términos de percepción — cuando Suiza se sumó a las sanciones contra Rusia en 2022. Para muchos bancos centrales emergentes, ese movimiento redefinió qué significa “seguridad” en la custodia de reservas.
La consecuencia práctica ha sido un movimiento gradual pero sostenido de repatriaciones. Alemania completó la suya en 2017. Países Bajos trasladó reservas. Polonia anunció públicamente que prefiere tener su oro dentro de sus fronteras. Hungría repatrió 100 toneladas en 2021. El patrón es claro: los bancos centrales europeos que históricamente confiaban en Suiza y en el Banco de Inglaterra como custodios externos están reconsiderando ese modelo.
No es que Suiza haya hecho algo mal en términos operativos — el Banco Nacional Suizo sigue siendo una institución de primer orden. El problema es que la neutralidad suiza dejó de ser percibida como absoluta, y en el negocio de la custodia de reservas, la percepción vale tanto como la realidad. Un banco central que duda de si su oro estará disponible en cualquier escenario geopolítico simplemente mueve el metal.
La geografía del oro soberano se está redibujando
El World Gold Council ha documentado esta tendencia con claridad: los bancos centrales de mercados emergentes son hoy los compradores marginales dominantes del mercado. Turquía, India, Qatar, Kazajistán, Uzbekistán — todos han acelerado sus compras en los últimos tres años. Y la mayoría almacena cada vez más en territorio propio, no en las plazas tradicionales de custodia occidental.
China es el caso extremo. El Banco Popular de China declara reservas de oro que los analistas del mercado estiman como significativamente subestimadas. La razón es estructural: China acumula oro a través de canales que no siempre aparecen en los reportes inmediatos al FMI. Lo que sí es claro es que una fracción mínima de ese metal está en Suiza o en Londres. El oro chino es, en su mayoría, oro que China controla directamente.
Para el mercado de futuros en COMEX y para el mercado de lingotes en Londres, esta reconfiguración tiene implicaciones de liquidez que el mercado todavía está digiriendo. El oro que entra a bóvedas de bancos centrales en Varsovia, Pekín o Mumbai no regresa al mercado secundario con la misma facilidad que el oro en custodia institucional en centros financieros occidentales. En términos prácticos, es oro que sale del float disponible. Y eso presiona el precio al alza de manera estructural.
El precio responde a una demanda que no es cíclica
El rally del oro en 2024 y 2025 se ha explicado con múltiples narrativas: inflación, dolarización, tensiones geopolíticas, demanda especulativa. Todas son parcialmente correctas. Pero la que tiene mayor permanencia es la demanda de bancos centrales, porque no responde a ciclos de tasas ni a apetito de riesgo. Responde a decisiones de política soberana que se mantienen durante años.
El WGC estima que los bancos centrales representaron el 24% de la demanda total de oro en 2024 — el nivel más alto registrado como proporción. Cuando un actor que no es sensible al precio acapara una cuarta parte de la demanda de un activo, el mecanismo de formación de precio cambia. El piso sube. Las correcciones se amortiguan. El metal se comporta más como un activo de reserva soberano que como una materia prima cíclica.
Abril confirma esa lógica. Después de la pausa de marzo — que fue más una pausa táctica que un cambio de tendencia — los compradores volvieron incluso con el precio en niveles históricos. Polonia y China no esperaron una corrección. Compraron al precio de mercado porque su objetivo no es maximizar retornos de corto plazo: es acumular reservas que no dependan de ningún banco central occidental para ser convertibles.
Qué significa esto para los productores latinoamericanos
Para las operaciones de oro en la región — desde Peñasquito en Zacatecas hasta Yanacocha en Perú y Pueblo Viejo en República Dominicana — el contexto de demanda estructural de bancos centrales es la mejor noticia de mediano plazo posible. No porque esos productores vendan directamente a bancos centrales, sino porque el piso de precio que construye esa demanda cambia la ecuación de inversión de cada proyecto.
Un precio del oro sostenido por encima de los 3,000 dólares por onza no solo mejora márgenes operativos. Cambia los umbrales de viabilidad para proyectos de mayor costo o menor ley. En términos prácticos, significa que depósitos que eran marginales a 1,800 dólares por onza ahora generan retornos que justifican inversión de capital. Eso es lo que está pasando en la exploración latinoamericana en este momento: proyectos que estaban archivados están siendo reconsiderados.
La reconfiguración geopolítica del almacenamiento de reservas de oro también abre una discusión que Latinoamérica tiene pendiente: la de dónde guarda el oro que produce. México, como noveno productor mundial, exporta prácticamente toda su producción refinada. La conversación sobre refinación local y retención de valor agregado nunca ha tenido mejores condiciones de precio para avanzar.
Suiza está perdiendo brillo. Los que compran oro soberano ya no buscan neutralidad — buscan control. Y esa diferencia, pequeña en apariencia, está moviendo toneladas de metal y redefiniendo los flujos de un mercado que muchos analistas siguen leyendo con los mapas del siglo pasado.

