- Meta de producción: 2,500 toneladas métricas de níquel y 250 toneladas de cobalto para junio 2024
- Impacto del desastre: Ciclón Dikeledi con vientos >200 km/h afectó directamente infraestructura en Moramanga
- Capacidad de respuesta: Recuperación en 4 meses (febrero-junio) versus historial de pausas prolongadas (2019)
- Perspectiva global: Reactivación relevante para mercado que consumió 3.4 millones de toneladas de níquel en 2024
Ambatovy vuelve a producir. Cuatro meses después de que el ciclón Dikeledi golpeara su infraestructura en febrero, la operación de níquel y cobalto más grande de Madagascar retoma actividades con una meta de 2,500 toneladas métricas de níquel y 250 toneladas de cobalto para junio. Las cifras no parecen espectaculares en el contexto de un mercado global que consumió cerca de 3.4 millones de toneladas de níquel en 2024, pero el regreso de Ambatovy importa por razones que van más allá del volumen mensual.
- Un reinicio que el mercado no esperaba tan pronto
- Qué es Ambatovy y por qué su tamaño aún sorprende
- El níquel en 2025: mercado bajo presión, oferta en transformación
- Cobalto: el subproducto que puede cambiar la ecuación
- La vulnerabilidad que este reinicio no resuelve
- Lo que el mercado africano de níquel mira en este reinicio
Un reinicio que el mercado no esperaba tan pronto
El ciclón Dikeledi cruzó Madagascar en los primeros días de febrero con vientos que superaron los 200 km/h. Las instalaciones de Ambatovy, ubicadas cerca de Moramanga en la región de Alaotra-Mangoro, recibieron el impacto directo. La interrupción de operaciones en una planta de procesamiento hidro-metalúrgico de esta escala no se resuelve en semanas: involucra reparación de ductos, restauración de equipos de presión, revisión de circuitos de lixiviación a presión y verificación de integridad estructural en un entorno tropical que complica la logística.
Que Ambatovy esté produciendo en junio, cuatro meses después del evento, habla de una capacidad de respuesta que sus operadores no siempre han demostrado en el pasado. La planta tiene historial de interrupciones prolongadas — en 2019 estuvo parada varios meses por problemas técnicos y financieros. Esta vez, la recuperación parece más ordenada.
La meta de 2,500 toneladas de níquel para junio equivale a una tasa mensual que, si se sostiene, proyectaría una producción anual cercana a 30,000 toneladas. Eso está lejos de la capacidad nominal de diseño de la planta — originalmente concebida para 60,000 toneladas anuales de níquel —, pero es una señal operativa real, no una promesa de relaciones públicas.
Qué es Ambatovy y por qué su tamaño aún sorprende
Ambatovy es uno de los proyectos de níquel-cobalto más grandes y más complejos del mundo. Opera bajo un modelo de extracción de lateritas — el tipo de depósito que domina las reservas tropicales de níquel — mediante lixiviación ácida a presión, conocida en la industria como HPAL (High Pressure Acid Leach). La tecnología HPAL es cara, técnicamente difícil y sensible a variaciones en la composición del mineral, pero es la única ruta eficiente para lateritas de bajo grado con contenido significativo de cobalto.
El proyecto fue desarrollado originalmente por Sherritt International, Sumitomo Corporation y Korea Resources Corporation con una inversión total que superó los US$8,000 millones — una de las apuestas de capital más grandes en la historia de la minería africana de níquel. La deuda asociada y la caída sostenida del precio del níquel entre 2014 y 2016 generaron una crisis financiera que nunca se resolvió del todo. Sherritt lleva años intentando reestructurar su participación. La operación continúa bajo tensión financiera estructural.
Aun así, cuando funciona, Ambatovy produce níquel de clase I — pureza superior al 99.8% — apto para aplicaciones en baterías y acero inoxidable. En el contexto de la cadena de suministro de vehículos eléctricos, ese grado de pureza tiene valor específico.
El níquel en 2025: mercado bajo presión, oferta en transformación
El regreso de Ambatovy ocurre en un mercado de níquel que atraviesa uno de sus momentos más complejos en décadas. Indonesia consolidó su posición como productor dominante: genera hoy más del 50% del níquel mundial, fundamentalmente a través de operaciones de Nickel Pig Iron (NPI) y un creciente pipeline de plantas HPAL construidas con capital chino. Esa expansión masiva deprimió los precios desde 2023 y empujó a varios productores fuera de Indonesia hacia cierres temporales o permanentes.
El níquel en el London Metal Exchange cotizó en torno a los US$15,000-16,000 por tonelada a mediados de 2025, muy lejos de los US$48,000 que alcanzó brevemente en marzo de 2022 durante el famoso short squeeze que paralizó el LME por dos días. Para una operación como Ambatovy, con costos de producción elevados por la naturaleza del proceso HPAL y la logística insular de Madagascar, el margen operativo es estrecho.
Aquí está la tensión central del proyecto: produce níquel de alta pureza, el tipo que necesitan las baterías de vehículos eléctricos, pero lo hace a un costo que difícilmente compite con el níquel indonesio en el mercado spot. La apuesta implícita es que la demanda de níquel de clase I crecerá lo suficientemente rápido como para sostener una prima de precio que justifique los costos de Ambatovy. Por ahora, esa prima no es tan consistente como los productores africanos quisieran.
Cobalto: el subproducto que puede cambiar la ecuación
Las 250 toneladas de cobalto previstas para junio no son un detalle menor. El cobalto sigue siendo un metal crítico para la química de baterías NMC (níquel-manganeso-cobalto), aunque la industria automotriz trabaja activamente en reducir su contenido por razones de costo y riesgo geopolítico — más del 70% del cobalto mundial sale de la República Democrática del Congo.
Madagascar no es el Congo, y eso tiene valor en las cadenas de suministro que buscan diversificación geográfica. Los compradores europeos y norteamericanos de materiales para baterías miran con creciente interés cualquier fuente de cobalto que no esté vinculada a la minería artesanal del Congo ni a la cadena de procesamiento china que domina ese flujo.
Si Ambatovy logra certificar sus productos bajo estándares de trazabilidad ESG — algo que las regulaciones de debida diligencia de la Unión Europea comienzan a exigir — podría posicionarse como proveedor preferido para fabricantes de baterías que necesitan demostrar origen responsable. Esa diferenciación no está garantizada, pero es la palanca estratégica más viable que tiene la operación en el mercado actual.
La vulnerabilidad que este reinicio no resuelve
El reinicio de junio confirma resiliencia operativa. No resuelve los problemas estructurales que rodean a Ambatovy desde hace una década. La situación financiera de Sherritt International, el accionista canadiense más expuesto al proyecto, sigue siendo delicada. La compañía ha negociado múltiples reestructuraciones de deuda y su capitalización bursátil no refleja el valor nominal de los activos que opera.
Madagascar, por su parte, presenta riesgos país que los inversionistas institucionales pesan con cuidado: inestabilidad política recurrente, infraestructura limitada, exposición a ciclones tropicales — Dikeledi no es el primero ni será el último en afectar operaciones — y un marco regulatorio que ha tenido fricciones con operadores extranjeros en distintos momentos.
La inversión inicial de más de US$8,000 millones nunca generó los retornos proyectados. Eso no implica que el activo carezca de valor futuro — implica que el umbral de rentabilidad requiere precios de níquel sostenidos por encima del nivel actual y una ejecución operativa consistente que la planta no ha demostrado de manera ininterrumpida.
Lo que el mercado africano de níquel mira en este reinicio
Ambatovy no opera en el vacío regional. África alberga reservas de níquel de laterita significativas en países como Tanzania, Zimbabwe y Mozambique, aunque ningún proyecto en el continente alcanza la escala de la operación malgache. El reinicio exitoso de Ambatovy — si logra escalar producción hacia su capacidad nominal en los próximos trimestres — enviará una señal a los desarrolladores que evalúan proyectos HPAL en contextos tropicales complejos: la tecnología funciona, pero el camino es largo y costoso.
Para los analistas que siguen el pipeline de níquel-cobalto africano, la variable a monitorear no es la producción de junio. Es la tasa de rampa entre julio y diciembre, y si Ambatovy puede sostener operación continua sin otra interrupción mayor. Una planta HPAL que opera al 40-50% de su capacidad nominal durante doce meses consecutivos ya sería un logro significativo dado el historial del proyecto.
El ciclón golpeó en febrero y la producción regresa en junio. El activo sobrevive. La pregunta que vale la pena hacerse es cuántos ciclones más — físicos y financieros — puede absorber Ambatovy antes de que sus accionistas decidan que el esfuerzo ya no justifica la exposición.

