Rio Tinto quiere más de Los Azules. La noticia por sí sola reordena la jerarquía de los proyectos de cobre en desarrollo en Latinoamérica: la mayor minera diversificada del mundo negocia incrementar su participación del 17,2% en McEwen Copper, la subsidiaria que controla el depósito de San Juan. No es una exploración de opciones financieras — es una señal de convicción sobre un activo que el mercado ya valúa por encima de los 3,000 millones de dólares en inversión proyectada.
El proyecto que Rio Tinto no quiere soltar
Los Azules no es una promesa en papel. Es un depósito de cobre de sulfuros primarios ubicado en la Cordillera de los Andes, en el departamento de Calingasta, provincia de San Juan, a más de 4,000 metros sobre el nivel del mar. McEwen Mining, a través de su subsidiaria McEwen Copper, completó en 2023 un Estudio de Prefactibilidad actualizado que estimó un NPV después de impuestos de aproximadamente 2,700 millones de dólares a un precio del cobre de 3,75 dólares por libra. Con el cobre cotizando actualmente por encima de los 4,50 dólares en el LME, ese número se ve considerablemente más conservador.
La geometría del depósito es lo que lo vuelve irresistible para una empresa como Rio Tinto. Los Azules alberga recursos indicados de más de 10,900 millones de libras de cobre equivalente. El plan de minería contempla una operación a cielo abierto de vida larga — horizonte de más de 25 años — con producción anual proyectada que lo colocaría entre los diez mayores productores de cobre del mundo cuando alcance su capacidad nominal. Para una compañía que cerró la puerta a la propuesta de Anglo American el año pasado pero que necesita recargar su pipeline de cobre, este activo cumple exactamente con el perfil que su directorio busca.
Lo que significa escalar del 17,2%
Rio Tinto entró al capital de McEwen Copper en 2023 con una inversión inicial que le dio ese 17,2% de participación. No fue una apuesta menor — fue una posición estratégica calculada para mantener acceso a un activo que no estaba disponible en el mercado abierto. Ahora, las conversaciones apuntan a aumentar esa participación. La pregunta relevante no es si lo harán, sino a qué precio y qué porcentaje les da el control operacional que realmente buscan.
McEwen Copper tiene una estructura de capital que incluye a otros accionistas institucionales, entre ellos Stellantis, el grupo automotriz que ingresó en 2022 con 155 millones de dólares buscando asegurar suministro de cobre para su transición a vehículos eléctricos. Cualquier dilución o recompra de participaciones involucra una negociación multilateral. Rio Tinto no puede simplemente comprar en mercado — necesita negociar directamente con McEwen Mining y eventualmente con los otros socios.
El movimiento también tiene una lógica defensiva. Si Los Azules avanza a construcción en los próximos dos o tres años — y la administración del proyecto mantiene ese objetivo para 2026 como fecha de Decisión Final de Inversión — quien no tenga una posición significativa antes de ese hito pagará una prima considerablemente mayor después. Rio Tinto lo sabe mejor que nadie.
San Juan en el centro de la ecuación
Argentina no tiene actualmente el mismo peso en cobre que Chile o Perú, pero eso está cambiando. San Juan concentra tres de los proyectos de cobre más relevantes del pipeline latinoamericano: Los Azules, Josemaría (Lundin Mining) y el proyecto MARA, el resultado de la fusión de activos de Glencore y Yamana Gold que hoy controla Agnico Eagle tras su adquisición de Yamana en 2022.
Josemaría completó su Estudio de Factibilidad y está buscando financiamiento para una inversión que supera los 4,000 millones de dólares. MARA, con recursos superiores a los 12,000 millones de libras de cobre equivalente, enfrenta complejidades de gobernanza y financiamiento que retrasan su avance. Los Azules, en contraste, tiene un accionista industrial como Stellantis que aporta credibilidad estratégica, un equipo técnico sólido, y ahora la posible entrada ampliada de la minera más grande del mundo por capitalización de mercado.
La provincia de San Juan lleva años construyendo un marco regulatorio minero que es referencia en Argentina: regalías competitivas, relaciones comunitarias estructuradas y acceso a infraestructura energética que, si bien insuficiente para las escalas proyectadas, tiene planes de expansión concretos. El gobierno provincial de Marcelo Orrego ha sido activo en la promoción de los tres proyectos a nivel federal e internacional.
El RIGI como catalizador real
El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones, aprobado en 2024 bajo la administración Milei, cambia el cálculo fiscal de proyectos como Los Azules de manera sustancial. El RIGI ofrece estabilidad tributaria por 30 años, reducción de aranceles para importación de equipos, y — lo más relevante para un inversionista extranjero — libre disponibilidad y remisión de divisas al exterior. Para Rio Tinto, cuya tesorería y estrategia de dividendos operan en dólares australianos y libras esterlinas, la certeza cambiaria vale tanto como el NPV del proyecto.
Los Azules aún no ha confirmado formalmente si adhiere al RIGI, pero el marco está diseñado exactamente para proyectos de esta escala y perfil de inversión. Una decisión positiva de adhesión, combinada con la entrada ampliada de Rio Tinto, podría ser el catalizador que acelere la línea de tiempo hacia la Decisión Final de Inversión. El mercado financiero lo leería de esa manera.
Lo que Rio Tinto construye más allá de Los Azules
El interés de Rio Tinto en incrementar su posición no ocurre en el vacío. La compañía está en un proceso activo de reconfiguración de su portafolio hacia metales críticos. La ORA Resources en Australia, los proyectos de litio en Serbia y en la cuenca de Roca Dura, y la expansión en hierro en Pilbara coexisten con una búsqueda sistemática de cobre de clase mundial. La frustrada operación con Anglo American el año pasado dejó clara la intención: Rio Tinto quiere escalar en cobre, y rápido.
Los Azules encaja en ese mandato estratégico con precisión. Es un depósito de escala mundial, en una jurisdicción con marco legal mejorado, en una etapa donde todavía es posible entrar con prima razonable antes de que el riesgo de desarrollo esté completamente resuelto. Para un balance con más de 12,000 millones de dólares en liquidez disponible, la inversión adicional requerida para escalar en McEwen Copper es completamente manejable.
El pipeline de cobre de Latinoamérica tiene un nuevo árbitro
Si Rio Tinto cierra un acuerdo para ampliar su participación en Los Azules, el efecto de señal en el resto del pipeline latinoamericano de cobre será inmediato. Josemaría, MARA y proyectos en etapas más tempranas en Chile y Ecuador recibirán atención renovada de inversionistas institucionales que interpretan el movimiento de Rio Tinto como validación de la región.
Para Argentina específicamente, la entrada profundizada de la mayor minera diversificada del mundo en su proyecto de cobre más avanzado sella una narrativa que el gobierno de Milei ha buscado construir desde el primer día: el país está de regreso en el mapa de la inversión minera de largo plazo. Los números de Los Azules — NPV, tonelaje, vida útil — ya convencían en el papel. Que Rio Tinto quiera más del activo convence a quienes necesitan que alguien más lo certifique primero.
La Decisión Final de Inversión de Los Azules es el hito que moverá la aguja. Todo lo que ocurre antes — incluyendo esta negociación — está construyendo las condiciones para que esa decisión sea afirmativa y, cuando llegue, inevitable.

