PSJ Cobre Mendocino contrató a Royal Bank of Canada (RBC) como asesor para ordenar el financiamiento de un proyecto de cobre y oro estimado en US$630 millones. La decisión coloca al activo en una fase más exigente: pasar del permiso al dinero, y del dinero a la obra.
- De San Jorge a PSJ Cobre Mendocino: un relanzamiento con calendario apretado
- La Legislatura ya dio el sí, pero el debate social sigue vivo
- US$630 millones: qué refleja el nuevo número
- RIGI: el anzuelo fiscal que busca acelerar decisiones
- Geología, proceso y escala: un proyecto mediano con ambición de primera línea
- Por qué RBC importa más allá del nombre
- Mendoza y el “caso test” para la minería argentina
- El cobre como narrativa de transición, y el reto de demostrarlo en campo
- Lo que sigue: decisiones financieras, control público y ejecución impecable
El equipo directivo busca definir la estructura de fondeo entre propuestas que ya llegaron a la mesa. Ese trabajo ocurre mientras la compañía termina ingeniería y actualiza números que ya venían bajo presión por costos de construcción.
El proyecto también carga con un simbolismo especial para Argentina. Mendoza, una provincia más asociada al vino y al turismo de montaña, discute desde hace años cómo habilitar minería metalífera con reglas estrictas y aceptación social.
De San Jorge a PSJ Cobre Mendocino: un relanzamiento con calendario apretado
El emprendimiento nació como “San Jorge” y hoy opera bajo la marca PSJ Cobre Mendocino. La sociedad reúne capital suizo, vía Zonda Metals, y un socio argentino, Alberdi Energy, a través de Minera San Jorge.
La empresa ubica el corazón del proyecto en la zona de Uspallata, en el departamento Las Heras. El distrito convive con una sensibilidad alta por el agua, un tema que define la política mendocina desde hace décadas.
Ese contexto obliga a cualquier promotor a mostrar trazabilidad ambiental y trazabilidad financiera. La llegada de RBC apunta a lo segundo, pero termina impactando en lo primero, porque la banca exige estándares, controles y reportabilidad.
La Legislatura ya dio el sí, pero el debate social sigue vivo
En diciembre de 2025, la Legislatura de Mendoza aprobó la Declaración de Impacto Ambiental del proyecto. Ese aval rompió una inercia de más de dos décadas sin proyectos metalíferos de gran escala con aprobación legislativa en la provincia.
La votación también dejó huella política. Distintos actores la leyeron como una señal a inversores, con la promesa de reglas más estables y un marco que reduzca giros bruscos en futuras administraciones.
Aun así, la discusión pública no se apagó. En la calle aparecieron protestas con un mensaje directo sobre el agua, y ese clima forma parte del riesgo real que el financiamiento debe incorporar.
US$630 millones: qué refleja el nuevo número
Los montos del proyecto cambiaron con el tiempo. Varias referencias públicas ubicaban la inversión alrededor de US$559 millones, pero la compañía y medios locales ya hablan de una actualización a US$630 millones.
La diferencia no sorprende en el ciclo actual. La inflación de insumos, la logística y el CAPEX de obras industriales empujan presupuestos en toda la región, incluso antes de cerrar contratos.
El ajuste también obliga a mayor sofisticación financiera. Cuando un proyecto sube de tamaño, la estructura típica mezcla capital, deuda y acuerdos comerciales, y cada componente exige condiciones específicas.
RIGI: el anzuelo fiscal que busca acelerar decisiones
En paralelo, PSJ Cobre Mendocino presentó su solicitud para incorporarse al Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI). El esquema ofrece estabilidad y beneficios para proyectos que prometen montos relevantes y cronogramas verificables.
El atractivo principal se concentra en certezas de largo plazo. La normativa contempla, entre otros puntos, estabilidad por décadas, alivios impositivos, y reglas más flexibles para comercio exterior, según la cobertura disponible.
La empresa afirma que consolida ingeniería de detalle, planificación financiera, modelo operativo y programas de sostenibilidad para iniciar construcción hacia finales de 2026. Ese objetivo depende de dos ventanillas: la evaluación del RIGI y el cierre del financiamiento.
Geología, proceso y escala: un proyecto mediano con ambición de primera línea
La información técnica pública describe un yacimiento tipo pórfido con cobre y oro, con zonas de óxidos y sulfuros. El plan considera una mina a cielo abierto por etapas y una producción objetivo que ronda 40,000 toneladas anuales de cobre fino contenido en concentrado.
El horizonte de vida de mina suele aparecer en el rango de 16 años, con posibilidades de extensión. En algunos reportes también figura oro asociado, un componente que ayuda a mejorar el perfil económico cuando el mercado acompaña.
La empresa destaca el cumplimiento de la Ley 7722, una referencia inevitable en Mendoza. Ese marco condiciona reactivos y métodos, y empuja a un discurso técnico que no deje cabos sueltos.
Por qué RBC importa más allá del nombre
Un banco global no garantiza el cierre de fondos, pero sí cambia el estándar de la conversación. RBC puede ordenar un proceso competitivo, exigir consistencia documental y empujar una narrativa creíble para financiadores que miran Argentina con lupa.
En mi análisis, la señal más potente no radica en la asesoría en sí, sino en el momento elegido. PSJ mueve la pieza cuando ya consiguió aprobación ambiental provincial y cuando busca beneficios nacionales del RIGI.
Eso reduce incertidumbre regulatoria, pero no la elimina. El mercado todavía pesa el riesgo país, la estabilidad macro y la continuidad política de los incentivos.
Mendoza y el “caso test” para la minería argentina
Argentina quiere volver al mapa del cobre con proyectos en varias provincias. San Juan, Catamarca, Salta y Jujuy concentran parte del portafolio, pero Mendoza destaca por su historial de tensión social y normativa estricta.
Por eso, PSJ Cobre Mendocino funciona como caso test. Si el proyecto logra avanzar con licencia social, control ambiental robusto y financiamiento cerrado, la provincia gana un argumento para atraer exploración y proveedores.
La economía local también mira el impacto. La construcción suele movilizar empleo, servicios y compras, y la operación sostiene cadenas de mantenimiento, transporte y energía, siempre que la empresa cumpla compromisos de contratación y derrama.
El cobre como narrativa de transición, y el reto de demostrarlo en campo
El cobre aparece en todos los discursos de electrificación, redes y energías limpias. Esa narrativa ayuda, pero no reemplaza el trabajo fino en territorio, sobre todo en zonas donde el agua define identidad y producción.
La empresa intenta amarrar su relato a sostenibilidad y transparencia, con promesas de estándares y programas sociales. El desafío real empieza cuando la conversación baja a rutas, polvo, camiones, empleo local y monitoreo hídrico.
Aquí conviene decirlo sin romanticismo: la minería puede convivir con economías regionales si respeta límites y si reporta con datos. En Mendoza, ese principio no admite atajos, porque la sociedad ya mostró su capacidad de frenar proyectos.
Lo que sigue: decisiones financieras, control público y ejecución impecable
La contratación de RBC sugiere que PSJ quiere acelerar definiciones. El cronograma hacia una potencial construcción a fines de 2026 exige hitos consecutivos, sin tropiezos legales ni técnicos.
El Estado nacional, con el RIGI, ofrece una palanca para mejorar el atractivo inversor. La provincia, con su marco ambiental, marca el perímetro operativo y el costo de incumplir.
En ese cruce, PSJ Cobre Mendocino juega su partido más difícil. El proyecto ya consiguió una aprobación clave, pero ahora necesita demostrar que puede financiar, construir y operar con credibilidad sostenida.

