El precio del oro avanzó este viernes y se acercó a su mejor nivel en casi un mes. El mercado reaccionó a un repunte de la aversión al riesgo. Las fricciones entre Estados Unidos e Irán volvieron a dominar el ánimo financiero.
El metal operó como refugio ante la incertidumbre en Medio Oriente. Las conversaciones nucleares se extendieron, pero no entregaron un acuerdo. Omán, que media el diálogo, habló de avances. Aun así, la jornada terminó sin un “quiebre” que desactive el escenario de escalamiento.
En esa mezcla de señales, el oro encontró apoyo adicional en el mercado de bonos. El rendimiento del Treasury a 10 años bajó a mínimos de tres meses. Cuando caen las tasas, el oro compite mejor. El metal no paga interés y su costo de oportunidad se reduce.
En operaciones de la mañana, el oro al contado rondó los 5,238 dólares por onza, con una ganancia cercana a 1%. Los futuros en Estados Unidos también subieron y se colocaron alrededor de 5,254 dólares. El movimiento lo dejó en ruta de cerrar febrero con un alza cercana a 7.6%.
La tensión no se limitó a titulares. La embajada de Estados Unidos en Jerusalén autorizó la salida de personal no esencial y familiares. Esa decisión suele influir en la lectura de riesgo regional. También alimenta coberturas de fin de semana. ¿Quién quiere llegar al lunes sin protección?
El mercado también miró a la Reserva Federal, aunque sin una conclusión clara. Un dato de precios al productor en Estados Unidos sorprendió al alza. Eso reabre dudas sobre la trayectoria de inflación. Aun así, los operadores mantuvieron apuestas de recorte hacia mitad de año.
La referencia más seguida para ese pulso viene de CME FedWatch. La herramienta resume probabilidades implícitas en futuros de fed funds. Reuters reportó que el mercado asignó cerca de 42% a un recorte de 25 puntos base en junio. Ese número cambia a diario, pero hoy marcó el tono.
El salto del oro no llegó solo. La plata subió con fuerza y se movió alrededor de 93.67 dólares por onza. El avance semanal y mensual reforzó el apetito por metales preciosos en bloque. El platino y el paladio también ganaron terreno en la sesión.
El canal energético ayudó a explicar el nerviosismo. El petróleo subió cerca de 3% durante la jornada. Los operadores volvieron a poner precio al riesgo de interrupciones. El foco se mantuvo en la negociación Washington-Teherán y en la posibilidad de acción militar.
Reuters añadió un dato que pesa en la prima geopolítica. Cerca de 20% del suministro global de crudo transita por el Estrecho de Ormuz. Por eso, incluso una amenaza difusa mueve coberturas. Al Jazeera también detalló el valor logístico del paso y el impacto potencial en flujos energéticos.
Este contexto ofrece una lectura útil sobre el repunte del oro. A mi juicio, el mercado usa dos brújulas al mismo tiempo. Una señala el riesgo geopolítico inmediato. La otra apunta a tasas más bajas y a un ciclo monetario menos restrictivo. Cuando ambas coinciden, el metal suele brillar.
La demanda estructural también aporta soporte. El World Gold Council reportó que la demanda total de oro en 2025 superó 5,000 toneladas por primera vez. El mismo informe habló de 53 nuevos máximos históricos durante el año. El organismo también registró compras relevantes de bancos centrales y un fuerte retorno de los flujos hacia ETFs.
Ese telón de fondo importa para la industria minera. El oro no solo funciona como activo financiero. También sostiene inversión productiva en exploración, operación y servicios. Cuando el precio se mantiene alto, más proyectos alcanzan rentabilidad. Eso no borra retos ambientales, pero sí abre espacio para mejores estándares.
México aparece en esa conversación con peso propio. El USGS estimó una producción minera de oro de 130 toneladas en 2024. El mismo cuadro asignó reservas de 1,400 toneladas al país. En términos prácticos, ese volumen mantiene empleo, compras locales y cadenas de proveeduría.
En estados como Sonora, Zacatecas y Guerrero, la economía regional siente los ciclos del metal. Un mejor precio puede traducirse en más derrama para contratistas y transporte. También puede impulsar presupuestos de seguridad y mantenimiento. El efecto real depende de costos, tipo de cambio y permisos.
Aquí conviene una precisión. Un precio alto no garantiza márgenes altos. La minería paga electricidad, diésel, explosivos y logística. Esos costos se mueven con la energía y con la inflación. Cuando el petróleo sube por riesgo en Medio Oriente, parte del beneficio del oro se erosiona.
También influye la demanda física, sobre todo desde Asia. Reuters reportó un aumento mensual cercano a 69% en importaciones netas de oro vía Hong Kong hacia China en enero. Ese dato suele alimentar la narrativa de soporte por consumo y por compras institucionales.
El reto para el mercado consiste en separar impulso emocional y fundamento. Si el frente diplomático reduce tensión, el oro puede ceder parte del premio. Si los rendimientos rebotan, el metal enfrenta otro viento en contra. Pero si el riesgo persiste y las tasas bajan, el soporte se vuelve más consistente.
En el corto plazo, el precio seguirá sensible a titulares. La extensión de las pláticas y el despliegue militar elevan el rango de escenarios. Eso empuja coberturas, sobre todo antes del fin de semana. Por eso, los movimientos lucen más abruptos que en semanas tranquilas.
Para México, el episodio deja una idea clara. Cuando el mundo busca refugio, los metales preciosos ganan protagonismo. Eso puede favorecer a la minería formal, la que cumple reglas y deja inversión en comunidades. El desafío consiste en convertir un buen ciclo de precios en productividad, trazabilidad y aceptación social.

