El oro abrió la jornada con tono firme y una explicación clara detrás. Los inversionistas buscaron refugio ante la incertidumbre arancelaria de Estados Unidos. También siguieron de cerca el pulso geopolítico con Irán.
A media mañana en Londres, el oro al contado avanzó 0.2% y se ubicó en 5,182.18 dólares por onza. En paralelo, los futuros en Estados Unidos para abril retrocedieron 0.5% a 5,198.70 dólares. La combinación sugiere compras defensivas, pero también toma de utilidades.
El mercado además miró al dólar, que cedió terreno durante la sesión. Cuando el billete verde se debilita, el oro suele ganar atractivo para compradores con otras divisas. Ese canal no explica todo, pero sí aporta inercia.
Refugio en medio de aranceles
La política comercial volvió a ocupar el centro del tablero. El representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, dijo que algunos aranceles subirán a 15% o más. El funcionario evitó nombres y detalles finos. Esa falta de precisión suele alimentar la cautela.
El oro responde bien cuando el mercado percibe ruido en las reglas del juego. Los aranceles no solo alteran cadenas de suministro. También reavivan el debate sobre inflación y crecimiento. Ese cóctel empuja a muchos portafolios hacia activos defensivos, aunque el precio ya corra alto.
La propia trayectoria reciente respalda esa lectura. El metal alcanzó un máximo histórico de 5,594.82 dólares el 29 de enero. En lo que va del año, el avance ronda 20%. Con esos números, cada titular geopolítico pesa más de lo habitual.
En mi opinión, el nivel del precio importa tanto como la noticia del día. Cuando el oro opera cerca de récords, los compradores exigen justificaciones constantes. La incertidumbre arancelaria hoy ofrece esa justificación, sin necesidad de un shock mayor.
El foco en Ginebra y el riesgo geopolítico
El mercado también ajustó posiciones por las conversaciones entre Estados Unidos e Irán. El enviado Steve Witkoff y Jared Kushner se reunirán con una delegación iraní para una tercera ronda en Ginebra. La agenda gira en torno al expediente nuclear.
El tema escaló en el discurso político reciente en Washington. Donald Trump mencionó brevemente la posibilidad de un ataque contra Irán en su mensaje del estado de la Unión. También insistió en que no permitiría armas nucleares en Teherán. Ese lenguaje tiende a elevar primas de riesgo.
Aquí conviene recordar por qué el oro reacciona ante la geopolítica. El metal no paga intereses. Aun así, mantiene demanda cuando crece la aversión al riesgo. El Fondo Monetario Internacional ha explicado que el oro gana atractivo cuando caen las tasas reales. Esa dinámica reduce el “costo de oportunidad” de mantenerlo.
La demanda oficial también entra en juego. Informes y análisis del BIS han señalado que bancos centrales compran oro para diversificar y cubrir riesgos geopolíticos. El dato no marca el precio del día, pero sí ayuda a entender el piso psicológico.
Datos en puerta y señales mixtas en metales
El calendario macroeconómico mantuvo a los operadores atentos. Más tarde, el gobierno de Estados Unidos publicará las solicitudes semanales de subsidio por desempleo. Un dato sorpresivo puede mover al dólar y a las expectativas de tasas. Eso suele filtrarse al oro casi de inmediato.
En el resto del complejo de metales preciosos, el tablero mostró contrastes. La plata cayó 2.2% a 87.43 dólares por onza. El platino se mantuvo prácticamente estable en 2,286.44 dólares. El paladio bajó 1.3% a 1,772.25 dólares.
La caída de la plata llama la atención por su doble naturaleza. Muchos la compran como metal precioso, pero la industria también la consume. Cuando el mercado duda sobre crecimiento, la plata a veces sufre más que el oro. Hoy, esa divergencia refuerza el mensaje de refugio selectivo.
Qué significa para México y para la minería
Un repunte del oro tiene lectura financiera, pero también industrial. El precio marca ingresos potenciales para productores, regalías donde aplican y recaudación ligada a utilidades. También influye en presupuestos de exploración, contratación de servicios y planes de inversión.
México juega un papel relevante en esa cadena. El USGS estimó producción minera de oro en México en torno a 130 toneladas en 2024. Esa escala coloca al país dentro del grupo de productores importantes. El dato además ayuda a explicar por qué el mercado local sigue estas variaciones con lupa.
El vínculo con Estados Unidos aparece incluso en flujos comerciales de metales. El USGS reportó a México como una de las principales fuentes de doré para importaciones estadounidenses en años recientes. Eso subraya la integración regional de la industria.
En la práctica, precios elevados tienden a mejorar márgenes si los costos energéticos y logísticos no se disparan al mismo ritmo. También incentivan proyectos de ampliación, siempre que permisos y aceptación social acompañen. En México, ese equilibrio pasa por estándares ambientales, gestión del agua y diálogo comunitario, temas que ya forman parte del escrutinio cotidiano.
Aquí vale decir algo que a veces se pierde en la conversación pública. La minería moderna puede generar cadenas de valor locales cuando opera con reglas claras. Contratistas, transporte, mantenimiento, laboratorios, ingeniería y proveeduría regional se benefician. El reto consiste en sostener ese derrame con cumplimiento estricto y transparencia.
El día de hoy no ofreció un catalizador único, sino varios empujes medianos. Aranceles con detalles incompletos, dólar más débil y una negociación sensible en Ginebra. Con ese entorno, el oro reafirmó su papel de termómetro del nerviosismo global, incluso con precios históricamente altos.

