La Comisión Chilena del Cobre, Cochilco, espera que los precios del litio se mantengan elevados en el corto plazo. La agencia atribuye esa perspectiva a inventarios bajos en plantas de cátodos, compras para reponer existencias e incertidumbres del lado de la oferta.
El telón de fondo importa. El litio cerró diciembre de 2025 con una recuperación notable y alcanzó 11.300 dólares por tonelada en referencia CIF Asia. Cochilco vincula el repunte con demanda firme en almacenamiento, disrupciones de suministro y mayor rigor regulatorio en China.
Ese avance llegó después de un año volátil. En junio de 2025, el carbonato de litio CIF Asia tocó mínimos de 8.975 dólares por tonelada, en un mercado que arrastró la sobreoferta de 2023 y 2024. Desde ahí, el precio reaccionó y cerró la brecha con el mercado doméstico chino, aunque con liquidez limitada en compras internacionales.
Inventarios y almacenamiento empujan el precio
Cochilco describe un mercado con meses consecutivos de reducción de existencias. Esa escasez se nota con fuerza en productores de cátodos, que necesitan reabastecerse antes del Año Nuevo Chino. En diciembre, los inventarios de materiales activos de cátodos cayeron 25% interanual, según el documento técnico del organismo.
Aquí aparece un cambio que el mercado sigue de cerca. El crecimiento de los sistemas de almacenamiento de energía con baterías, conocidos como BESS, ganó peso como consumidor de litio. En mi opinión, ese giro reduce la dependencia del ciclo de ventas de autos eléctricos en ciertas regiones. También abre una ventana para proyectos mineros bien ejecutados, con contratos más estables y mejor planeación.
En el corto plazo, la señal más inmediata viene del propio balance físico. Cochilco proyecta que la demanda global llegue a 1,34 millones de toneladas LCE en 2025 y a 1,56 millones en 2026. Aun con superávit, el margen se estrecha, y eso suele amplificar el efecto de cualquier interrupción puntual.
La agencia también pone números al motor BESS para 2026. El segmento, dice el reporte difundido por Reuters, podría crecer entre 50% y 55%, lo que implicaría unas 190.000 toneladas adicionales de LCE. Con ese ritmo, el excedente de oferta se absorbe más rápido y el mercado define un piso de precios más claro.
Oferta en ajuste y política en China
Del lado de la oferta, Cochilco insiste en un punto clave. La variable dominante en el corto y mediano plazos suele ser la producción, porque la demanda crece con mayor previsibilidad. El organismo también advierte que los productores de mayor costo, sin integración vertical, quedan más expuestos cuando el precio aprieta.
China ocupa un lugar central en esa ecuación. Cochilco reporta que el país concentra 55% de la demanda de litio para baterías y lidera el avance de vehículos electrificados y BESS. En 2024, la capacidad mundial BESS llegó a 73,76 GW, con un salto anual de 135%, y China representó 40% del total.
La regulación china también mandó señales al mercado. La autoridad de recursos naturales revocó 27 licencias mineras vencidas en Jiangxi a mediados de diciembre, y Cochilco lo leyó como una supervisión ambiental más estricta. Aunque se trató de proyectos inactivos, el mensaje pesó en expectativas y en compras preventivas.
En paralelo, Cochilco describe un impulso de política pública que busca sostener el consumo “verde”. El organismo señala un plan chino ratificado el 5 de enero de 2026, con bonos tipo trade-in y alivios fiscales para vehículos de nueva energía, además de criterios técnicos más exigentes. Estas medidas suelen traducirse en demanda más constante de baterías y, por extensión, de litio.
La demanda estructural se mantiene fuerte, aunque con matices por región. La Agencia Internacional de Energía estima que en 2025 las ventas globales de autos eléctricos superarán 20 millones y rebasarán una cuarta parte del mercado. Esa base sostiene la tesis de largo plazo, incluso cuando algunos meses muestren enfriamiento.
De hecho, el mercado ya convive con señales mixtas. Reuters reportó una caída anual de registros globales de EV en enero de 2026, con retrocesos en China y Norteamérica por cambios de política. Ese dato no contradice la tendencia, pero sí explica por qué el almacenamiento gana atractivo como “segundo motor” de demanda.
Lo que mira México ante un litio más firme
Para México, el mensaje es doble. Por un lado, un litio con soporte de precios mejora el caso económico de proyectos y tecnología, sobre todo si el mercado premia suministro confiable. Por otro, el país todavía enfrenta cuellos de botella institucionales, presupuestales y legales para convertir recursos en producción.
En los últimos meses, varios análisis subrayaron el tamaño del reto de LitioMx. El presupuesto federal 2026 asignaría recursos limitados, enfocados en gasto operativo, sin el músculo de inversión que exige un desarrollo minero a escala. En paralelo, persisten disputas asociadas al proyecto de Sonora y la relación con actores privados previos.
Esto importa por una razón práctica. Norteamérica acelera la relocalización de cadenas de baterías y componentes, y el T-MEC empuja decisiones industriales. Si México logra destrabar reglas, tecnología y asociación público-privada, podría capturar más valor, desde minería responsable hasta refinación y manufactura. Si no lo logra, comprará más insumos afuera, aun con mercado regional creciendo.
En este punto conviene evitar simplificaciones. El litio no “salva” una política industrial por sí solo, y tampoco debe justificar atajos ambientales. Pero un mercado con señales de precio más claras permite exigir mejores estándares, financiar monitoreo hídrico, y profesionalizar proveedores locales. Cuando la minería opera con trazabilidad y controles, aporta empleo formal, divisas y una base real para electrificación.

