Zijin Mining arrancó 2026 con un mensaje claro al mercado: quiere más oro y quiere hacerlo rápido. En los primeros días del año, cuando muchos ejecutivos apenas retoman el ritmo, la minera china ya puso números sobre la mesa y movió la conversación global de metales. No se trata solo de ambición. Se trata de caja, activos nuevos y un ciclo de precios que premió a quien ya tenía proyectos listos para crecer.
La empresa informó que su utilidad neta atribuible a accionistas se ubicó en un rango de 51,000 a 52,000 millones de yuanes para 2025. Ese salto implicó un avance anual de 59% a 62%, según su propio anuncio. Zijin vinculó el resultado con mayor producción, eficiencia operativa y un entorno de precios favorable para sus principales metales.
Con ese desempeño como respaldo, la compañía trazó una guía de producción para 2026 que busca marcar el paso en oro y cobre. Zijin apuntó a 105 toneladas de oro extraído y a 1.2 millones de toneladas de cobre extraído. Esas metas implican incrementos de 17% y 10%, respectivamente, frente al año previo.
El detalle relevante no está solo en el tamaño de la cifra. Está en el calendario. Zijin dijo que pretende rebasar el umbral de 100 toneladas anuales de oro dos años antes de lo previsto. En minería, adelantar metas rara vez ocurre por un golpe de suerte. Casi siempre responde a compras oportunas, expansiones que sí arrancaron a tiempo y decisiones de capital que aguantan el escrutinio.
Durante 2025, Zijin reportó 90 toneladas de producción de oro extraído. El propio comunicado describe un crecimiento anual de 23.5% en ese rubro, además de una producción de cobre extraído de 1.09 millones de toneladas, con un avance anual de 2%. Con esos números, la meta de 2026 luce menos como promesa aspiracional y más como la siguiente estación de una ruta ya en marcha.
El motor del crecimiento aurífero incluye adquisiciones recientes que ampliaron la base productiva fuera de China. Zijin cerró la compra de la mina Akyem en Ghana, un activo que pertenecía a Newmont y que la empresa china acordó adquirir por 1,000 millones de dólares. Zijin describió a Akyem como una operación a cielo abierto con planta de proceso tipo carbono en lixiviación y capacidad de 8.5 millones de toneladas por año.
La empresa también incorporó Raygorodok en Kazajistán, de acuerdo con su anuncio corporativo. En conjunto, este tipo de compras suelen tener un efecto doble. Aumentan producción de corto plazo y, si el control operativo funciona, mejoran la vida de mina y el perfil de costos. Ese “si” importa. Ghana, por ejemplo, mantiene una discusión activa sobre fiscalidad, auditorías y reformas para elevar el control estatal sobre recursos. Ese entorno exige ejecución fina y diálogo constante.
En cobre, el foco de atención se concentra en Julong, en la región del Tíbet, un activo que la empresa empuja como plataforma de escala. Zijin señaló que la expansión de la Fase II inició comisionamiento integrado el 29 de diciembre. A plena capacidad, la Fase I y II sumarían 350,000 toneladas por día de capacidad de procesamiento, con una producción anual estimada de 300,000 a 350,000 toneladas de cobre extraído.
Estas magnitudes ayudan a entender por qué el mercado mira a Zijin como algo más que una historia de “buenos precios”. La empresa combina volumen, integración y una red de activos que reduce dependencia de un solo distrito. MINING.COM resumió esa lectura al destacar que el alza de precios y la expansión operativa llevaron la ganancia anual a otro récord.
Un punto que suele perderse en titulares es el efecto industrial de crecer en cobre, no solo en concentrado. Zijin también informó avances en Kamoa Copper, operación liderada por la empresa, donde el complejo de fundición produjo sus primeras placas de ánodo y entró en etapa de prueba. El comunicado corporativo afirma que, a capacidad nominal, la fundición permitiría pasar de vender concentrado a vender ánodos, con ahorros relevantes en fletes y un ingreso adicional por ácido sulfúrico como subproducto.
Esa integración tiene implicaciones directas en competitividad. En un ciclo de demanda eléctrica y redes, el cobre no compite solo por precio. Compite por confiabilidad de suministro y por calidad de productos intermedios. Cuando una empresa logra mover más metal a etapas de mayor valor, gana margen y también gana resiliencia ante cuellos de botella logísticos.
La lectura financiera acompaña esa narrativa. MINING.COM reportó que la acción de Zijin más que se duplicó en 2025 y alcanzó máximos, con un repunte adicional tras el anuncio. En paralelo, el texto subraya que la empresa se ubicó como la mayor minera de China por valor de mercado, solo detrás de BHP y Rio Tinto en esa métrica.
La pieza aurífera también trae un ángulo corporativo relevante. La compañía destacó que escindió y listó su brazo de oro en el extranjero, Zijin Gold International, en la Bolsa de Hong Kong en septiembre, y que esa salida a mercado levantó HK$28.7 mil millones. MINING.COM añadió que esa unidad reportó un salto de hasta 233% en su utilidad neta estimada, a 1,600 millones de dólares en 2025. Esa combinación de mercado de capitales y desempeño operativo suele funcionar como combustible para el siguiente tramo de adquisiciones.
Desde una óptica periodística, la pregunta clave es si el plan de “doble dígito” descansa demasiado en un entorno de precios que puede cambiar. Mi impresión es otra: el plan se sostiene más en ejecución que en suerte. Cuando una empresa ya logró elevar producción en 2025 y además cerró compras productivas, la meta de 2026 refleja continuidad. Aun así, el reto real está en la integración de activos en jurisdicciones distintas, con normas ambientales y expectativas comunitarias que no se negocian en un excel.
Este punto conecta con algo que en México conocemos bien. La minería moderna ya no gana solo con geología. Gana con licencia social, con agua bien gestionada y con cadenas de proveedores que dejen valor local. En América Latina, cada proyecto grande enfrenta conversaciones sobre empleo, infraestructura y beneficios tangibles. En África ocurre lo mismo, con matices regulatorios distintos. Por eso, el crecimiento acelerado de una firma como Zijin pone presión en estándares internos. Si la empresa mantiene control operativo y gestión social, su escala puede traducirse en inversión estable y desarrollo local. Si falla, el costo reputacional llega rápido y pesa en permisos y financiamiento.
También vale mirar el contexto del oro. En 2025, el metal ganó atractivo como refugio, mientras bancos centrales y gestores ajustaron posiciones ante incertidumbre. La consecuencia práctica para un productor es simple: un buen precio amplifica el valor de cada tonelada recuperada. En ese marco, llegar antes a 100 toneladas anuales no solo mejora métricas. Mejora narrativa frente a inversionistas, sobre todo si la empresa combina crecimiento con disciplina de costos.
En cobre, el argumento estratégico se refuerza por la electrificación. Redes, vehículos eléctricos y centros de datos empujan consumo. El mundo exige más cobre, pero también exige proyectos listos y financiables. Julong y la ruta de integración de Kamoa sirven como ejemplo de cómo una empresa intenta responder a esa demanda sin depender de terceros para cada etapa.
Zijin, en suma, apuesta por una receta que el sector conoce, pero pocos ejecutan a esa escala: crecer con activos que ya producen, ampliar capacidad en minas “ancla” y usar el mercado de capitales para ordenar el portafolio. El anuncio de metas para 2026 no solo habla de toneladas. Habla de ritmo. En minería, el ritmo define quién captura el ciclo y quién lo observa desde la banca.

