El Congreso del Estado Libre y Soberano de Hidalgo entregó el 14 de enero de 2026 la distinción póstuma “La Mina del Tiempo” al ingeniero Jaime Asturiano Hernández, fundador de Grupo Tele Urban. El acto se realizó a un año exacto de su fallecimiento y buscó reconocer una trayectoria vinculada con la comunicación de alcance masivo y con una agenda de impacto social en espacios cotidianos como el transporte público.
El reconocimiento, de acuerdo con el propio mensaje institucional difundido por el Congreso, se concede a personalidades cuya huella trasciende su época y deja efectos en la vida comunitaria de la entidad. Bajo esa lógica, “La Mina del Tiempo” funciona como una metáfora deliberada: sugiere que la constancia y el servicio se “extraen” con los años, como ocurre con el valor que históricamente se asocia al trabajo minero en Hidalgo.
Durante la ceremonia, el presidente de la Junta de Gobierno del Congreso local, Andrés Velázquez Vázquez, sostuvo que el legado del homenajeado no se mide en cifras ni en pantallas. Lo ubicó, más bien, en la vida de las personas alcanzadas por su visión y por su vínculo con Hidalgo. La frase es relevante porque marca el tono del homenaje: el Congreso no discutió sólo un caso empresarial, sino una narrativa pública sobre utilidad social y pertenencia regional.
El diputado José Luis Rodríguez Higareda, presidente de la Directiva de la Diputación Permanente, presentó la semblanza del ingeniero Asturiano. Ahí destacó su formación en el Instituto Politécnico Nacional y su paso profesional por Alcatel, antes de consolidar el proyecto que después se conocería como Grupo Tele Urban. En el mensaje oficial, el Congreso remarcó una idea central: la comunicación como herramienta de cambio social, más que como simple canal comercial.
En el mismo comunicado se afirmó que Tele Urban llegó a operar con presencia en seis estados y con un alcance de más de 54 millones de “impactos mensuales”. También se señaló que el modelo convirtió al transporte público en una “ventana de conciencia social”, con colaboraciones mencionadas con organismos internacionales como la ONU y con fundaciones como Teletón y la Cruz Roja. Ese encuadre importa, porque coloca el proyecto en el terreno de la comunicación pública y de campañas con causa, donde la reputación se juega en la calle y no sólo en oficinas.
La distinción fue recibida por Juan Carlos Asturiano Zúñiga, presidente de Grupo Tele Urban, en representación de la familia. En su intervención, citada por el Congreso, dijo que el homenaje confirmaba el sentido de vida de su padre y la trascendencia de su ejemplo. A la ceremonia acudieron autoridades y representantes sociales, incluido el presidente municipal de Pachuca, Jorge Reyes Hernández, además de legisladores y actores del sector empresarial.
Más allá del hecho político, el nombre del reconocimiento abre una conversación que Hidalgo entiende como pocos estados: la minería como parte de identidad, economía y memoria colectiva. No es un detalle decorativo. En Hidalgo, la palabra “mina” no sólo evoca un oficio; remite a siglos de actividad, a pueblos enteros formados alrededor de tiros y haciendas de beneficio, y a una cultura material que todavía se ve en Pachuca y Real del Monte. La región Pachuca–Real del Monte se identifica como uno de los distritos mineros de plata más antiguos de México, con hallazgos que se remontan a 1552, y con depósitos polimetálicos donde aparecen plata, plomo, zinc, cobre y oro.
Ese trasfondo ayuda a entender por qué un congreso local elige una metáfora minera para un reconocimiento civil. En la práctica, “La Mina del Tiempo” comunica una noción de valor público que se construye con paciencia, disciplina y resultados verificables, y no con gestos efímeros. También conecta con una sensibilidad hidalguense: el prestigio, como el mineral, se gana con trabajo y se valida con el paso de los años.
En ese contexto, la decisión de reconocer a un empresario de medios instalados en transporte público tiene un ángulo adicional. El transporte colectivo es uno de los termómetros sociales más claros: ahí conviven trabajadores, estudiantes y familias; ahí se padecen retrasos, inseguridad y costos; ahí se discuten noticias, campañas y cambios de gobierno. Llevar contenidos a ese entorno puede servir para publicidad, sí, pero también puede amplificar mensajes de salud, protección civil o prevención. El Congreso eligió subrayar esa segunda lectura.
Desde una óptica de política pública, el homenaje también deja ver cómo los gobiernos locales buscan construir narrativas de desarrollo que mezclan identidad, inversión y tejido social. En los últimos meses, diversos medios reportaron cifras de inversión privada y proyectos anunciados en Hidalgo durante 2025, con énfasis en empleo y atracción industrial. Esa conversación se cruza con los reconocimientos institucionales, porque ambos discursos apuntan a lo mismo: proyectar un estado confiable para invertir y, al mismo tiempo, orgulloso de su historia productiva.
Aquí vale una precisión importante desde el enfoque energético y minero. Cuando Hidalgo usa el lenguaje minero para hablar de constancia y bien común, no sólo apela al pasado. También recuerda que la minería, bien hecha y bien regulada, sigue aportando a cadenas productivas modernas. La plata, el zinc, el cobre y el plomo no son símbolos abstractos; están presentes en industrias que sostienen infraestructura eléctrica, electrónica, movilidad y manufactura. En términos simples, sin metales no hay redes, no hay baterías, no hay equipos, no hay transición tecnológica. Eso no cancela los retos ambientales y sociales, pero sí obliga a discutirlos con seriedad, con estándares y con vigilancia, no con consignas.
En ese sentido, el uso de “La Mina del Tiempo” como distinción pública puede leerse como una invitación a elevar el nivel del debate: reconocer aportes tangibles, exigir responsabilidad y medir el impacto real en comunidades. Si una institución premia la “constancia” como valor, también se abre la puerta para pedir constancia en cumplimiento regulatorio, en seguridad laboral y en transparencia, tanto a empresas de medios como a industrias extractivas. No se trata de comparar sectores que operan distinto, sino de tomar en serio el mensaje que el propio nombre del galardón propone.
El comunicado del Congreso incluyó, además, una descripción corporativa: Grupo Tele Urban se definió como un “ecosistema mexicano de negocios” que integra medios, contenidos, tecnología, servicios y telecomunicaciones, y sostuvo que su unidad Tele Urban ha operado durante 25 años como canal de comunicación con usuarios del transporte público. Ese perfil busca posicionar a la empresa como socio estratégico para marcas y como proveedor de servicios directos al consumidor. En un entorno donde la atención se disputa segundo a segundo, la apuesta por audiencias masivas en movilidad urbana explica por qué el proyecto ganó relevancia pública.
El reconocimiento, en suma, combina tres capas. La primera es política: un Congreso estatal decide honrar a un personaje con arraigo regional. La segunda es social: se subraya el uso de plataformas de comunicación para causas y campañas. La tercera es cultural: se recurre a una metáfora minera en un estado donde la minería no es un pie de página, sino parte del vocabulario diario y del paisaje urbano.

