En un momento de crecientes tensiones geopolíticas y de reconfiguración de las cadenas globales de suministro, Estados Unidos y Japón firmaron un acuerdo estratégico para asegurar el acceso a tierras raras y minerales críticos, buscando reducir su dependencia estructural de China, principal proveedor mundial de estos insumos.
El presidente Donald Trump y la primera ministra japonesa Sanae Takaichi formalizaron el pacto durante la visita oficial del mandatario estadounidense a Tokio, como parte de su gira por Asia. El documento establece las bases para una cooperación amplia en áreas como la extracción, procesamiento, reciclaje y almacenamiento de minerales considerados vitales para las industrias de defensa, automotriz, electrónica y energía.
Aunque el acuerdo no contempla compromisos financieros directos, sí traza un marco de colaboración institucional y privada, y establece el compromiso mutuo de identificar proyectos estratégicos que puedan ser objeto de inversión conjunta. Se trata de una iniciativa que apunta a reconstruir cadenas de suministro más resilientes, fuera del alcance de las restricciones comerciales impuestas recientemente por Pekín.
El gobierno chino, que controla aproximadamente el 85% de la producción global de tierras raras, ha utilizado su posición dominante como herramienta de presión diplomática. En abril, impuso restricciones a la exportación de minerales críticos como respuesta a las políticas arancelarias de Estados Unidos. La medida se endureció en octubre, con la obligación de contar con licencias de exportación incluso para productos que contengan trazas mínimas de estos materiales.
Frente a este escenario, Washington y Tokio buscan construir una arquitectura paralela que permita garantizar el acceso estable a materiales fundamentales como el neodimio, el praseodimio y otros componentes utilizados en la fabricación de imanes permanentes, baterías, catalizadores y sistemas ópticos avanzados. Estos elementos son esenciales para tecnologías de vanguardia, desde vehículos eléctricos hasta misiles guiados.
Una de las cláusulas del acuerdo prevé mecanismos para evitar la venta estratégica de activos vinculados a estos minerales, así como la promoción de estructuras de precios que reflejen los costos reales de una extracción responsable. En ese contexto, analistas de BMO señalaron que el pacto podría impulsar la adopción de precios piso en los mercados internacionales, una práctica que comenzó a ganar fuerza tras el contrato firmado por el Departamento de Defensa estadounidense con MP Materials, que fijó un valor mínimo de 110 dólares por kilo para el compuesto NdPr.
La alianza con Japón no es un hecho aislado. En las últimas semanas, Estados Unidos ha firmado acuerdos similares con Australia y Malasia, en una estrategia coordinada para diversificar el acceso a recursos estratégicos. En el caso japonés, el compromiso incluye también un paquete de inversiones por hasta 400 mil millones de dólares en sectores de energía, inteligencia artificial y materiales estratégicos en territorio estadounidense, lo que refuerza la dimensión económica del entendimiento bilateral.
El liderazgo de Sanae Takaichi confiere una relevancia adicional a este pacto. Convertida en la primera mujer en ocupar el cargo de primera ministra tras el asesinato de Shinzo Abe en 2022, Takaichi ha mantenido una política exterior cercana a la de su antecesor, con fuerte alineamiento hacia Washington. Su relación con Trump, heredera de la cercanía que Abe cultivó con el expresidente, ha facilitado una interlocución fluida en temas de seguridad regional y cooperación económica.
El acuerdo prevé además una hoja de ruta conjunta para identificar brechas en la cadena de suministro de minerales críticos. Se busca no sólo garantizar el abastecimiento primario, sino también desarrollar capacidades de reciclaje, procesamiento y manufactura avanzada. En otras palabras, no se trata únicamente de extraer minerales, sino de controlar cada etapa de su transformación en productos de alto valor añadido.
El control chino sobre la cadena de valor de tierras raras ha sido objeto de preocupación desde hace años. No solo lidera la producción primaria, sino también el refinado, la metalurgia y la fabricación de componentes. En contraste, muchos países industrializados han delegado estas tareas por décadas, concentrándose en la innovación sin asegurar el suministro de los materiales que la sustentan.
La firma del acuerdo se inscribe en un contexto más amplio de competencia tecnológica y comercial. Está previsto que Trump se reúna en los próximos días con el presidente chino Xi Jinping en Corea del Sur, donde ambos mandatarios abordarán la posibilidad de un nuevo marco comercial. Fuentes cercanas a las negociaciones afirman que los minerales estratégicos ocuparán un lugar destacado en la agenda.
Desde la perspectiva japonesa, el acuerdo representa una oportunidad para fortalecer su seguridad energética e industrial, en un momento en que el país busca reducir su exposición a riesgos externos. Para Estados Unidos, la alianza con Tokio refuerza su estrategia de “friend-shoring”, trasladando actividades críticas a países aliados y confiables.
El pacto también podría tener efectos indirectos en otras regiones con potencial minero, como América Latina, donde países como México, Chile o Brasil poseen reservas de elementos críticos que podrían ser aprovechadas en este nuevo escenario de fragmentación económica global. En este contexto, la minería —cuando se practica bajo estándares ambientales y laborales rigurosos— deja de ser vista como un problema, y comienza a ser valorada como parte de la solución a los desafíos energéticos y tecnológicos del siglo XXI.

