En el dinámico puerto industrial de Pohang, al sureste de Corea del Sur, se fragua una revolución que podría cambiar el curso de la producción mundial de acero. BHP, la mayor minera del planeta, y POSCO, el gigante surcoreano del acero, han firmado un acuerdo estratégico para desarrollar una planta de demostración destinada a fabricar hierro con “casi cero emisiones”. La iniciativa no solo marca un paso decisivo hacia la producción de acero verde, sino que representa un punto de inflexión en los compromisos climáticos de dos sectores tradicionalmente intensivos en carbono: la minería y la siderurgia.
Ambas compañías anunciaron este jueves el comienzo de un proyecto que podría redefinir el panorama industrial global. A diferencia de los métodos tradicionales basados en altos hornos alimentados con carbón coquizable —que generan en promedio 2.3 toneladas de dióxido de carbono por tonelada de acero producida—, la nueva planta de POSCO utilizará hidrógeno como agente reductor y un horno eléctrico de fusión. Este proceso permitiría reducir las emisiones de carbono a 0.4 toneladas o menos por tonelada de acero, el umbral para ser considerado como “casi cero emisiones”, según estándares internacionales como los propuestos por la Agencia Internacional de Energía.
La construcción del complejo está programada para comenzar en breve, con miras a iniciar operaciones comerciales a principios de 2028. Tendrá una capacidad estimada de 300,000 toneladas métricas anuales, un volumen aún modesto comparado con la producción global, pero significativo por su valor como demostración tecnológica y compromiso climático.
En palabras de ejecutivos de ambas firmas, este proyecto simboliza la transición de la industria del acero hacia procesos más sostenibles sin comprometer la competitividad. Para BHP, uno de los principales productores de mineral de hierro del mundo, el acuerdo no solo fortalece sus lazos con uno de sus principales clientes, sino que también responde a las crecientes presiones regulatorias y de mercado que exigen una descarbonización real de la cadena de suministro.
El contexto global no podría ser más oportuno. La industria siderúrgica es responsable de cerca del 8% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Esto ha llevado a gobiernos, inversionistas y clientes a exigir soluciones tecnológicas que reduzcan esta huella ambiental sin sacrificar la capacidad de producción. Frente a este reto, alianzas como la de BHP y POSCO abren la puerta a modelos replicables en otras regiones industriales del mundo.
Sin embargo, el proyecto también plantea desafíos técnicos y económicos. Uno de ellos es la calidad del mineral de hierro. Australia, principal base operativa de BHP, exporta grandes volúmenes de mineral, pero su ley es relativamente baja comparada con la de yacimientos brasileños como los de Vale. Esto implica que el mineral australiano necesita un paso adicional de procesamiento para ser viable en procesos de acero verde, lo cual podría elevar los costos y reducir su competitividad frente a insumos más ricos en hierro. A pesar de ello, BHP mantiene su apuesta con el argumento de que la innovación tecnológica puede compensar este diferencial a través de nuevas técnicas de concentración o aglomeración.
POSCO, por su parte, se posiciona como líder asiático en la transición hacia el acero sostenible. La ubicación de la planta en Pohang no es casual: se trata de uno de los centros siderúrgicos más avanzados de Asia, con acceso logístico, talento técnico y experiencia operativa. Además, Corea del Sur ha reforzado en los últimos años sus políticas públicas de descarbonización industrial, otorgando incentivos fiscales y apoyos a la investigación aplicada.
Este proyecto encaja en una tendencia más amplia: la búsqueda de soluciones integradas entre productores de materias primas y transformadores industriales. La minería, muchas veces estigmatizada por su impacto ambiental, encuentra aquí una oportunidad para demostrar que puede ser parte de la solución climática. El hierro de bajas emisiones no sería posible sin una cadena de suministro más limpia, eficiente y comprometida desde el origen.
Más allá de la técnica, el simbolismo es claro. En un mundo donde las decisiones de inversión se cruzan cada vez más con criterios ESG (ambientales, sociales y de gobernanza), el hecho de que la mayor minera del mundo y uno de los productores de acero más importantes de Asia firmen un acuerdo de esta naturaleza envía una señal potente: el cambio es inevitable, pero también posible.
A medida que avance la construcción y se acerque la fecha de operación en 2028, los ojos del sector estarán puestos en Pohang. ¿Podrá esta planta demostrar que el acero verde a escala industrial es viable técnica y económicamente? ¿Servirá como modelo para futuras colaboraciones en otras partes del mundo, como México, Brasil o India? Las respuestas vendrán con el tiempo, pero el paso ya está dado.
Y si hay algo que deja claro este anuncio es que la minería responsable tiene un rol clave en la transición energética y la lucha contra el cambio climático. Porque sin hierro, no hay acero. Y sin acero, no hay infraestructura verde ni movilidad eléctrica. El futuro no puede construirse sin minería.

