MMG, la minera respaldada por China, aspira a concretar una adquisición de US$ 500 millones de los activos de níquel de Anglo American, a pesar de los reparos regulatorios que surgen en Europa. Autoridades antimonopolio en ese bloque han empezado a revisar con lupa el acuerdo, motivadas por la preocupación sobre cómo la propiedad china podría afectar la seguridad en el suministro de minerales críticos.
Troy Hey, director general de relaciones corporativas en MMG, admitió que existe inquietud sobre la mayoría accionaria china, pero confía en que la transacción superará los obstáculos, pues aseguran que su entrada al mercado amplía la competencia y responde a la fuerte demanda europea.
Mientras tanto, Brasil ya abrió un proceso de investigación, pues los activos de níquel de Anglo American que interesan a MMG se encuentran allí. Aunque MMG aún no opera en tierras brasileñas, el níquel producido por Anglo tiene como destino importante el mercado europeo, particularmente para fabricar acero inoxidable.
En Estados Unidos también saltan las alarmas. La American Iron and Steel Institute (Instituto Estadounidense del Hierro y Acero) pidió al Gobierno bloquear la operación, alegando que daría a Beijing influencia directa sobre reservas de níquel significativas. El níquel no sólo sirve para acero, sino que juega un papel esencial en las baterías de vehículos eléctricos, lo que lo vuelve estratégico para la transición energética.
El plan forma parte de la reestructuración mayor de Anglo American. En los últimos meses, la compañía separó su negocio de platino (se transformó en Valterra) y reclasificó sus divisiones de níquel y carbón para coque como operaciones descontinuadas, en espera de su venta. Anglo apunta ahora a consolidarse como el quinto productor mundial de cobre, especialmente si prospera su propuesta de fusión de US$ 53 mil millones con la canadiense Teck.
La transacción que MMG impulsa sugiere una doble tensión. Por un lado, la necesidad global de minerales críticos —como el níquel— impulsados por la electrificación y la industria del acero. Por otro, el escrutinio creciente sobre quién controla esos insumos, dado el interés estratégico que poseen en materia de seguridad nacional, política industrial y autonomía económica.
En mi opinión, MMG tiene argumentos sólidos para sostener que la operación se justifica por la demanda europea, pero el detalle de la propiedad y control —especialmente si hay influencia estatal china— será lo que determine si la aprobación procede sin condiciones fuertes. Europa probablemente exigirá compromisos sobre transparencia, origen del financiamiento y garantías de que la cadena de suministro no estará sometida a riesgos geopolíticos.

