Desde el primer párrafo conecto contigo con una pequeña anécdota: imagina el desconcierto de un operador de la bolsa de Nueva York el viernes pasado, cuando los precios del oro se dispararon por un anuncio confuso… algo digno de un episodio inesperado, ¿no crees?
Donald Trump declaró el lunes 11 de agosto de 2025 que las importaciones de oro “no serán aranceladas”, lo cual llevó alivio inmediato al mercado global de metales preciosos. Esta afirmación llega luego de que el Servicio de Aduanas (CBP) emitiera una directiva sugiriendo que las barras de oro de uno o cien onzas —comúnmente comerciadas— serían sujetas a aranceles, lo que generó caos en los flujos de comercio y una subida abrupta en los precios del Comex.
Esa directiva había alterado profundamente la dinámica del mercado: los futuros de oro en EE.UU. alcanzaron cotas récord mientras los traders congelaban envíos desde Suiza, reconocido centro refinador. No obstante, tras el tuit de Trump “Gold will not be Tariffed!”, los precios cayeron alrededor de 2‑2.5 % en Nueva York y 1‑1.3 % en Londres, reflejando un efecto tranquilizador en el mercado. Un analista independiente comentó: “ha sido un alivio inmenso para los mercados del lingote”.
El gobierno anunció que emitirá una orden ejecutiva para aclarar lo que calificó como información errónea sobre los aranceles, aunque aún no se ha publicado ninguna política oficial revisada .
Desde mi perspectiva, este episodio ilustra cómo la minería y el comercio del oro pueden verse afectados abruptamente por decisiones regulatorias. Afortunadamente, la intervención directa del presidente evitó una disrupción mayor en un mercado que, como sabes, representa estabilidad y refugio financiero en tiempos de volatilidad. Es una muestra de que, ante la incertidumbre, la comunicación clara puede preservar la confianza.

