El sector de fundición de cobre japonés afronta un momento delicado. En negociaciones de mitad de año, los principales clientes, entre ellos grandes mineras internacionales, han aprovechado un mercado global más ajustado y la flexibilidad de los operadores chinos para exigir tarifas muy por debajo de los límites establecidos para 2025. Esa premisa amenaza la rentabilidad de los smelters japoneses y podría alterar todo el engranaje productivo nacional.
El escenario surge en un contexto donde China ha logrado acuerdos casi simbólicos. Durante el último proceso de contratación con Antofagasta, algunos smelters chinos recibieron concentrados a $0 por tonelada y sin cobro por libra, lo que se traduce en una riada de presión competitiva en el circuito global. Ese precedente condiciona el comportamiento de mineras y operadoras: si China lo acepta, otros mercados seguirán esa ruta.
Frente a eso, Japón cerró a principios de año acuerdos más sólidos: TC/RC de $25 la tonelada y 2.5 centavos por libra para todo 2025. Pero al volver a negociar —probablemente para el segundo semestre o el próximo ciclo anual— se encontraron con pedidos de rebajas que reducirían los márgenes bajo mínimos. Según Tetsuya Tanaka, esas condiciones resultarían insostenibles para cualquier empresa fuera de China .
Las fundidoras japonesas, parte integral de grupos como Mitsubishi Materials, Sumitomo o Mitsui, operan con costos más altos por regulaciones ambientales, salarios y cadena de suministro. Ceder a tarifas inviables repercutiría en cascada: desde recortes en personal hasta dificultades para invertir en tecnología limpia, vital para el compromiso por la descarbonización. Tanaka señaló que aceptar esos términos significaría comprometer la sostenibilidad operativa de su firma.
La situación ha puesto en jaque el modelo fundidor privado de Japón. Las condiciones actuales reflejan una competencia desigual donde el precio domina, y erosiona la viabilidad de fundiciones no subvencionadas. Bajo esa presión, los actores locales advierten que el solo impulso del sector privado no será suficiente para cambiar la dinámica.
Por ello, Japón ha comenzado a dialogar con el gobierno nacional. Tanaka sugirió la posibilidad de un esfuerzo coordinado con otros países que enfrentan prácticas comerciales similares en fundición. No obstante, aún no ha definido la forma de esa colaboración internacional.
Desde el Ministerio de Industria se repite un discurso parecido: existe voluntad política para proteger y fortalecer la fundición doméstica de minerales claves, incluidos incentivos fiscales o subsidios. Sin embargo, por ahora ninguna propuesta se ha formalizado.
El debate se entrelaza con preocupaciones sobre metales estratégicos. Japón sufrió restricciones chinas en exportación de metales críticos como el tungsteno. Aunque Mitsubishi Materials ha logrado mejorar el suministro, las fuentes siguen limitadas e insuficientes para garantizar la autosuficiencia, confirmó Tanaka. El contexto geopolítico añade urgencia: fortalecer inventarios nacionales de materiales críticos se ha convertido en prioridad estratégica, aunque los detalles permanecen clasificados por razones de seguridad.
En este entorno, Japón debe equilibrar los incentivos para mantener operativas a sus fundiciones, reforzar cadenas de suministro con socios confiables y evitar la sobredependencia de precios artificialmente bajos. La competencia global exige soluciones integrales: desde innovaciones tecnológicas para reducir costos hasta alianzas internacionales con mineras y otros países comprometidos con un enfoque de extracción y procesamiento más justo y sostenible.
En resumen, las negociaciones actuales representan un punto de inflexión para la industria metálica japonesa. Ante la avalancha de tarifas agresivas impulsadas por China, el país se encuentra en un cruce clave: aceptar pérdida de competitividad o buscar respuestas colectivas que protejan su capacidad productiva sin erosionar sus estándares.

