Nueva Caledonia, un territorio francés en el Pacífico Sur, ha sido históricamente un epicentro de grandes expectativas para la producción de níquel, atrayendo miles de millones de dólares en inversiones. No obstante, lo que prometía ser un futuro brillante se ha tornado en un símbolo de los excesos del sector. Las instalaciones mineras en la región, una vez vistas como la vanguardia de la industria, se han enfrentado a una serie de contratiempos técnicos y costos elevados, transformándose en un paradigma de los retos que enfrenta la minería global.
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La situación se ha agravado en el último año, especialmente por la caída de más del 40% en los precios del níquel. Este descenso ha puesto en jaque a la industria local, que no solo representa una fuente significativa de inversión sino que también es el principal empleador en el territorio. Ante esta coyuntura, el gobierno francés ha intervenido, buscando estructurar un paquete de rescate en colaboración con los principales accionistas de las tres plantas procesadoras en la región: Trafigura, Glencore Plc y Eramet SA.
El centro de esta tormenta es Prony Resources Nouvelle-Caledonie, parcialmente propiedad de Trafigura, y dueño de la mina Goro. El gobierno francés solicitó a Trafigura inyectar capital fresco en Prony como parte de un esfuerzo por estabilizar la operación. Sin embargo, Trafigura ha declinado esta solicitud, dejando a Prony en la búsqueda de un nuevo inversor para asegurar un préstamo puente gubernamental. Esta decisión resalta las complejas dinámicas y los cálculos de riesgo-retorno que enfrentan las firmas involucradas.
Adicionalmente, se está preparando un préstamo similar para Societe Le Nickel, donde Eramet posee la mayoría accionaria. La crisis no es menor, dado que el ministro francés de finanzas, Bruno Le Maire, estimó en noviembre que las necesidades financieras totales de las tres compañías de níquel de la región ascienden a 1.5 mil millones de euros.
Estos desafíos se magnifican al considerar los elevados costos energéticos y la inestabilidad social en Nueva Caledonia, así como la emergencia de nuevos competidores, particularmente los fundidores indonesios, que han contribuido al desplome de los precios del níquel. Esta tendencia descendente ha obligado incluso al cierre de operaciones de mayor costo en Australia, a pesar del incremento en la demanda del metal impulsado por el sector de vehículos eléctricos.
La postura de Glencore también merece atención. Mientras busca mantener su participación en Koniambo Nickel SAS, propone paralizar la planta y continuar solo con la exportación de mineral, una decisión que podría afectar hasta mil empleos. Glencore ha anunciado que detendrá el financiamiento de Koniambo Nickel, en el que posee un 49% de participación, a finales de febrero. El resto de la empresa pertenece a Societe Miniere Sud Pacifique, gestionada por gobiernos locales en Nueva Caledonia.
En medio de este panorama, tanto Glencore como Eramet han declinado hacer comentarios adicionales. Por su parte, un portavoz de SMSP ha enfatizado que no se está considerando el cierre de la planta y que proteger la mayor cantidad de empleos posibles sigue siendo una prioridad.
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La situación en Nueva Caledonia es, sin duda, un reflejo de los retos multifacéticos que enfrenta la industria del níquel, situada en la encrucijada entre las presiones económicas actuales y las decisiones estratégicas de futuro. La resolución de esta crisis no solo determinará el destino de la industria del níquel en la región sino que también podría sentar precedentes para cómo se manejan situaciones similares en el contexto global de la minería de metales esenciales para la transición energética.

