El mercado del oro es, por naturaleza, extremadamente sensible a los vaivenes económicos globales. Este martes, el oro experimentó un descenso en su precio, acercándose a sus mínimos de seis semanas. La razón detrás de este fenómeno radica en las expectativas económicas del gigante norteamericano: Estados Unidos.
A las 1110 GMT, el oro al contado registraba una disminución del 0,3%, estableciéndose en 1,901,90 dólares la onza. Esta cifra no solo representa su nivel más bajo en un mes y medio, sino que también subraya la volatilidad del metal precioso en el panorama económico actual. Los futuros del oro en Estados Unidos no presentaban un panorama más alentador, reflejando una caída del 0,5% y estableciéndose en 1,933,80 dólares.
Michael Hewson, analista jefe de CMC Markets, señala que la resistencia mostrada por los datos económicos estadounidenses proporciona un respaldo a la perspectiva de tasas más altas por un período prolongado. Esta circunstancia afecta directamente la demanda de oro, un activo que no genera intereses. Como resultado, el rendimiento de las notas referenciales a 10 años del Tesoro estadounidense ha alcanzado máximos de más de nueve meses.
La predicción de Hewson es clara: “Si esta tendencia persiste, es probable que veamos el oro descender a los niveles registrados en junio, aproximadamente 1,895-1,890 dólares”.
Los ojos de los inversores y analistas se posan ahora en los próximos datos de ventas minoristas de Estados Unidos, programados para ser liberados a las 1230 GMT. Estos datos proporcionarán una visión sobre el comportamiento del consumo en julio, un mes marcado por el incremento de las tasas de interés. Kelvin Wong, analista senior de OANDA, sugiere que si los datos superan las expectativas, es probable que el oro sufra aún más presiones bajistas, reforzando la evidencia de una economía estadounidense robusta.
Es importante destacar que no solo el oro ha sido afectado. Otros metales preciosos, como la plata, el platino y el paladio, también han experimentado descensos en sus valores, reflejando la amplia influencia de las políticas económicas de Estados Unidos en el mercado mundial de metales preciosos.

