El portal de la Minería

La minería, una aventura de experticia y conocimiento

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Colombia.- Juan Sebastián Guiral Vega, es un minero apasionado, con experiencia y por los diferentes estudios que ha desarrollado, un verdadero experto y autoridad en el tema.

Este hombre, a quien le gusta profundizar en los temas que lo apasionan es ingeniero geólogo de la Facultad de Minas de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín. Realizó un master en Georesources Engineering – EMERALD; pasó por la Université de Liège, en Bélgica – Faculté des Sciences Appliquées; estuvo estudiando también en la Université de Lorraine, Francia – École Nationale Supérieure de Géologie; y actualmente se encuentra en Suecia profundizando en el tema de la Geometalurgia, en Luleå Tekniska Universitet, Suecia – Department of Civil, Environmental and Natural Resources Engineering.

Su perspectiva frente a la minería en Colombia:

Después de un productivo viaje por la región norte de la Península Escandinava y el Círculo Polar Ártico, visitando grandes e importantes proyectos geológicos y mineros, creo que es necesario realizar algunas comparaciones, plantear algunas preguntas y efectuar algunos comentarios relacionados con el panorama minero en Colombia.

La primera interrogante que me surgió tras este viaje fue ¿por qué es posible ejecutar proyectos mineros a gran escala en estas regiones, donde se presenta una gran cantidad de retos, mientras que en Colombia, el simple hecho de mencionar la palabra “minería” trae consigo señalamientos malintencionados y, en muchas oportunidades, carentes de sentido común?

También me cuestioné sobre ¿por qué en Colombia señalan y satanizan a cualquier compañía por el simple hecho de querer prospectar o explorar, mientras que en otras regiones hay ciudades enteras que viven en armonía con grandes proyectos extractivos?

Las respuestas a éstas y muchas otras interrogantes se resumen en que la cultura minera en Colombia aún está en una etapa embrionaria. Debido a esto, es necesario que la sociedad, la industria, las universidades, la legislación y los gobernantes, se preparen y trabajen de la mano para poner en marcha proyectos de exploración que nos permitan conocer y caracterizar los recursos que verdaderamente tenemos, para finalmente, de la manera más técnicamente eficiente y amigable con el ambiente, extraerlo y transformarlo en bienestar y calidad de vida para los colombianos.

Con este panorama se hace importante preguntarse ¿qué nos está haciendo falta como sector para superar las adversidades y establecer a la actividad extractiva como industria que fomente el desarrollo económico y social de la nación? o ¿por qué otros países han sabido desarrollar una industria minera responsable que se ha visto reflejada en desarrollo económico y social? La verdad son muchos temas que deben ser abordados y es en este punto donde me interesa realizar algunas comparaciones que permitan reflexionar para darle respuesta a las anteriores preguntas.

Países como Suecia y Finlandia tienen una legislación robusta en temas de minería; tienen reglas claras y estrictas que no dan lugar a ambigüedades ni malas interpretaciones. Por otro lado, son muy exigentes con las empresas mineras en el cumplimiento de las leyes y permisos. Así, valdría la pena revisar cómo han sido los procesos mineros en estos países y ver qué puede ser aplicado en el contexto colombiano para hacer los procesos más eficientes y transparentes.

En estos países, las comunidades saben que éste tipo de proyectos representan empleo y crecimiento económico para la región, por eso trabajan felices; pero también entienden que si algo sale mal, el ambiente y la comunidad saldrían afectados. Debido a esto, por medio de un verdadero trabajo en equipo, la comunidad presta servicios al proyecto minero pero también vigila y exige el cumplimiento de la ley. En este punto invito a las comunidades a ser veedores prácticos y contribuir en la construcción de proyectos serios de cooperación conjunta con la industria extractiva.

Aunque son países desarrollados practican la minería y vale la pena como sociedad ver qué podemos extraer de sus experiencias. Los grupos ambientalistas y ONG’s no salen a señalar y a juzgar a diestra y siniestra. En contraste, ellos actúan como agentes de control y supervisión, exigiendo y mirando con lupa cada proceso ejecutado. Si ellos consideran que un proyecto minero representa un peligro ambiental o social, lo denuncian pero con argumentos, datos, estadísticas y con evidencias técnicas. Ellos están abiertos al diálogo, al debate y al diseño de estrategias que permitan minimizar los posibles riesgos que un proyecto minero a gran escala puede representar. Tristemente, siento que en Colombia nos hemos vuelto “anti lo que sea” y ese comportamiento masivo no nos permite avanzar. Invito a todos los grupos a integrarse y empujar para el mismo lado en pro de una industria respetuosa con las comunidades y amigable con el ambiente.

En Suecia y Finlandia, las universidades, en su mayoría públicas, trabajan en conjunto con la industria en beneficio mutuo. Las universidades investigan con el fin de mejorar los procesos ejecutados en la industria, haciéndolos cada vez más eficientes y limpios, al mismo tiempo que la industria promueve y financia el crecimiento académico. Yo, siendo formado en la Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín, veo con gran pesar la falta de recursos que sufre la educación pública y su cada vez más lejana relación con la industria. La educación y la investigación deben ser la base para superar los retos y dar lugar a la formación de una industria extractiva. He visto de primera mano cómo la minería se desarrolla en una región donde la temperatura durante el invierno puede alcanzar fácilmente 40°C bajo cero (no exagero), lo cual representa un reto gigante, tanto para los procesos extractivos como para el posterior procesamiento y refinación. ¿Cómo lo han logrado? Invirtiendo en tecnología e investigación.

Conocí proyectos aledaños a áreas clasificadas como NATURA 2000 (áreas protegidas para la preservación de la biodiversidad en Europa). Estas áreas representan, básicamente, santuarios para la fauna y la flora. ¿Por qué se han podido desarrollar éstos proyectos en estas zonas? Porque han demostrado de forma técnica que los efectos negativos sobre dichas áreas serán mínimos o fácilmente remediables. Adicionalmente, el gobierno exige a cada compañía minera la creación de un fondo preventivo para la reparación de los daños que puedan ser causados, una medida interesante que podría contemplarse en Colombia.

Gran parte de los proyectos mineros localizados al norte de Escandinavia se desarrollan en zonas de pantanos o humedales. Son áreas ricas en aves y mamíferos. En específico, menciono como ejemplo al proyecto Kevitsa, al norte de Finlandia. Éste proyecto convive con un área que es un santuario para aves, pues tiene más de quince especies endémicas y, a parte, es zona de descanso transitorio para otro centenar de especies de aves migratorias. ¿Por qué se ha podido desarrollar exitosamente éste proyecto? Porque han invertido mucho esfuerzo, dinero e investigación en control del ruido, control de aguas, control de emisiones, control de material particulado. Ninguna de las especies ha sido afectada. Adicionalmente es el hábitat de una especie de rana propia de esa región (moor frog). Los biólogos del proyecto son los responsables de velar por el cumplimiento de las normas para evitar que estas especies sean afectadas. De hecho hay programas dentro del proyecto minero enfocados en la preservación y en el mejoramiento del hábitat. Como dato curioso, los biólogos de la mina deben vigilar y filmar el comportamiento de las ranas durante la época de apareamiento para constatar que verdaderamente se está reproduciendo la especie. Por otro lado, toda la zona es el hábitat de renos y alces, además de otros pequeños mamíferos.

En mi hermoso país sostienen que no se puede hacer ningún proyecto minero alrededor de los 3000 msnm porque es considerado páramo, aunque no haya ni un solo frailejón a kilómetros de distancia. Pero por otro lado, sí es posible invadir zonas de páramo para el desarrollo de la ganadería y la agricultura, arrasando con frailejones y nacimientos de agua, pero a esas actividades nadie las controla y nadie las señala, valdría la pena reflexionar sobre este particular.

Grandes proyectos mineros como MALMBERGET-LKAB, KIRUNA y KEVITSA-NEW BOLIDEN, se han ganado el respeto y el apoyo de la comunidad. Además, organizaciones como GTK-Geological Survey of Finland y Tukes, trabajan de forma transparente, logrando una integración armónica minero-social-ambiental, demostrando que sí es posible trabajar unidos. Finalmente, y quizá lo más importante, estas comunidades y la industria confían en sus dirigentes políticos porque son personas que de verdad saben de minería, todos ellos son ingenieros especialistas en procesos extractivos, geología, ingenieros ambientales, etc. Aquí, podemos ver como se avanza en este sentido.

Creo que si empezamos a fijarnos en lo que se ha podido lograr en otras partes, adaptando esa información al contexto colombiano, podemos integrarnos como nación para trabajar por la creación de una industria prospera que respete el medio ambiente, que tenga como prioridad el respeto por las comunidades y que finalmente genere riqueza para nuestro pueblo.

Resumiendo este cumulo de ideas, debemos preguntarnos y entre todos responder esta pregunta ¿cómo comenzar a trabajar para salir de la situación en la que se encuentra la minería en Colombia con el fin de alcanzar objetivos comunes en beneficio de todos? Pues hay que invertir mucho esfuerzo y trabajo en:

– Trabajo con la comunidad.

– Transparencia.

– Monitoreo y supervisión.

– Legislación robusta y estricta.

– Información pública y accesible.

– Trabajo con las universidades.

– Invertir en tecnología e investigación.

– Caracterización del territorio.

¿Será esto algún día posible? Si todos trabajamos juntos, en vez de distanciarnos y señalarnos unos a otros, por supuesto que lo lograremos.

Es muy triste saber que un país que cuenta con una cantidad de recursos inimaginable, no sea capaz de organizarse para aprovecharlos en pro del bienestar de sus ciudadanos.

Ahora, si leyó hasta aquí, existen dos opciones. La primera es que usted, amigo lector, comparta lo que digo; o la segunda es que deba estar considerando la opción de crucificarme. Si se está inclinando por la segunda opción, lamento que no concordemos, pero lo invito, aunque piense diferente, a que se sume al diálogo constructivo, pues es así como se avanza, es así como podremos finalmente dar un paso y verdaderamente crecer como una nación, insisto. Ahora bien, si está considerando la opción de responderme con señalamientos, le sugiero que no me escriba por medios electrónicos, mejor escríbame una carta a mi domicilio en Suecia y piense en que todos los componentes del celular o del computador en que me está leyendo fueron producidos por alguna actividad minero-metalúrgica ¡Así que sea coherente! De hecho, y sin el ánimo de ampliar demasiado estas explicaciones pero si evidenciar el punto, recuerde que la carta llegaría en avión, así estaría promoviendo la explotación de metales y combustibles fósiles, pero no entremos en estos detalles.

Comprendamos que la industria extractiva es necesaria para mantener la actual forma de vida de la humanidad. Lo que se debe buscar es que ésta industria sea cada vez más eficiente y responsable con el ambiente y las comunidades.

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