Chile.- A dos años y medio de asumir la presidencia del directorio de Fundación Chile (FCh), el economista, Patricio Meller, está abocado a una tarea titánica, que la entidad que lidera apunte a grandes proyectos, esos que van a poner al país en la senda del desarrollo. Apuesta, que si bien es “riesgosa” para las arcas de la institución, es lo que hay que hacer, pues al país “le cuesta pensar en el largo plazo y hay que empujarlo para dar ese salto. Al gobierno y al sector privado les cuesta reaccionar y darse cuenta que el futuro se juega con la innovación”.

Su mirada está puesta en aquellos ámbitos que FCh ha identificado como prioritarios en áreas como minería, energía, acuicultura, capital humano, educación y escasez hídrica. Y dentro de ellos, considera clave transformar a los proveedores de la minería en exportadores de innovación, abordar el manejo de los relaves mineros y desarrollar un polo solar en el Desierto de Atacama.

-La minería siempre ha estado en el foco de FCh, especialmente por el Programa de Proveedores de Clase Mundial. ¿Qué viene?

-Este programa plantea algo clave para la estrategia de desarrollo país: cómo generar innovación a partir de los recursos naturales, partiendo por la minería, que hoy tiene que resolver problemas de costo y productividad, para lo cual sus proveedores sugieren innovaciones tecnológicas. La pregunta permanente es qué le va a quedar a Chile una vez ¿qué se acabe el cobre? Le va a quedar ese know how que están adquiriendo estos proveedores. Se han detectado 60 con potencial innovador y 250 en el largo plazo. La meta es que éstos exporten la innovación que desarrollan, una idea que puso en marcha Australia, país donde los proveedores mineros son el tercer rubro exportador. Chile produce el 30% del cobre mundial, no tenemos que salir a buscar un mercado. Si te va bien aquí, mañana podrás exportar.

-¿Y en el ámbito de la innovación?

-En el marco del road map tecnológico surgió el tema de los relaves. Más del 50% de las reservas de cobre están entre la IV y la VI región, donde se concentra el 60% de la población. La minería del cobre cada vez es más profunda y con menores leyes, lo que genera más relaves, y con ello, problemas de acumulación, se calcula que habrá un cerro Santa Lucía por día.

Por otro lado, nos preocupan las comunidades que habitan cerca de los relaves. La fundación desarrolló la tecnología para instalar sensores en los relaves, para detectar movimientos, contaminación de agua y del aire, de manera de generar información que pueda transmitirse directamente a la comunidad. Es un proyecto paradigmático, inédito y que transparenta las operaciones productivas de las mineras, disipa temores y contribuye a la obtención de la licencia social para operar. Es un mecanismo concreto, que obliga a las mineras a no contaminar, porque las van a estar controlando.

Ya estamos en conversaciones con Antofagasta Minerals, Codelco, BHP Billiton, hay una predisposición favorable a implementar iniciativas de este tipo. Si hay luz verde, esto se puede implementar en tres meses.

-Hoy se habla de los laboratorios naturales de Chile, ¿tienen algún proyecto en esas áreas?

-En solar. Uno de los roles de FCh es ser una antena tecnológica, ver lo que hay afuera que sea aplicable acá. Es impresionante observar cómo en los dos últimos años los costos de producción y precio de las ERNC han bajado. Chile tiene ventajas comparativas, la zona norte por cada m2 irradia 50% más, que las ciudades de Europa y tiene mucho territorio para instalar paneles. Eventualmente, no sólo se puede producir energía solar barata para dar luz, electricidad y calefacción a Chile, sino también a los países vecinos.

-¿Y cómo se puede acelerar este proceso?

-Corfo creará un centro tecnológico solar en el norte, e invitó a FCh a participar. El espacio estará cerca de las mineras que requieren mucha energía para sus procesos productivos, 30% del consumo energético nacional y abordará el desafío de impulsar las baterías de litio para disponer de energía en forma continua. Y como hay litio cerca, es posible crear un polo generador de tecnología solar, donde puedan resolver el problema del almacenamiento y del tipo de paneles que se requieren para el Desierto de Atacama, que tiene ciertas especificidades, entre otros.

Retos

-¿Cuáles son los desafíos del ecosistema de cara a las oportunidades que ofrece Chile?

-Las distintas entidades que empujan la innovación deben coordinarse, pues es un trabajo en equipo. La urgencia de la innovación y de estar al día no está en el país, porque el sector público cree que es caro y no ve resultados. Nuestro ciclo político es de cuatro años y la innovación es de largo plazo, por lo tanto, el rédito no lo verá el gobierno que está poniendo los recursos. Y hay que decirlo, el país está muy cortoplacista. Al sector privado le pasa algo distinto, ve que gastar plata en I+D+i es caro y que son apuestas, en las que inviertes en 20 innovaciones y resulta una, pero esa que resulta, paga las 20.

-Chile invierte un 0,35% del PIB en I+D y de esa cifra, sólo el 0,18% proviene del sector privado…

– Estas cifras no permiten visualizar lo que está detrás del desafío en sí. En el mundo globalizado las que compiten son las empresas productivas, y el problema de fondo es lo que se invierte en innovación y desarrollo por trabajador. Por ejemplo, en Corea se invierten US$ 1.400 por trabajador ocupado en I+D, en Chile, US$ 40. ¿Qué chance tenemos de competir si una empresa coreana y chilena está en el mismo rubro? Nulo. El sector público gasta poco porque la macro domina todo, y el privado no quiere gastar porque la innovación es una actividad de alto riesgo; es más fácil importar la caja negra de la tecnología moderna, donde lo único que tienes que saber es cómo usarla. Pero para generar innovación, hay que hacer lo que hicieron los asiáticos, abrir la caja negra, desarmar la tecnología, e introducir adaptación.

Diario Finaciero

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