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Minera refuerza vigilancia de diques en Brasil ¿Más vale tarde que nunca?

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Minera refuerza vigilancia de diques en Brasil ¿Más vale tarde que nunca?
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Un grupo de especialistas vigila día y noche en enormes pantallas y monitores cualquier riesgo de accidente en los diques de las explotaciones de hierro de la minera Samarco en el estado brasileño de Minas Gerais.

Prevenir, sin duda, es mejor que curar. Pero este impresionante despliegue de tecnología aún no existía cuando la represa de Fundao colapsó, provocando un alud de lodo y desechos que mató a 19 personas, en la mayor catástrofe ambiental del país.

Enfrentada ahora a multimillonarias demandas y acusaciones de homicidio calificado, Samarco — copropiedad de la brasileña Vale y de la anglo-australiana BHP-Billiton — exhibía con entusiasmo estos equipos de seguridad ante un grupo de periodistas, a pocos días del 5 de noviembre, primer aniversario del desastre.

La sala de vigilancia, cerca de la ciudad histórica de Mariana, está dominada por enormes pantallas de observación de los embalses donde se acumulan las toneladas de residuos producidos a lo largo de décadas de extracción de mineral de hierro, uno de los productos faros de las exportaciones de Brasil.

Un sistema de radares detecta cualquier movimiento en la estructura de los embalses y siete empleados analizan la información enviada a sus computadores.

En una emergencia, se precipitarían hacia un panel con grandes botones rojos que activarían las sirenas de evacuación para trabajadores y habitantes de las comunidades aledañas.

La sirena en un pueblo cercano, Barra Longa, aún no se ha conectado a la sala de control, pero por ahora Samarco ha buscado otros métodos.

“Hay camiones con altavoces listos para actuar 24 horas por día”, explicó el coordinador de emergencias, Flavio Thimotio.

Pero fiscales y sobrevivientes de la tragedia del año pasado acusan a Samarco de haber reaccionado demasiado tarde.

El dique Fundao cedió abruptamente, liberando 32 millones de metros cúbicos de barro y desechos en el valle que se extendía a sus pies: el torrente arrasó el pueblo cercano de Bento Rodrigues y continuó con su remolino de destrucción hasta llegar al océano Atlántico, 640 km más lejos.

Jose Nascimento de Jesús, un morador de Bento Rodrigues, de 70 años, asegura que la única advertencia que percibió fue el ruido del alud que caía cerro abajo. “Como un avión”, describe.

“Fui el último en salir corriendo. En diez, 15 minutos, todo acabó”.

Thimotio reconoce que la vigilancia de las operaciones en ese momento eran mínimas respecto a las actuales.

“Se instalaron después de lo ocurrido, con la gran tarea de vigilar la estabilidad” de los embalses, afirma, señalando las enormes pantallas.

El sistema de radar también es nuevo. Y muchos de los menos sofisticados instrumentos de los que Samarco disponía antes ni siquiera estaban en uso el día del desastre.

“Estaban apagados” para mantenimiento, señala Thimotio.

Y en cuanto a las sirenas, ni siquiera existían.

El fiscal de Minas Gerais, Guilherme de Sa Meneghin, dice a la AFP que la falta de equipos de emergencia “era lo peor de todo”.

“Las sirenas eran obligatorias como sistema de alarma para la población cercana, y ese sistema no existía”, declara.

Al presentar cargos por homicidio contra 21 personas el mes pasado, incluidos ejecutivos de Samarco, Vale y BHP, los fiscales aseguraron que “la seguridad tenía una importancia secundaria” en relación a las ganancias.

Las tres compañías rechazan todas las acusaciones e insisten en que la inadvertida debilitación y el colapso del dique de Fundao fue un accidente inesperado.

“Era algo sin precedentes”, afirma Thimotio, subrayando que antes del desastre los instrumentos no dieron “ninguna señal” de que algo estuviese ocurriendo.

“El dique Fundao fue inspeccionado regularmente, no sólo por las autoridades sino también por consultores internacionales independientes”, sostiene Samarco en una declaración.

“La seguridad siempre ha sido una prioridad en la estrategia de gestión de Samarco y la compañía reitera que nunca redujo sus inversiones en seguridad”, añade.

Antonio Geraldo Santos, otro sobreviviente de Bento Rodrigues, se burla de estas afirmaciones.

“No había alerta, nada”, afirma este hombre de 33 años.

“La gente tuvo que correr para salvarse”, describe.

EuropaPress

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