El acero europeo -una industria con 320.000 empleos directos y 170.000 millones de euros de volumen de negocio- sigue peleando por mantener su peso, acechado por la competencia de China, primer fabricante mundial y que a final de este año podría comenzar a tener consideración de economía de mercado.

Con una producción total de 166 millones de toneladas y más de 500 plantas, Europa es el segundo productor mundial de acero por detrás del país asiático, que ha ido robando cuota en un contexto de menor demanda con fuertes descensos de precios.

Así, desde el inicio de la crisis en 2007, Europa ha perdido el 20 % de empleos directos -unos 85.000 puestos- y su producción ha caído en porcentajes similares.

Mientras, China ha pasado de 150 millones de toneladas en el año 2000 a los 803 millones actuales, que suponen casi la mitad de los 1.620 millones de toneladas que se producen en todo el mundo.

La industria se enfrenta a un gigante con una sobrecapacidad que ronda los 350 millones de toneladas -el doble de la producción europea- con unas exportaciones récord que pueden superar los 100 millones de toneladas, denuncian desde el sector europeo.

“Seguimos en la lucha por la supervivencia”, resume el director general de la patronal española del acero Unesid, Andrés Barceló, con responsabilidades también en la europea Eurofer y en la mundial Worldsteel.

Alemania, Italia, Francia y España

En la foto de Europa, Alemania aglutina el 25,7 % de la producción; seguida de Italia, con un 13,3 %; Francia, con un 9 % y España, con un 8,9 %, de acuerdo con los datos de Eurofer.

Y son estos cuatros países los que más pelean por retrasar ese derecho de Pekín a acceder al Estatus de Economía de Mercado (EEM) en la Organización Mundial del Comercio (OMC) cuando en diciembre se cumplan 15 años de su entrada en ese organismo.

Un estatus que, entre otras consecuencias, dificultaría a Europa tomar medidas para frenar ventas por debajo de costes (dumping) de China, un país que, según señaló la propia Unión Europea en su última evaluación, solo cumplía uno de los cinco criterios necesarios para considerarla como tal.

La Comisión Europea tiene actualmente abiertas 10 investigaciones de defensa comercial sobre los productos de acero, además de las 37 medidas antidumping y antisubvención en vigor: siete de estas investigaciones y 15 de estas medidas se refieren a los productos de acero procedentes de China.

“La sobrecapacidad de China y Rusia está desestabilizando los mercados de acero y ponen bajo presión la ocupación de la UE”, reclamaba desde Italia el secretario general adjunto de IndustriAll Europe en representación de la Confederación de Sindicatos Europeos (CES), Luc Triangle.

“Nadie en su sano juicio cree hoy que China sea una economía de mercado con sus costes y con unos precios que hunden el mercado”, incide Barceló, que pide “estabilidad regulatoria” y “sensatez” para que Europa vuelva a ser un destino atractivo para la industria.

A contrarreloj -y tras el rechazo en mayo del Parlamento Europeo a esa concesión a China del estatus de economía de mercado- la CE sigue trabajando para tomar medidas pero los plazos son muy ajustados, advierten desde la patronal europea, que teme más cierres de plantas y destrucción de centenares de miles de empleos en Europa.

Pero China también se mueve: la semana pasada anunció un plan para reducir el exceso de capacidad de producción de su sector siderúrgico, así como una investigación interna que recabará información para reducir el consumo energético de sus acerías.

Y recuerda que varios millones de trabajadores pueden verse afectados por estas restricciones.

“Si quieres participar en el juego, tienes que participar también en las reglas”, apunta también el consejero delegado de Acerinox, Bernardo Velázquez, quien reconoce, no obstante, los incipientes pero aún insuficientes pasos de China para entrar a jugar en el mercado europeo compitiendo de forma “leal”.

¿Y qué camino le queda entonces a la industria siderúrgica europea? Para Andrés Barceló la clave está en que imponga la sensatez y Europa tome medidas para defender un modelo sostenible y generador de riqueza.

“Cuando adquirimos un producto importado, importamos también su impacto económico, social y ambiental. La situación actual está generando un efecto perverso: importamos CO2 de China y les exportamos empleo”, concluye.

“Europa necesita un plan de inversión para proteger su industria y su empleo”, subrayaba Triangle desde Italia, una petición de apoyo que también urge el sector siderúrgico alemán, el más potente de Europa.

EFE

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