Antes de que existiera la Carretera Federal 95, conocida como la Carretera México-Acapulco, Iguala era el descanso obligado para los comerciantes que tenían que llegar a la capital del país con sus caballos, que a su regreso cargarían en su lomo todo tipo de mercancías.

Los pobladores aprovecharon su ubicación estratégica y desarrollaron una pujante actividad comercial que se fortaleció con la construcción de carreteras y se mantuvo pujante hasta hace unos años, recuerda Don Zacarías Rodríguez Cabrera, presidente de la Cámara de Comercio de Iguala. Su padre, también comerciante, se lo contó.

Hoy los comerciantes de Iguala buscan sobrevivir a una mala racha económica que comenzó hace casi una década y que la noche del 26 de septiembre de 2014 terminó por hundir.

Según cuenta Don Zacarías, propietario de farmacias en este municipio ubicado en el centro de la zona norte de Guerrero, la economía de Iguala empezó a “estar mal” desde que las personas de ese y otros lugares empezaron a irse a Estados Unidos y dejaron de trabajar en la comunidad.

“Las familias viven de las remesas que les mandan sus familiares, trabajan en el campo y no hay quien genere empleos, además las empresas más o menos grandes que se habían asentado aquí se empezaron a ir”, explica.

¿Se fueron por lo que pasó con los normalistas?, le pregunto. No, se fueron desde antes, responde.

Empresas como Coca Cola, que mantenía una embotelladora en este lugar, así como Canteras de México y Molino San Antonio, decidieron cerrar operaciones en este lugar argumentando que se trataba de estrategias comerciales.

“Dejó de haber empleo y dejó de haber compras paras los negocios. Los que consumen son los propios empleados de los pocos negocios que hay aquí”, asegura.

Después de la noche en que los 43 normalistas desaparecieron la violencia que de por sí existía en la zona se recrudeció aún más y empezaron a haber manifestaciones que muchas veces terminaron en actos de vandalismo. Esto hizo que las pocas personas que seguían haciendo sus compras en Iguala, prefirieran viajar una hora más por autopista hasta Cuernavaca donde hay centros comerciales.

“Regularmente los domingos, la gente de los municipios vecinos viene a hacer sus compras; pero cuando hay este tipo de violencia, para evitar problemas o riesgos ya no vienen y los principales afectados son los comercios. El problema ya se venía agudizando, pero esto fue el tiro de gracia. Tocamos fondo”, dice Don Zacarías.

Hasta antes del 26 de septiembre de 2014, la Cámara de Comercio de Iguala agrupaba a 380 comercios establecidos. Hoy el padrón de este organismo empresarial suma entre 280 y 300 comercios. Las ventas bajaron hasta 40 por ciento.

El presidente de la Canaco asegura que la baja de afiliados no se debe únicamente a la violencia y manifestaciones del último año, sino porque ” la propia actividad económica se ha visto muy afectada en la zona norte del estado”, además de que la ciudad no ha sabido responder a las necesidades de las grandes corporaciones que se han asentado en los municipios aledaños.

“En toda la cordillera -desde Mezcala hasta Arcelia y parte de Cocula- hay mineras importantes como Goldcorp y Media Luna que tienes miles de empleados; si nosotros pudiéramos responder a sus necesidades se ayudaría mucho a la economía de Iguala”, explica Don Zacarías.

Los comerciantes de Iguala están esperando a que una vez que los priistas Héctor Astudillo y Esteban Albarrán asuman sus posiciones como gobernador y presidente municipal, respectivamente, se puedan establecer mesas de trabajo con las mineras para evaluar la posibilidad de instalar “una especie de clúster minero en la ciudad que ayude a reactivar la economía”.

“Estas empresas (Goldcorp y Media Luna) se abastecen de todo en Cuernavaca o el Distrito Federal, cuando pudiera ser que nosotros nos organicemos, veamos cuáles son sus necesidades y proveerlos. Eso sería muy bueno para Iguala”.

Milenio

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