La caída de 42% de los excedentes de Codelco en el primer trimestre de este año respecto del año anterior fue recibida con sorpresa por la opinión pública. Sin embargo, estos resultados no difieren de los de aquellas compañías mineras que reportaron en el mismo período, como Freeport, Teck y Vale, que mostraron caídas relevantes debido a los menores precios de las materias primas como el cobre, petróleo, oro, molibdeno, carbón y hierro. Ante este escenario, las compañías mineras se encuentran aplicando políticas de contención de costos, venta de activos, renegociación de pasivos y mejoras de productividad.

Pero ninguna enfrenta un desafío tan trascedente como Codelco, ya que de no mediar un masivo programa de inversiones de más de 20 mil millones de dólares, la producción de la empresa caerá de forma dramática, especialmente a partir del 2018. Este programa se encuentra actualmente en curso, con dos de sus mayores proyectos (Chuquicamata subterránea y Nuevo Nivel Mina El Teniente), con avances de 17% y 31% respectivamente, mientras los otros aún en etapas más tempranas.

El país debe estar preparado para un período de transición hasta que los proyectos denominados “estructurales” comiencen a producir. Hasta ese momento, las propias estimaciones del Plan de Negocios y Desarrollo del 2015 indican que habrá una disminución de la producción, un aumento de costos y caída de excedentes, todas en el orden del 10%.

Es probable que las condiciones de mercado ayuden a mejorar los resultados hacia el final de este período de transición, ya que se prevé el retorno de un déficit en el mercado del cobre refinado a partir del 2017, lo que hace estimar precios más altos para las materias primas. Pero este elemento no aminora la extrema relevancia de que los proyectos sean ejecutados a tiempo, pues de otro modo ni el mejor precio del cobre podrá compensar los negativos efectos de una menor producción (que además tendría asociada niveles de costo insostenibles), por no contar a tiempo con la producción más competitiva proveniente de los proyectos.

Por lo anterior es que el país debe observar con gran interés este período de transición para asegurar una adecuada evolución de estos proyectos -cuyos desafíos son muy grandes- y la solidez del plan de inversiones. Desde un punto de vista logístico, por ejemplo, existen asuntos que aún deben resolverse, como el lograr un desplazamiento eficaz de un número sin precedentes de trabajadores.

La actual administración realizó una revisión profunda de los proyectos, que implicó retrasar algunos de ellos, concluyéndose además que no se cuenta con holguras. En otras palabras, mayores retrasos tendrían consecuencias muy complejas, pues provocarían una fuerte caída en los ingresos de la compañía a partir del 2019 debido a la menor producción.

En este sentido, el proyecto Radomiro Tomic Fase II es el que primero debe realizar un aporte relevante a partir de 2018, mientras aquel que parece más incierto es el de expansión de Andina, cuya mayor producción es fundamental después del 2021. También es de esperar que el recientemente aprobado proyecto de transición de Chuquicamata -entre el fin de la explotación de la actual mina a rajo abierto a una operación subterránea que implica la explotación de las fases 46 y 49- no suponga un retraso o una merma de rentabilidad del mismo.

Hubiera sido mejor que Codelco no enfrentara un momento tan crítico como el actual bajo una presión tan importante, pues el riesgo aumenta. Pero siendo inevitable este escenario, queda recurrir a una épica que ojalá el país sea capaz de construir para superar con éxito esta transición.

La Tercera

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