Puntos clave
- Dato clave: La producción minero-metalúrgica mexicana creció 21% en 2025, superando el crecimiento de 15.9% registrado en 2024 (US$17,500 millones)
- Motor del crecimiento: Oro y plata concentran 48.2% del valor total; oro superó US$3,100/oz y plata rebasó US$34/oz, impulsados por compras de bancos centrales de China, India y Europa del Este
- Posición global: México es noveno productor mundial de oro y primero de plata, lo que amplifica el impacto de variaciones en precios internacionales
- Sostenibilidad del modelo: El crecimiento depende más del rally de precios que de mayor volumen extraído o nuevas operaciones mineras
| Mineral | oro, plata |
| Variación exportación | +21% valor de producción 2025 |
| Destino principal | Mercados internacionales (bancos centrales) |
La minería mexicana cerró 2025 con el valor de su producción minero-metalúrgica en un nivel que pocos analistas anticipaban hace doce meses: un crecimiento del 21% respecto al año anterior, según datos de CAMIMEX. Después de un 2024 que ya había sido excepcional —con un alza del 15.9% y un valor de US$17,500 millones—, el sector vuelve a rebasar su propio techo. La pregunta no es si el número impresiona. La pregunta es qué tan sostenible es la arquitectura detrás de él.
Un rally de precios que hace todo el trabajo pesado
El incremento del 21% no nació exclusivamente de mayor volumen extraído ni de nuevas minas entrando en producción. Lo que lo explica en buena medida es el comportamiento de los metales en los mercados internacionales. El oro superó los 3,100 dólares por onza durante la primera mitad del año, impulsado por compras sostenidas de bancos centrales de China, India y varios países de Europa del Este. La plata, históricamente rezagada respecto al oro, finalmente capturó algo del diferencial acumulado y cotizó por encima de los 34 dólares en varios tramos del ejercicio.
Para México, noveno productor mundial de oro y primero de plata, esas dos variables mueven la aguja de manera significativa. El oro representa el 30.6% del valor total de la producción nacional; la plata, el 17.6%. Juntos concentran casi la mitad del valor generado. Cuando los precios suben con la intensidad que mostraron en 2025, el sector no necesita abrir nuevas minas para registrar un récord —le basta con mantener sus operaciones actuales.
El cobre también contribuyó. Con una participación del 27.2% en el valor productivo nacional, las operaciones de Sonora —encabezadas por Buenavista del Cobre de Grupo México— se beneficiaron de una demanda firme desde Asia, especialmente para la transición energética y la manufactura de semiconductores. La combinación de tres metales con precio alto y producción estable crea una foto difícil de mejorar. Pero justamente por eso hay que leerla con cuidado.
Sonora y Zacatecas: las dos economías dentro del número
Detrás del 21% hay geografías que no se comportan igual. Sonora, que concentra aproximadamente el 45% de la producción nacional, vivió 2025 con cierta tensión operativa. Buenavista del Cobre de Grupo México enfrentó presiones en disponibilidad hídrica y escrutinio regulatorio que, aunque no frenaron la producción, sí añadieron costos. La mina Las Chispas, ahora en manos de Coeur Mining tras la adquisición de SilverCrest por US$1,700 millones en 2024, aportó plata de alta ley en un contexto de precio favorable.
Zacatecas, con alrededor del 33% de la plata nacional, protagonizó un capítulo propio. Peñasquito —la mayor mina de oro en México, operada por Newmont— y Juanicipio —la joint venture de Fresnillo y MAG Silver con las leyes de plata más altas del mundo— operaron a ritmo sostenido. La reducción del backlog de permisos ambientales reportada por el gobierno de Sheinbaum, de 25 expedientes pendientes a cinco en el estado, fue una señal de destrabe administrativo que el mercado registró positivamente. Los proyectos que llevan años esperando autorización no solo afectan a las empresas: afectan los ingresos fiscales del estado y el empleo de las comunidades adyacentes.
Jalisco y Guerrero completaron el cuadro con aportaciones menores pero relevantes. GoGold reportó ingresos récord en el primer trimestre de 2026 desde su proyecto Los Ricos, y Torex Gold mantuvo a El Limón Guajes como una de las minas con menor costo de producción sostenible en el mundo, lo que la hace rentable incluso en escenarios de precio más adversos.
La trampa del tipo de cambio y los costos en pesos
Aquí está el matiz que los titulares no capturan. Las exportaciones mineras mexicanas se denominan en dólares. Los costos operativos —nómina, energía, contratos con proveedores locales— se pagan en pesos. Cuando el peso se deprecia respecto al dólar, el margen de los productores se amplía automáticamente, incluso sin mover un gramo adicional de mineral. Parte del crecimiento del 21% en valor refleja ese efecto cambiario.
Eso no hace el número menos real —los dólares entran y las exportaciones mineras mantienen su posición como el sexto generador de divisas del país, con US$17,800 millones en 2024 y una cifra previsiblemente superior en 2025. Pero sí impone una lectura diferenciada para los inversionistas que evalúan la competitividad estructural del sector. Una empresa que mejora sus márgenes por tipo de cambio favorable no está necesariamente mejorando su productividad. Y cuando el peso se recupere, esa holgura desaparece.
Banxico mantuvo durante buena parte del año una postura de tasas que buscó equilibrar la desaceleración económica con la contención inflacionaria. Para el sector minero, tasas altas encarecen el financiamiento de proyectos en desarrollo y presionan el capital de trabajo de las empresas junior. Las mineras grandes, con acceso a mercados internacionales de deuda, absorben eso con más facilidad. Las junior que financian proyectos desde el TSX de Toronto lo resienten más directamente en sus costos de capital.
El arrastre del comercio exterior: EUA como destino y variable de riesgo
México exporta la mayoría de sus minerales hacia Estados Unidos. La plata mexicana representa aproximadamente el 28% de las importaciones estadounidenses del metal. El cobre de Sonora fluye hacia fundiciones y manufacturas del sur de Estados Unidos. Esa dependencia bilateral —que en términos de libre comercio funciona bien bajo el USMCA— tiene una cara menos cómoda: cuando Washington activa aranceles o medidas de seguridad nacional sobre metales, la cadena de valor se tensiona aunque los tratados digan otra cosa.
En 2025, el escenario arancelario impuesto por la administración Trump generó stockpiling anticipatorio en varios metales, lo que distorsionó los precios de corto plazo y los flujos comerciales. Para México, el efecto fue mixto: por un lado, mayor demanda urgente de compradores estadounidenses que querían asegurar inventario; por otro, incertidumbre sobre la continuidad de esas condiciones que frenó algunas decisiones de inversión en proyectos de mediano plazo. El Plan de Minerales Críticos México-EUA firmado en febrero de 2026 apunta a institucionalizar la integración de cadenas de valor, pero su implementación real está pendiente de pruebas concretas.
Canadá, el mayor inversor extranjero en minería mexicana, también ajustó su ritmo. Las empresas con cotización en el TSX que tienen proyectos en México enfrentaron un entorno de capital más cauteloso. Los inversionistas institucionales canadienses leyeron la volatilidad regulatoria y comercial como un factor de riesgo adicional, aunque el avance del gobierno Sheinbaum en reducción de backlog ambiental envió señales parcialmente tranquilizadoras.
¿Qué sostiene el número hacia adelante?
CAMIMEX registró para 2024 una inversión de US$5,060 millones y más de 400,000 empleos directos. Si la tendencia de 2025 confirma esa trayectoria —y el entorno de precios lo facilitó—, el sector habrá acumulado dos años consecutivos de crecimiento de doble dígito. No ocurría algo así desde el superciclo de materias primas de principios de siglo.
Pero la base sobre la que se construyó el 21% no es enteramente de la misma naturaleza que la de 2024. El año pasado hubo más contribución de volumen y nuevos proyectos entrando en producción. Este año, el precio hizo más trabajo. Eso cambia la discusión sobre política industrial: si el gobierno quiere que el sector mantenga este ritmo cuando los precios se normalicen, necesita convertir el destrabe de permisos en política sistemática y no en gestión caso por caso. Las reservas de litio de 243 millones de toneladas que México posee —potencialmente las más grandes del mundo— siguen esperando un modelo de inversión que funcione. El modelo mixto que explora la administración Sheinbaum todavía no produce un solo kilogramo comercial.
Un crecimiento del 21% en el valor de la producción es una cifra que cualquier sector envidiaría. Pero la minería mexicana tiene el raro privilegio de ser primero mundial en plata y, simultáneamente, el problema de no poder fijar su propio precio en ningún mercado. Ese desajuste entre producción y poder de mercado es el que debería ocupar la agenda de CAMIMEX y de la Secretaría de Economía en los próximos ejercicios. El ciclo de precios alto no dura para siempre. Las instituciones, sí.

