Puntos clave
- Precio récord: El oro tocó los US$ 4.425 por onza, desconectado ya del ciclo de tasas de interés de 2023-2024
- Mecánica de mercado: Correlación inversa entre el índice DXY (dólar) y precio del oro operó con precisión; retroceso del dólar amplió ganancias
- Factores simultáneos: Caída de rendimientos del Tesoro a 10 años, aumento de posiciones largas en COMEX y expectativa de datos de empleo no agrícola
- Incertidumbre como combustible: La incertidumbre previa al reporte de nóminas de julio impulsó capitales hacia refugios seguros, beneficiando al oro
| Mineral | Oro |
| Precio | US$ 4.425 por onza |
| Variación | Al alza |
| Contexto LATAM | El oro responde a dinámicas globales de tasas, dólar y merc… |
El oro tocó los US$4,425 por onza este jueves y la lectura no admite matices: el metal está desconectado del ciclo de tasas que dominó el mercado en 2023 y 2024. Ya no sube porque la Fed vaya a recortar. Sube porque el dólar se debilitó, los bonos del Tesoro cedieron rendimiento y el mercado de trabajo estadounidense —antes el ancla de toda la narrativa hawkish— enfrenta una jornada de datos que nadie sabe cómo leer. Esa incertidumbre, paradójicamente, es el mejor combustible que tiene el oro en este momento.
El dólar cede, el oro recoge: la mecánica del jueves
La correlación inversa entre el índice DXY y el precio del oro volvió a operar con precisión de reloj. Cuando el dólar retrocedió frente a una canasta de divisas, el metal respondió de inmediato ampliando las ganancias acumuladas en la sesión. No fue un movimiento especulativo de corto plazo: fue la suma de tres señales que llegaron juntas.
Primero, los rendimientos del bono del Tesoro a 10 años cayeron por segundo día consecutivo, reduciendo el costo de oportunidad de mantener oro —un activo que no paga cupón. Segundo, el mercado de futuros en COMEX registró un incremento en posiciones largas netas, señal de que los fondos institucionales no están saliendo sino acumulando. Tercero, el dato de empleo no agrícola de julio —el famoso nonfarm payrolls— se publicará este viernes, y la incertidumbre previa al reporte empujó capitales hacia refugios. El oro fue el más beneficiado.
Que el metal cotice por encima de US$4,400 a esta altura del año no sorprende a nadie que haya seguido la trayectoria desde 2024. Lo que sí cambia la lectura es el ritmo. El oro superó los US$3,100 en abril, cruzó los US$3,500 en mayo y tocó máximos históricos por encima de US$5,200 en los picos de mediados de 2025. El nivel actual, aunque lejos de ese techo, refleja una consolidación que el mercado lee como pausa técnica, no como agotamiento.
¿Qué espera el mercado del informe laboral?
El informe de empleo de Estados Unidos tiene el poder de mover al oro en cualquier dirección dentro de las 48 horas posteriores a su publicación. Un dato de creación de empleo por encima de las expectativas generalmente fortalece al dólar y presiona el precio del metal. Uno por debajo hace exactamente lo contrario.
El consenso de analistas anticipa una creación de entre 150,000 y 175,000 empleos para julio. Si el número cae por debajo de ese rango, la narrativa de desaceleración económica se refuerza, la Fed pierde argumentos para mantener tasas altas y el oro tiene espacio para retomar el impulso alcista. Si supera las expectativas, el ajuste puede ser brusco: una corrección rápida hacia la zona de US$4,300 no estaría fuera de lugar.
Los operadores en COMEX ya están posicionados para ambos escenarios. La volatilidad implícita en las opciones sobre oro para las próximas 48 horas subió de forma considerable durante la sesión del jueves, lo que confirma que el mercado no tiene una convicción clara sobre el dato. Esa ambigüedad es, en sí misma, una señal: cuando el mercado no sabe qué esperar del empleo, el oro gana terreno por defecto.
Bancos centrales: la demanda que no depende del ciclo
Detrás del movimiento de corto plazo hay una estructura de demanda que ningún informe laboral va a deshacer. Los bancos centrales compraron oro a un ritmo récord durante 2024 —llegaron a representar el 24% de la demanda global total, según datos del World Gold Council— y las señales para 2025 apuntan a que el ritmo no cede.
China e India lideran las compras institucionales. El Banco Popular de China acumula reservas en oro como parte de una estrategia deliberada de diversificación fuera del dólar. India lo hace por razones distintas pero igual de estructurales: la demanda interna de joyería y el peso del metal en las reservas del RBI construyen un piso que el mercado especulativo no puede ignorar.
Turquía, Polonia, Singapur y varios bancos centrales de Europa del Este también aumentaron posiciones durante los últimos 18 meses. Este patrón de compra sostenida —que no responde a un precio ni a una tasa, sino a una decisión estratégica de largo plazo— es lo que diferencia el rally actual de los ciclos anteriores. El oro no está subiendo solo porque el dólar bajó un jueves. Está subiendo porque hay compradores que no van a salir aunque el dólar recupere.
El impacto en los productores: quién captura la renta
A US$4,425 por onza, la ecuación de rentabilidad para los grandes productores globales es extraordinaria. Newmont, Barrick Gold y Agnico Eagle operan con costos de sostenimiento total (AISC) que en sus minas más eficientes no superan los US$1,400 por onza. El margen operativo a los precios actuales supera los US$3,000 por onza. Eso no es un ciclo favorable. Eso es una transferencia masiva de valor hacia las tesorerías mineras.
En Latinoamérica, el impacto es concreto y medible. Perú —tercer productor mundial de oro con operaciones como Yanacocha y Lagunas Norte— capta renta adicional en cada sesión que el metal cierra al alza. El desafío peruano no es el precio: es convertir esa renta en inversión y en resolución de los conflictos sociales que mantienen proyectos paralizados. A US$4,400, hasta los proyectos con mayor complejidad social tienen una justificación económica más sólida para retomar negociaciones.
Chile, aunque su fortaleza es el cobre, tiene producción de oro relevante en operaciones como El Peñón. Argentina avanza en su frontera aurífera con proyectos como Cerro Negro de Newmont. En Ecuador, Fruta del Norte opera con un perfil de costos que, a precios actuales, genera flujos de caja extraordinarios para Lundin Gold. La geografía del beneficio es amplia.
La trampa del tipo de cambio que nadie menciona
El precio del oro en dólares sube, pero los productores cobran en dólares y pagan en moneda local. Cuando el dólar se debilita globalmente, las monedas de los países productores tienden a apreciarse frente al billete verde. Eso reduce el ingreso en moneda local aunque el precio en dólares haya subido.
Para los productores en Perú, el sol tiene una correlación estrecha con el precio de los commodities. Cuando el oro y el cobre suben, el sol se aprecia. El margen en soles no crece proporcionalmente al precio del metal. Es una trampa conocida, pero que vuelve a ser relevante cuando el dólar cede como ocurrió este jueves.
Las empresas que operan con coberturas cambiarias de largo plazo están parcialmente protegidas. Las que no lo hacen —especialmente productores medianos y junior— absorben la volatilidad directamente en sus márgenes. A precios de US$4,400, incluso con esa distorsión, los números siguen siendo favorables. Pero la gestión del riesgo cambiario vuelve a ser una conversación urgente en los directorios.
Perspectiva de corto y mediano plazo
El dato de empleo del viernes definirá el tono de las próximas dos semanas. Pero la dirección de mediano plazo del oro no la va a fijar un solo reporte. La fija la combinación de demanda institucional sostenida de bancos centrales, incertidumbre geopolítica estructural —que no desaparece con ningún acuerdo puntual— y una Fed que, aunque no recorte en agosto, ya transmitió que el ciclo de alzas terminó.
El mercado tiene un piso sólido en la zona de US$4,100 a US$4,200, donde los compradores institucionales han mostrado disposición a acumular en cada corrección. El techo del ciclo actual —ese US$5,200 de los picos de 2025— puede no volver a probarse en el corto plazo, pero tampoco está descartado si la macro estadounidense se deteriora más rápido de lo esperado.
Para los productores latinoamericanos, el mensaje es directo: este es el momento de maximizar la eficiencia operativa, cerrar coberturas con criterio y avanzar en proyectos que la rentabilidad actual hace viables. Los ciclos alcistas del oro no avisan cuándo terminan.

