Puntos clave
- Hito financiero: McEwen Copper cerró préstamo senior de US$ 240 millones, el mayor paso financiero en la historia de Los Azules
- Magnitud del proyecto: Depósito de cobre con 10,900 millones de libras de cobre equivalente; inversión total supera US$ 3,000 millones
- Respaldo institucional: Financiamiento de instituciones reputadas valida viabilidad; Rio Tinto ingresó como socio en 2023 con US$ 150 millones
- Impacto LATAM: Los Azules es uno de los proyectos de infraestructura minera más ambiciosos de Argentina en décadas, comparable en escala a grandes desarrollos regionales
| Mineral | cobre |
| Inversión | US$ 240 millones en financiamiento senior; inversión total… |
| Región | San Juan, Argentina |
McEwen Copper acaba de cerrar el mayor paso financiero en la historia del proyecto Los Azules: un préstamo a plazo senior de US$240 millones que elimina la principal incertidumbre que pesaba sobre este gigante de cobre en San Juan. No es un anuncio menor. Es la señal de que el financiamiento institucional ya tomó partido por este depósito y que la ventana hacia la construcción se abre con una concreción que pocos proyectos de cobre en Latinoamérica logran alcanzar.
Los Azules: qué tan grande es lo que está en juego
Los Azules es uno de los depósitos de cobre de pórfido más importantes del hemisferio occidental sin desarrollar. La estimación de recursos actualizada sitúa el proyecto con más de 10,900 millones de libras de cobre equivalente en recursos indicados e inferidos, con leyes que lo colocan en la categoría de depósito de clase mundial. McEwen Mining controla la subsidiaria McEwen Copper con participación mayoritaria, mientras que Rio Tinto ingresó como socio estratégico en 2023 con una inversión de US$150 millones por una participación minoritaria significativa. Esa entrada de Rio Tinto fue, en su momento, la primera validación de peso real para el proyecto. Este préstamo es la segunda.
La inversión proyectada total para llevar Los Azules a producción supera los US$3,000 millones, lo que lo convierte en uno de los proyectos de infraestructura minera más ambiciosos de Argentina en décadas. Con US$240 millones ahora asegurados vía deuda senior, el proyecto tiene combustible para avanzar en ingeniería de detalle, perforación de prefactibilidad y los estudios ambientales que preceden cualquier decisión formal de construcción.
Por qué este préstamo cambia la ecuación del proyecto
Un préstamo a plazo senior no es dinero de exploración. Es capital que exige repago con prioridad sobre cualquier otro acreedor, lo que significa que los prestamistas ya corrieron sus modelos financieros, validaron la geología y llegaron a una conclusión sobre la viabilidad del proyecto. Eso tiene un peso distinto al de una ronda de capital accionario en la que el riesgo se socializa entre los nuevos inversionistas. Aquí, el riesgo lo asumieron instituciones de deuda — y dijeron que sí.
Para Los Azules, que ha pasado varios años en la fase de estudios de prefactibilidad y definición de recursos, este financiamiento resuelve el cuello de botella más frecuente en proyectos de cobre de esta escala: la brecha entre la conclusión de la prefactibilidad y el inicio de la ingeniería de factibilidad. Los proyectos que no logran cerrar ese gap financiero quedan estancados indefinidamente. Los Azules acaba de cruzar ese umbral.
El momento también importa. El precio del cobre se mantiene en niveles superiores a los US$4.50 por libra, sostenido por la demanda estructural de la transición energética y por la escasez persistente de nuevos proyectos que puedan entrar en producción antes de 2030. Cada año que pasa sin nuevas minas incrementa el déficit proyectado de cobre para la segunda mitad de la década. Los Azules, si ejecuta correctamente, podría llegar al mercado exactamente cuando ese déficit alcance su punto máximo.
Argentina vuelve al cobre después de siete años de ausencia
El cierre de la mina Alumbrera en 2018 dejó a Argentina sin producción de cobre por primera vez en décadas. Alumbrera, operada por el consorcio YMAD/UTE con participación de Glencore y Gold Fields, fue el único proyecto de cobre de escala industrial que llegó a producción en el país. Su agotamiento dejó un vacío que los proyectos en cartera han tardado en llenar, no por falta de recursos geológicos sino por las complejidades regulatorias, cambiarias y ambientales que han dilatado las decisiones de inversión.
El contexto político cambió con la administración Milei. El RIGI — Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones — ofrece estabilidad fiscal y cambiaria por 30 años, lo que directamente atiende los dos factores que más ahuyentaban al capital institucional: la incertidumbre sobre el tipo de cambio y el riesgo de modificaciones impositivas unilaterales. McEwen Copper ya había señalado públicamente su interés en acogerse al RIGI, y este cierre de financiamiento sugiere que la estructura legal del régimen fue suficientemente sólida para que los prestamistas la consideraran un mitigante de riesgo real.
San Juan, la provincia anfitriona de Los Azules, tiene experiencia minera con Veladero — el proyecto de oro y plata que Barrick Gold opera en sociedad con Shandong Gold — pero nunca ha visto un proyecto de cobre de esta magnitud. La infraestructura provincial, incluyendo acceso por altura superior a los 3,500 metros y condiciones climáticas extremas, representa uno de los desafíos operativos más complejos del pipeline latinoamericano. Sin embargo, el mismo entorno que complica la logística garantiza que el depósito permaneciera intacto y alejado de conflictos de uso de suelo que afectan a proyectos en zonas más accesibles.
El pipeline de cobre argentino y la competencia regional
Los Azules no está solo. Argentina tiene otros dos proyectos de cobre de clase mundial en distintas etapas de desarrollo: Josemaría, operado por Lundin Mining en la provincia de San Juan con recursos que superan los 10,000 millones de libras de cobre equivalente, y el proyecto MARA — antes Agua Rica — en Catamarca, que combina recursos de cobre, oro, plata y molibdeno bajo una estructura de joint venture entre Glencore y Gold Fields. Los tres proyectos representan una transformación estructural del perfil exportador argentino que, si se ejecuta en los próximos diez años, convertiría al país en un productor de cobre de primer orden.
La competencia con Chile y Perú es inevitable. Chile controla el 27% de la producción mundial de cobre y Perú aporta otro 10%, con una infraestructura minera madura, costos operativos bien documentados y relaciones institucionales consolidadas con las comunidades. Argentina llega tarde pero con una ventaja: sus depósitos son vírgenes. Las leyes de mineral en Los Azules superan en promedio a las de minas chilenas con décadas de operación, donde el proceso de dilución natural ha reducido gradualmente la rentabilidad por tonelada procesada. En términos de AISC proyectado, Los Azules tiene el potencial de ubicarse en el cuartil inferior del costo global — exactamente donde necesita estar para justificar una inversión de US$3,000 millones.
Rio Tinto como señal y como operador potencial
La presencia de Rio Tinto en la estructura accionaria de McEwen Copper no es cosmética. Rio Tinto es uno de los tres operadores de cobre más grandes del mundo, con Escondida en Chile como su activo más relevante y con una estrategia declarada de crecimiento en cobre para atender la demanda de electrificación global. Su entrada en Los Azules en 2023 trajo capital pero también trajo credibilidad técnica y, potencialmente, una ruta hacia un rol operativo en la fase de construcción y producción.
Cuando un major como Rio Tinto toma una posición en un proyecto de junior, el mercado lee dos cosas simultáneamente: que la geología es real y que existe una opción de adquisición implícita. Para McEwen Mining — que cotiza en NYSE bajo el ticker MUX y tiene a Rob McEwen como figura emblemática — la pregunta de largo plazo es si Los Azules permanecerá como proyecto independiente hasta la producción o si terminará siendo absorbido por un operador con mayor músculo financiero para ejecutar una obra de esta escala.
El préstamo de US$240 millones despeja el camino inmediato. Lo que viene después — la decisión formal de construcción, el cierre del financiamiento total, la resolución del proceso ambiental bajo la Ley de Glaciares — determinará si Los Azules se convierte en la mina que reescribe el mapa cuprífero de Sudamérica o si se suma a la larga lista de proyectos que llegaron cerca pero nunca cruzaron la línea. Por ahora, el dinero ya tomó su decisión.

