- Hito operativo: 11,000 viajes autónomos completados (56,000 km) transportando 700,000 toneladas de material sin conductor en mina Garpenberg
- Tecnología: Volvo FH autónomo con sistema de conducción virtual desarrollado internamente por Volvo Autonomous Solutions
- Escala real: No es piloto ni prueba de concepto, sino operación continua en condiciones mineras exigentes de infraestructura subterránea compleja
- Implicación global: Redefinición del estándar en automatización minera subterránea con aplicabilidad potencial a operaciones similares en Latinoamérica
Setecientas mil toneladas de relleno rocoso. Once mil viajes. Cincuenta y seis mil kilómetros recorridos sin un conductor humano al volante. Los números que Volvo Autonomous Solutions y Boliden acaban de publicar desde la mina de Garpenberg no son una prueba de concepto ni un piloto de laboratorio: son la demostración más contundente hasta ahora de que el transporte autónomo subterráneo a gran escala ya es operación real, no promesa de futuro.
- Garpenberg: el lugar donde la autonomía dejó de ser experimental
- El modelo TaaS y por qué importa más que el vehículo en sí
- Seguridad primero — y los datos lo respaldan
- La plataforma industrializada: escalabilidad real o retórica
- El norte de Europa como referente — y la brecha con el resto del mundo
- Lo que Garpenberg redefine para los próximos tres años
Garpenberg: el lugar donde la autonomía dejó de ser experimental
La mina de Garpenberg, operada por Boliden en el centro de Suecia, tiene una historia que supera los 1,000 años de actividad minera — aunque su versión moderna es un complejo de zinc, plata, plomo y cobre entre los más productivos del norte de Europa. Boliden la eligió como campo de prueba para la solución Autona/earth de Volvo Autonomous Solutions precisamente porque sus condiciones son exigentes: ciclos operativos continuos, infraestructura subterránea compleja y estándares de seguridad que no admiten fallas.
El proyecto nació del Memorando de Entendimiento firmado en 2023 entre ambas compañías. Menos de dos años después, el resultado es un hito que cambia el referente global de la automatización minera. El tractocamión Volvo FH en configuración autónoma — fabricado en la planta de Volvo Buses en Säffle, Suecia — operó bajo el sistema de conducción virtual desarrollado internamente por Volvo, transportando material de relleno rocoso en condiciones de operación real, sin intervención humana directa en cada viaje.
Lo que hace relevante este número no es solo la escala. Es que esas 700,000 toneladas equivalen, en términos operativos, a eliminar miles de horas de exposición humana en un entorno donde los riesgos van desde gases tóxicos hasta colisiones con equipo pesado en túneles de espacio reducido.
El modelo TaaS y por qué importa más que el vehículo en sí
El Volvo FH autónomo es impresionante como ingeniería. Pero el modelo comercial detrás de Autona/earth puede ser más transformador que el hardware mismo. Volvo Autonomous Solutions ofrece la solución como Transporte como Servicio — TaaS —, lo que significa que la minera no compra el camión: contrata el servicio de transporte, con Volvo encargándose de la gestión técnica, el mantenimiento y el cumplimiento regulatorio.
Este esquema resuelve uno de los obstáculos históricos para la adopción de tecnología autónoma en minería: el costo de capital inicial y la complejidad de integrar sistemas que ningún equipo interno domina completamente. Con TaaS, Boliden no necesitó construir competencia interna en conducción autónoma. Solo necesitó preparar la infraestructura de sitio y definir los parámetros operativos. Volvo hizo el resto.
Ingo Stuermer, director de Tecnología de V.A.S., fue directo al describir el logro: “Hemos demostrado que el transporte autónomo funciona a gran escala, en condiciones reales y en operaciones reales de clientes.” La frase importa porque marca el fin de una era de promesas. El benchmark ya existe. Cualquier operadora que evalúe autonomía en 2025 tendrá que medirse contra Garpenberg.
Seguridad primero — y los datos lo respaldan
La industria minera global pierde aproximadamente 1,000 trabajadores al año en accidentes fatales, según estimaciones del ICMM. Una fracción significativa ocurre en operaciones de transporte subterráneo: colisiones, vuelcos, exposición a gases. La promesa de la autonomía siempre fue sacar al operador de los escenarios de mayor riesgo. Garpenberg es la primera validación industrial a esta escala de que esa promesa se puede cumplir.
Los 11,000 viajes completados sin incidente registrado en condiciones reales de producción son el argumento más sólido que cualquier director de seguridad podría llevar a su consejo directivo. No como proyección teórica, sino como dato empírico con más de un año de operación. Para las grandes mineras escandinavas, que operan bajo estándares de seguridad entre los más exigentes del mundo, este resultado tiene peso regulatorio directo.
Suecia no es un caso aislado en esta tendencia. El país concentra algunas de las minas subterráneas más tecnificadas del planeta — LKAB en Kiruna opera con perforadoras autónomas desde hace más de una década — y funciona como laboratorio de referencia global para tecnologías que después migran a Australia, Canadá y, gradualmente, a América Latina.
La plataforma industrializada: escalabilidad real o retórica
Un detalle técnico que suele perderse en los titulares merece atención editorial: el primer Volvo FH Autonomous fue fabricado en la planta de Volvo Buses en Säffle, combinando la capacidad productiva de esa línea con la tecnología autónoma avanzada del grupo. Esto no es un dato menor. Significa que el vehículo está construido sobre una plataforma industrializada — no es un prototipo personalizado para Garpenberg.
La diferencia importa para cualquier operadora que evalúe adopción. Un prototipo único no escala. Una plataforma industrializada puede replicarse, actualizarse y soportarse con cadena de suministro estándar. Volvo Autonomous Solutions, fundada en 2020, ha tomado la decisión estratégica de no construir soluciones de nicho inaplicables fuera del cliente original. Autona/earth está diseñado para funcionar en minas y canteras con diferentes perfiles geológicos y operativos.
La pregunta que sigue abierta — y que cualquier director de operaciones en Chile, Australia o Perú se hará — es cuánto de esa escalabilidad se traduce en tiempo real de implementación. Garpenberg llevó desde la firma del MOU en 2023 hasta resultados publicables en 2025: aproximadamente dos años. Para una gran minera que quiere transformar su flota de relleno, ese plazo es aceptable. Para una operación mediana con ciclos de decisión más lentos y menor capacidad de integración técnica, el desafío es mayor.
El norte de Europa como referente — y la brecha con el resto del mundo
Suecia y sus vecinas nórdicas no compiten con América Latina ni con Australia por ser las más grandes productoras mundiales. Pero consistentemente lideran en tecnología minera aplicada. LKAB, Boliden, Sandvik, Epiroc — todas con base escandinava — generan los benchmarks que el resto de la industria eventualmente adopta con años de rezago.
El caso de Garpenberg seguirá ese patrón. Las grandes mineras de cobre en Chile o los productores de zinc en Perú observarán estos resultados, los llevarán a sus comités técnicos y comenzarán conversaciones con Volvo o con competidores directos como Caterpillar o Komatsu, que desarrollan sus propias soluciones autónomas para entornos subterráneos. El ciclo de adopción en minería de gran escala en América Latina rara vez supera los cinco años desde que una tecnología prueba madurez industrial en Europa o Australia.
La variable que dificulta la transferencia directa no es técnica: es el modelo TaaS en mercados donde la externalización de operaciones críticas genera resistencias internas, y donde la infraestructura de conectividad subterránea — necesaria para cualquier sistema autónomo — sigue siendo una barrera real en minas más antiguas o con menor inversión tecnológica acumulada.
Lo que Garpenberg redefine para los próximos tres años
Boliden y Volvo no publicaron este hito para hacer relaciones públicas. Lo publicaron porque cambia la conversación competitiva. A partir de ahora, cualquier propuesta de automatización de transporte subterráneo que no pueda mostrar un track record comparable — en tonelaje transportado, kilómetros recorridos, viajes completados — enfrentará una comparación directa con los números de Garpenberg.
El dato que lo resume: 56,000 kilómetros autónomos en condiciones reales de producción minera. Esa cifra ya es el nuevo piso de credibilidad para cualquier solución que aspire a entrar en el mercado global de automatización subterránea. El siguiente umbral que la industria mirará — y que Boliden y Volvo probablemente estén calculando — es el millón de toneladas. Cuando ese número llegue, el debate ya no será si la autonomía subterránea funciona. Será por qué no todas las minas la tienen.

