Taseko Mines anunció la cosecha de sus primeros cátodos de cobre en Florence Copper, su operación en Arizona. La empresa ligó el hecho con el arranque de una nueva fuente de cobre doméstico, tras años sin proyectos totalmente nuevos en Estados Unidos.
El dato importa por dos razones inmediatas. La primera: la compañía afirma que Florence marca la primera producción de cobre desde una instalación greenfield en Estados Unidos desde 2008. La segunda: la operación apunta a una escala industrial que, en régimen, la colocaría entre los principales productores de cátodos del país.
Taseko informó que activó a finales de febrero su planta de electroobtención y dio inicio a la producción. Días después, el equipo recuperó los primeros cátodos, el producto final que demandan múltiples cadenas manufactureras.
La empresa proyecta una capacidad nominal de 85 millones de libras anuales de cobre grado A LME. Ese volumen equivale a cerca de 38,6 mil toneladas métricas por año, si la planta sostiene ese ritmo.
Taseko también comunicó una expectativa mínima de 1.5 mil millones de libras a lo largo de 22 años. En unidades métricas, el plan ronda 680 mil toneladas, siempre bajo las premisas técnicas y regulatorias del proyecto.
La compañía añadió un mensaje político e industrial que vale leer con atención. Aseguró que todo el metal producido en Florence permanecerá en Estados Unidos, con destino a manufactura nacional. Ese enfoque busca reducir dependencia de importaciones, en un mercado que discute seguridad de suministro.
Un proyecto nuevo en un mercado que no crece al ritmo de la demanda
El Servicio Geológico de Estados Unidos reportó que la producción minera recuperable del país rondó 1.0 millón de toneladas de cobre contenido en 2025. La cifra cayó 5% frente a 2024, con Arizona como líder y cerca de 70% del volumen nacional.
El mismo reporte ofrece otra señal contundente. La “dependencia neta de importación” alcanzó 57% del consumo aparente en 2025, un salto que refleja presiones industriales y comerciales.
Las importaciones de cobre refinado para consumo escalaron a 1.7 millones de toneladas en 2025, según USGS. Chile dominó como proveedor, seguido por Canadá, Perú y México, un detalle que conecta directo con América del Norte.
Cuando la estadística muestra ese tamaño de entradas, cada tonelada nueva pesa más en el debate. No resuelve el balance por sí sola, pero sí reduce presión en una parte específica del suministro, la del cátodo refinado.
Además, USGS incorporó al cobre en la Lista de Minerales Críticos de 2025, publicada en el Federal Register. Ese movimiento elevó el metal a una categoría que suele acelerar discusiones sobre permisos, inversión y cadenas industriales.
En ese marco, Florence aparece como una pieza útil para la estrategia estadounidense. ¿Cuánto puede aportar un solo proyecto frente a un mercado que importó 1.7 millones de toneladas refinadas en un año? Aporta, sobre todo, señal y aprendizaje operativo.
La tecnología in situ y el argumento ambiental
Florence opera con recuperación de cobre in situ, una modalidad distinta a la minería a cielo abierto y a la subterránea clásica. En vez de remover grandes volúmenes de roca, el proceso inyecta una solución para disolver el cobre y luego lo recupera en superficie.
El esquema regulatorio describe el lixiviante con una mezcla aproximada de 99.5% agua y 0.5% ácido sulfúrico. El sistema envía la solución a una planta SX/EW, donde la operación extrae el metal y recircula la solución empobrecida.
En términos industriales, SX/EW produce cátodos con pureza comercial alta, y la electroobtención permite fabricar placas listas para fundición secundaria o consumo directo. En términos ambientales, la promesa apunta a menor huella superficial, sin presas de jales tradicionales.
Taseko afirmó que Florence constituye el primer sitio greenfield del mundo que emplea ISCR, y subrayó ventajas ambientales. Conviene tomar la frase con la cautela habitual y, al mismo tiempo, reconocer el cambio tecnológico que representa.
La propia documentación estatal da pistas sobre la escala física del sistema. El proyecto ocupa alrededor de 1,342 acres y desarrolla el campo de pozos por etapas, con cerca de 462 pozos de inyección y recuperación en operación o en enjuague.
El documento también ubica la zona de inyección entre unas 450 y 1,400 pies de profundidad. Ese rango vuelve central el control hidrogeológico, el monitoreo y los límites operativos que marque el permiso.
Permisos, control y el punto sensible: el agua
La recuperación in situ siempre obliga a responder la misma pregunta: ¿cómo protege la operación los acuíferos y la calidad del agua? En Arizona, el proyecto se mueve bajo permisos UIC de Clase III, que regulan la inyección asociada a minería por solución.
La EPA reportó que Arizona recibió “primacy” para el programa UIC el 15 de octubre de 2025. Después, la autoridad estatal reemitió el permiso UIC de Florence en enero de 2026, con requisitos vinculados a compromisos patrimoniales y planes de tratamiento.
Ese detalle importa para leer el momento del arranque. La operación llega a la producción comercial tras un trayecto largo de pruebas, ajustes técnicos y una ruta de permisos que se volvió parte del debate público local. Taseko también habló de construcción en tiempo y presupuesto, una frase que el mercado suele premiar.
En el balance, la minería in situ ofrece un argumento atractivo para regiones con presión social por el uso del territorio. Pero el mismo enfoque exige disciplina operativa diaria, porque el control del fluido no admite improvisaciones. Ese será, probablemente, el verdadero examen de Florence.
Qué significa para Norteamérica, y por qué México debe mirar el caso
Estados Unidos reconoce a México como proveedor relevante de cobre refinado y, sobre todo, de chatarra con contenido de cobre. USGS atribuyó a México 6% de las importaciones de cobre refinado y 43% del cobre contenido en importaciones de scrap durante 2021–2024.
Ese flujo no se detiene por un proyecto nuevo, pero sí cambia el tono de la conversación industrial. Cuando Washington impulsa abastecimiento doméstico, el mensaje llega a todo el corredor manufacturero, desde el Sun Belt hasta el Bajío mexicano.
Para México, el caso Florence deja una lección práctica. La región comparte cadenas de valor en automotriz, electrónica y equipo eléctrico, sectores que consumen cobre de forma intensiva, según la propia segmentación de uso que recoge USGS.
También deja una lección tecnológica. La recuperación por solución, bien controlada, puede reducir ciertas huellas visibles y acelerar rampas de producción en óxidos, aunque no aplica a todos los depósitos. En otras palabras, no reemplaza a Cananea ni a los grandes sulfuros, pero sí amplía el menú.
Un impulso a la oferta que no elimina las tensiones del mercado
Los bancos y analistas han descrito déficits de oferta y una demanda empujada por electrificación, redes y centros de datos. Reuters citó previsiones de déficit y proyecciones de precios más altos, ligadas a disrupciones y a consumo industrial.
Con ese telón de fondo, cada proyecto nuevo que entrega metal en forma de cátodo añade flexibilidad. Florence no compite en el mismo carril que un gran concentrador con fundición integrada. Florence compite donde el mercado valora pureza, logística y rapidez.
A mí me parece que la señal más importante del anuncio no reside solo en el primer cátodo. La señal real está en la validación industrial de una tecnología que, si funciona sin incidentes, puede destrabar más proyectos con menor conflicto territorial.
Ese “si” no resulta retórico. El historial de la minería por solución en el mundo muestra éxitos robustos y episodios costosos, casi siempre asociados a control del sistema y a gobernanza ambiental. Florence tendrá que demostrar consistencia operativa y transparencia regulatoria.
Por ahora, el anuncio coloca a Taseko en la conversación grande del cobre norteamericano. Y coloca a Arizona otra vez en el centro del mapa, justo cuando USGS reconoce que el país produce menos cobre y depende más de importaciones.

