McEwen trazó una nueva ruta para Tartan, en Manitoba, al publicar un recurso mineral de 611,600 onzas de oro. La nueva estimación reúne 308,900 onzas indicadas y 302,700 inferidas. La compañía además perfila un reinicio con 30,000 onzas anuales. También ve espacio para crecer hasta 45,000 o 55,000 onzas si eleva la planta de 500 a 1,000 toneladas por día.
El proyecto queda a unos 12 kilómetros al noreste de Flin Flon, dentro del cinturón de rocas verdes de Flin Flon. Tartan ya produjo cerca de 47,000 onzas entre 1987 y 1989. Cerró por la caída del precio del oro y por problemas mecánicos. Ese pasado productivo hoy pesa tanto como el nuevo inventario.
McEwen completó la compra de Canadian Gold el 5 de enero de 2026. Desde ese momento empujó exploración, ingeniería del plan minero y trabajo de permisos para reactivar la operación. El recurso anunciado ahora funciona como la primera base técnica de esa hoja de ruta. También confirma que la adquisición no buscó sólo hectáreas, sino un activo con infraestructura y una ruta de reinicio relativamente clara.
Un recurso con peso técnico
La estimación lleva fecha efectiva del 31 de diciembre de 2025 y sigue los estándares CIM y NI 43-101. En la categoría indicada, Tartan suma 2.619 millones de toneladas con 3.67 g/t de oro. En inferida, agrega 2.833 millones de toneladas con 3.32 g/t. McEwen calculó el modelo con un precio de US$3,000 por onza, un corte subterráneo de 1.35 g/t y una recuperación metalúrgica de 90%.
Conviene separar entusiasmo de precisión técnica. Un recurso mineral no equivale a una reserva. La propia nota técnica recuerda que los recursos no demuestran viabilidad económica por sí mismos. Por eso la empresa mantiene pruebas metalúrgicas, planeación subterránea y revisión de licencias antes de hablar de una vuelta plena a producción.
Además, no todas las onzas pesan igual desde el punto de vista técnico. Bajo los estándares CIM, un recurso indicado ofrece más confianza geológica que uno inferido. El inferido puede crecer o mejorar con más perforación, pero no puede saltar directo a reserva. Esa diferencia explica por qué McEwen sigue taladrando y evita vender, por ahora, una historia de producción acelerada sin más trabajo de campo.
Qué cambia frente a 2017
La comparación con 2017 exige cuidado. McEwen no puede equiparar ambos modelos de forma directa porque cambió el corte y la metodología. Aun así, presentó un ejercicio con el mismo corte de 3.0 g/t. Ahí, el recurso indicado marca 234,700 onzas y el inferido sube a 209,500. En 2017, esas cifras eran 240,000 y 37,000 onzas.
La lectura más útil sale de ese contraste ajustado. El indicado prácticamente se sostiene. El salto real aparece en la categoría inferida. Eso sugiere que el proyecto no sólo conservó volumen histórico. También amplió la envolvente geológica sobre la que McEwen puede trabajar durante los próximos programas de perforación. Para una mina subterránea, esa ampliación importa mucho más que un titular ruidoso.
La señal más fuerte no está sólo en la foto actual. Está en el espacio que todavía dejan las perforaciones. McEwen apartó US$6 millones para taladros en 2026. Los barrenos sobre los límites del recurso reportan intersecciones como 7.5 g/t en 18.9 metros, 12.3 g/t en 14 metros y 4.2 g/t en 53.7 metros. Esos resultados mantienen abierta la puerta para crecer sobre flancos y a profundidad.
El avance más interesante aparece en el flanco occidental. La empresa reportó que la zona principal se ensancha con la profundidad. El largo en rumbo pasó de unos 100 metros cerca de superficie a cerca de 150 metros en profundidad. Además, la mineralización avanzó unos 30 metros hacia el oeste en un tramo vertical de 80 metros. Esa geometría puede ayudar a sumar onzas por metro vertical y a ganar escala en una futura reactivación.
Por qué Tartan importa para Manitoba
Tartan importa porque no parte de cero. El activo conserva planta de proceso cercana a 450 o 500 toneladas diarias, infraestructura de superficie y una rampa que accede a bloques desarrollados hasta 320 metros de profundidad. El proyecto además tiene acceso por carretera desde Flin Flon y conexión a la red eléctrica. En minería, ese paquete sugiere un camino menos intensivo en capital que un desarrollo totalmente nuevo.
Esa ventaja brownfield no suele abundar en proyectos auríferos jóvenes. Tartan ya cuenta con una historia operativa, accesos y energía. La antigua dueña además identificó 15 blancos geofísicos históricos fuera del depósito central. Por eso el caso de inversión no depende sólo del recurso actual. También depende de la posibilidad de sumar mineral cerca de una infraestructura que ya existe.
El contexto geológico también juega a favor. Manitoba describe al cinturón de Flin Flon como uno de los grandes distritos de sulfuros masivos del mundo. Al mismo tiempo, reconoce que alberga depósitos auríferos orogénicos relevantes a lo largo de más de 150 kilómetros en la provincia. Tartan, por eso, aporta una veta distinta dentro de un distrito que muchos asocian primero con metales base.
El área del proyecto además descansa sobre un corredor estructural atractivo. Canadian Gold describió un complejo de cizalla este-oeste que atraviesa más de 10 kilómetros del paquete de concesiones. En ese corredor aparecen vetas de cuarzo y carbonato asociadas al oro. Esa geología ayuda a explicar por qué McEwen sigue mirando objetivos cercanos a la mina y blancos regionales.
El proyecto tampoco avanza en un vacío político. En 2025, el Manitoba Mineral Development Fund incluyó a Tartan entre las iniciativas apoyadas para exploración y expansión en la región de Flin Flon. Ese respaldo no reemplaza permisos ni metalurgia. Sí confirma que la provincia quiere mantener actividad y gasto minero en su corredor del norte.
Lo que todavía debe probar
Aquí aparece un punto que merece atención. McEwen no vende Tartan sólo como una historia de onzas. La empresa también revisa tecnologías de recuperación sin cianuro y busca operar, primero, dentro de la autorización existente de 500 toneladas diarias. Ese enfoque importa. Si avanza, podría abrir la puerta a un reinicio con una huella inicial más contenida que la de un proyecto greenfield.
Ese matiz ayuda a poner la noticia en su justa dimensión. La minería gana tracción cuando combina ley, infraestructura y disciplina técnica. Tartan hoy ofrece justamente esa mezcla. Tiene ley suficiente para llamar la atención. Tiene obras heredadas que pueden acortar plazos. Y tiene una empresa dispuesta a gastar en perforación para convertir potencial geológico en toneladas más confiables.
Para McEwen, Tartan encaja en una meta mayor. La compañía quiere duplicar su producción y moverse hacia un rango de 250,000 a 300,000 onzas anuales para 2030. El activo de Manitoba todavía debe convertir más material a categorías de mayor confianza. También debe probar metalurgia y permisos. Pero ya dejó de ser una promesa difusa y pasó a ser un proyecto con escala, ley y una ruta de reinicio visible.

