El oro volvió a colocarse por encima de los 5,000 dólares por onza este viernes, en una sesión marcada por política comercial, datos débiles de crecimiento y un dólar más flojo. El mercado reaccionó a un golpe judicial de alto calibre contra el esquema de aranceles globales del presidente Donald Trump, y al mismo tiempo empezó a descontar cómo responderá la Casa Blanca. ¿La señal de fondo? La incertidumbre no se disipó; cambió de forma.
En operaciones de la tarde, el oro al contado subió alrededor de 1.5% hasta 5,071.48 dólares la onza, mientras los futuros en Estados Unidos cerraron cerca de 5,080.90 dólares. La fuerza del movimiento no quedó aislada en el metal amarillo. La plata avanzó con mayor brío y rondó 82.92 dólares, y el platino y el paladio también ganaron terreno en la misma jornada.
El detonante político llegó desde Washington. La Corte Suprema anuló la base legal que Trump usó para imponer aranceles generalizados bajo la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional, conocida como IEEPA. El fallo, por 6-3 y con John Roberts como autor, sostuvo que esa ley no otorga al presidente el poder de imponer gravámenes de esta magnitud.
El caso consolidó una discusión que llevaba meses calentando a empresas, estados y socios comerciales. La controversia abarcó recargos que golpearon a casi todos los socios comerciales, y también medidas vinculadas a Canadá, México y China. La síntesis del litigio muestra que Trump aplicó un 25% a buena parte de importaciones canadienses y mexicanas, y 10% a importaciones chinas, además de un piso global de 10% con tasas mayores para decenas de países.
El mercado leyó el fallo como una pausa forzada, no como un giro definitivo. Trump respondió con irritación y, en paralelo, anunció “alternativas” para mantener presión comercial. El punto clave para los inversionistas no fue el enojo político, sino la promesa de un nuevo arancel global de 10% bajo otra autoridad.
Ahí entra el matiz que explica por qué el oro subió en lugar de bajar. Un fallo judicial que reduce aranceles podría sonar “positivo” para el riesgo y para el crecimiento. Sin embargo, la reacción inmediata del gobierno apuntó a un nuevo esquema temporal, con plazos y herramientas distintas, que puede reabrir el toma y daca con socios y empresas. Eso mantiene viva la cobertura con refugios como el oro.
La ruta alternativa que ya circula en Washington lleva nombre y apellido: la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974. Esa vía permite aranceles de hasta 15% por un periodo limitado, típicamente 150 días, salvo extensión del Congreso. El propio aparato comercial de Estados Unidos también habló de nuevas investigaciones bajo la Sección 301, un proceso más largo que suele terminar en medidas contra prácticas “injustas”.
Este giro legal también abrió otra caja: la de los reembolsos. Miles de importadores pagaron esos aranceles durante 2025 y ahora preguntan quién devuelve el dinero, cuándo y con qué procedimiento. Un análisis del Budget Lab de Yale estimó que la recaudación ligada a aranceles bajo IEEPA en 2025 rondó 142,000 millones de dólares, y el propio debate público ya reconoce un monto de gran escala. Reuters también citó estimaciones superiores de otros modelos presupuestales.
Esa discusión importa para el oro por un canal que pocos miran a primera vista: las finanzas públicas. Si el gobierno enfrenta devoluciones masivas, el mercado puede exigir una prima mayor por riesgo fiscal, justo cuando la economía muestra señales de enfriamiento. En otras palabras, la narrativa deja de ser sólo “aranceles sí o no” y se convierte en “aranceles, litigios y cuentas por pagar”.
El otro motor del rally llegó por el lado macro. El PIB de Estados Unidos desaceleró con fuerza en el cuarto trimestre y quedó muy por debajo de lo que esperaba el consenso. Al mismo tiempo, el indicador de inflación preferido por la Reserva Federal subió más de lo previsto en diciembre, un cóctel que revive el miedo a crecimiento débil con inflación pegajosa. En ese ambiente, el oro suele ganar tracción.
Los operadores también mantuvieron apuestas de recortes de tasa durante el año, con un primer movimiento hacia mitad de 2026, según expectativas recogidas por Reuters. Tasas más bajas, o incluso sólo la expectativa, suelen reducir el costo de oportunidad de sostener metales que no pagan rendimiento. Por eso el oro puede subir incluso cuando las acciones celebran, si el mercado percibe fragilidad económica.
México aparece en el mapa por razones directas y por razones mineras. Directas, porque los aranceles anulados incluyeron medidas que tocaron importaciones desde México bajo el argumento de emergencia. Indirectas, porque cualquier reconfiguración de comercio en Norteamérica impacta cadenas industriales donde circulan acero, cobre, plata y componentes de equipos mineros. La decisión judicial reduce un frente de presión, pero el anuncio de un nuevo arancel temporal mantiene el tema vivo.
En el frente minero, un oro arriba de 5,000 dólares cambia conversaciones internas en compañías y en comunidades. Mejora ingresos por onza y amplía márgenes, sobre todo en operaciones con costos contenidos y leyes estables. También vuelve rentables zonas marginales y acelera decisiones de exploración. Eso suele traducirse en más perforación, más contratos y más empleo especializado, si los permisos y la relación social acompañan.
Ahora bien, el alza del oro no elimina riesgos operativos. Un entorno de aranceles cambiantes puede encarecer maquinaria, refacciones y consumibles, o retrasar entregas. También puede elevar costos logísticos y financieros, sobre todo si la volatilidad pega al tipo de cambio. El resultado neto puede variar por empresa, pero el incentivo para producir y optimizar nunca ha estado tan claro.
Mi valoración es que el mercado está premiando dos cosas a la vez. Premia el freno institucional a un esquema de aranceles sin límites claros. Y premia la idea de que la política comercial seguirá como herramienta central, aunque cambie de fundamento legal. En ese intermedio, el oro funciona como seguro, y el sector minero aurífero recoge parte de ese apetito.
También hay una lectura industrial que conviene subrayar. La plata no subió por casualidad y el propio mercado la trató como “metal monetario” y “metal industrial” al mismo tiempo. México lidera la producción minera de plata en el mundo, con alrededor de 6,300 toneladas estimadas para 2024, según el Servicio Geológico de Estados Unidos. Ese dato ayuda a entender por qué los movimientos en precios internacionales se sienten tan rápido en el radar mexicano.
Con todo, el mensaje para las próximas semanas suena más a gestión de riesgo que a apuesta direccional simple. Los inversionistas mirarán cada palabra de la Casa Blanca sobre Sección 122 y cada señal sobre investigaciones 301. También vigilarán el camino de los reembolsos y su impacto fiscal. En ese tablero, el oro mantiene un asiento preferente, y la minería aurífera queda en posición de capturar valor, siempre que sostenga licencia social y disciplina de costos.

